08 Julio 2008 Seguir en 
Una de las definiciones de la palabra intolerancia es la incapacidad de aceptar los puntos de vista de otras personas. Según el Diccionario de Filosofía, de José Ferrater Mora, se trata de intolerancia cualquier actitud irrespetuosa hacia las opiniones o características diferentes de las propias. En el plano de las ideas, por ejemplo, se caracteriza por la perseverancia en la propia opinión, a pesar de las razones que se puedan esgrimir contra ella. Supone, por tanto, cierta dureza y rigidez en el mantenimiento de las propias ideas o características, que se tienen como absolutas e inquebrantables. Una extensión de la intolerancia es el escrache. Según el “Diccionario del habla de los argentinos”, el escrache es una denuncia popular en contra de personas acusadas de violaciones a los derechos humanos o de corrupción, que se realiza mediante actos tales como sentadas, cánticos o pintadas, frente a su domicilio particular o en lugares públicos.
En el marco del largo conflicto que mantienen el Gobierno y los ruralistas por la Resolución 125 y tras la sesión de la Cámara de Diputados de la Nación, se produjeron en Tucumán hechos bochornosos que trascendieron a todo el país. En la noche del sábado, agricultores, disconformes con el desempeño de los legisladores oficialistas, fueron a esperarlos en el aeropuerto Benjamín Matienzo para “escracharlos”, y portaban carteles con leyendas carteles muy ofensivas. Los productores se enfrentaron con los partidarios de un diputado nacional, y se produjo una gresca que terminó con un ruralista internado, su esposa golpeada y fotoperiodistas -dos de LA GACETA- agredidos. Pero las manifestaciones violentas no se detuvieron allí. Los productores se dirigieron al domicilio de un diputado nacional y ex presidente de la Corte Suprema de Justicia, contra el cual lanzaron huevos y piedras, y también atacaron un negocio perteneciente a la esposa de otro diputado, en 25 de Mayo al 400. Lejos de calmarse los ánimos, el domingo un grupo de ruralistas realizó otro escrache a las puertas del country de Yerba Buena donde vive este último legislador.
Creemos con convicción que es necesario erradicar en forma definitiva la cultura del escrache, no sólo a causa de estos incidentes, sino también de los que se han registrado anteriormente en este ya extenso conflicto y que han tenido como protagonistas a dirigentes como Luis D’Elía y Jorge Ceballos. Tampoco es admisible la acción de grupos que operan en Tucumán como guardias privadas de diputados nacionales. La confrontación, la intolerancia y la violencia son expresiones propias de espíritus antidemocráticos porque reflejan incapacidad para entender y aceptar a quien no piensa como uno. En un Estado republicano, el individuo debe respetar las instituciones, al igual que quienes nos representan y nos gobiernan. Los reclamos deben dirimirse en los estrados correspondientes y no intentar resolverlos por mano propia o haciendo uso de la amenaza ni de la violencia, que son conductas propias del fascismo. Las polémicas retenciones móviles, propuestas en la Resolución 125, deben ser consideradas ahora por el Senado, y en caso de que la decisión fuese desfavorable para el sector insatisfecho, queda la instancia de la Corte Suprema de Justicia.
Los métodos coercitivos no llevan a ninguna parte. La violencia atrae violencia. Es necesario serenar los ánimos, y apelar a la racionalidad y a la cordura. Aprendamos a debatir, a confrontar ideas y a ceder, como sucede en toda negociación. Es hora de que alcancemos la madurez que nos permita crecer. Cuando ello ocurra no se necesitará la fuerza para imponer un criterio sobre los demás.
En el marco del largo conflicto que mantienen el Gobierno y los ruralistas por la Resolución 125 y tras la sesión de la Cámara de Diputados de la Nación, se produjeron en Tucumán hechos bochornosos que trascendieron a todo el país. En la noche del sábado, agricultores, disconformes con el desempeño de los legisladores oficialistas, fueron a esperarlos en el aeropuerto Benjamín Matienzo para “escracharlos”, y portaban carteles con leyendas carteles muy ofensivas. Los productores se enfrentaron con los partidarios de un diputado nacional, y se produjo una gresca que terminó con un ruralista internado, su esposa golpeada y fotoperiodistas -dos de LA GACETA- agredidos. Pero las manifestaciones violentas no se detuvieron allí. Los productores se dirigieron al domicilio de un diputado nacional y ex presidente de la Corte Suprema de Justicia, contra el cual lanzaron huevos y piedras, y también atacaron un negocio perteneciente a la esposa de otro diputado, en 25 de Mayo al 400. Lejos de calmarse los ánimos, el domingo un grupo de ruralistas realizó otro escrache a las puertas del country de Yerba Buena donde vive este último legislador.
Creemos con convicción que es necesario erradicar en forma definitiva la cultura del escrache, no sólo a causa de estos incidentes, sino también de los que se han registrado anteriormente en este ya extenso conflicto y que han tenido como protagonistas a dirigentes como Luis D’Elía y Jorge Ceballos. Tampoco es admisible la acción de grupos que operan en Tucumán como guardias privadas de diputados nacionales. La confrontación, la intolerancia y la violencia son expresiones propias de espíritus antidemocráticos porque reflejan incapacidad para entender y aceptar a quien no piensa como uno. En un Estado republicano, el individuo debe respetar las instituciones, al igual que quienes nos representan y nos gobiernan. Los reclamos deben dirimirse en los estrados correspondientes y no intentar resolverlos por mano propia o haciendo uso de la amenaza ni de la violencia, que son conductas propias del fascismo. Las polémicas retenciones móviles, propuestas en la Resolución 125, deben ser consideradas ahora por el Senado, y en caso de que la decisión fuese desfavorable para el sector insatisfecho, queda la instancia de la Corte Suprema de Justicia.
Los métodos coercitivos no llevan a ninguna parte. La violencia atrae violencia. Es necesario serenar los ánimos, y apelar a la racionalidad y a la cordura. Aprendamos a debatir, a confrontar ideas y a ceder, como sucede en toda negociación. Es hora de que alcancemos la madurez que nos permita crecer. Cuando ello ocurra no se necesitará la fuerza para imponer un criterio sobre los demás.







