San Martín acertó, Perón se equivocó
La forma en que los Kirchner manejan el poder ha dividido a la sociedad argentina. La desunión marca la hora actual por la ausencia de una política de consensos. Por Juan Manuel Asis - Redacción LA GACETA.
10 Julio 2008 Seguir en 
"En el fermento horrendo de pasiones existentes, choques de partidos indestructibles y mezquinas rivalidades, no solamente provinciales, sino de pueblo en pueblo, ¿podemos constituirnos en Nación?"Si bien el concepto y la pregunta se ajustan a la realidad argentina no pertenecen a un analista político contemporáneo, sino que corresponden a una carta fechada el 24 de mayo de 1816. La misiva fue enviada al diputado Tomás Godoy Cruz (Mendoza) por José de San Martín. La pregunta del prócer adquiere gran actualidad -por un capricho intelectual- si se observa lo que está sucediendo en el país: divisiones en todos los sectores sociales por obra y gracia del matrimonio Kirchner, con una sensación peligrosa de estancamiento generalizado. Corriendo el riesgo de asumir errores de apreciación dados los dos siglos que han pasado, hay un par de ideas en la carta del Libertador que merecen destacarse para aprovecharlas hoy: "faltan jefes" y "nuestra desunión son las causales". Nada mejor que hacerlo en la fecha patria, cuando la política se cuela por la ventana y desnaturaliza siempre la evocación de la gesta de la independencia. Bien se menciona que Cristina y Néstor Kirchner, en su rol es de jefes (institucional y político, respectivamente), no han leído el manual de conducción política del peronismo, y que esa falencia provocaría parte de los errores que han cometido y que han fragmentado a la sociedad.
Hasta se puede decir que los santacruceños han hecho lo posible para evitar la concreción de aquel viejo apotegma de su líder: "el 2000 nos encontrará unidos o dominados". ¿Fallaron los Kirchner o se equivocó Perón? Lo cierto es que en la primera década del siglo XXI los argentinos no están unidos ni dominados; están desunidos, y enfrentados. Basta hacer una rápida mirada: campo versus ciudad, presidenta versus vicepresidente, oligarcas versus montoneros, radicales versus radicales "K", peronistas versus kirchneristas, Moyano versus Barrionuevo, gobernadores justicialistas versus Nación, CGT versus CTA, intendentes ruralistas versus gobernadores kichneristas. En los últimos días se habló una reedición a nivel presidencial de Kramer versus Kramer, donde la criatura de la pelea sería el poder. En fin, por culpa de los Kirchner se equivocó Perón. La Iglesia aportó su reflexión para cerrar la ecuación: "el espíritu de concordia, de consenso, es un bien común que nadie puede poner en peligro por ninguna clase de intereses, aunque parezcan legítimos".
Los hechos muestran que este 9 de Julio no sirvió para unir, tal como aconteció hace 192 años, sino para seguir marcando diferencias entre los principales actores nacionales. La Presidenta rindió homenaje a Juan Valdez, el taficeño fallecido, pero de todos modos, pronunció su discurso. ¿Qué era aquello tan importante que tenía para decir? Y con tanta celeridad, ya que mostró más preocupada por regresar que por quedarse unos minutos más. En un momento de su discurso pareció reconocer tácitamente su debilidad institucional al señalar que cuando se vota a un hombre o a una mujer el ciudadano elige el perfil de país que quiere. El tono era de "hay que respetar" la decisión del soberano y la dirección del mensaje era hacia los que se oponen a la línea política nacional. Luego se fue. Vaya una anécdota histórica para pensar: la Presidenta abandonó Tucumán casi a la misma hora en que, hace 192 años, comenzaba a sesionar el congreso que terminaría firmando la independencia. Parafraseando a San Martín, en su intercambio epistolar con Godoy Cruz allá por 1816; tal vez sea mil veces más fácil obtener consensos y dialogar que soplar y hacer botellas.







