Siguen los desaciertos de la dirigencia azucarera
La economía se resiente por los tropiezos en el sector que elabora el 60% del azúcar del país. Pese a los acuerdos y a los propósitos, el precio del producto sigue por el piso. Por Fernando García Soto - Redacción LA GACETA.
07 Julio 2008 Seguir en 
Hermético, inescrutable, sólo para elegidos. Así es el mundo de los industriales azucareros argentinos, aquellos que conducen los destinos de la principal actividad productiva de la provincia, encargada de dar de comer a miles de cañeros, a miles de obreros y empleados, y que aporta a toda una economía circundante. Si de ellos dependiera, nada de lo que planean o realizan debería ser investigado, cuestionado ni publicitado, aun cuando sus decisiones afecten el bienestar de gran parte de los tucumanos. En el último año, demostraron que pueden ser sectarios, mezquinos y bastante ineficientes. En la zafra 2007, cuando se registró un período de heladas de las más intensas de la historia de la provincia, que provocaron que la producción de azúcar se reduzca nada menos que en 400.000 toneladas en función de las previsiones formuladas al inicio de la campaña, la caña que se molió primero fue la de los dueños de los ingenios o la de sus amigos. La materia prima de los cañeros -en especial la de los más pequeños- quedó para el final, lo que, en función de la intensidad del fenómeno meteorológico -más de 50 horas de temperaturas inferiores al cero grado centígrado-, fue como un certificado de muerte para esos cultivos. Perdieron de ganar mucho dinero los productores por las heladas y por el manejo discrecional que los ingenios hicieron de la molienda.
Igualmente, la producción de azúcar superó la demanda interna, como ocurre a menudo, porque no se exportaron las cantidades que hubieran sido necesarias para mantener equilibrado el mercado nacional, debido a que los valores externos no fueron alentadores. Curioso este dato, puesto que la industria se había comprometido a exportar para que el precio del azúcar sea rentable en la plaza interna, e incluso les retuvieron azúcares a los cañeros con este propósito. En definitiva, no sólo hubo un desajuste entre la oferta y la demanda del producto, sino que una empresa líder del sector realizó importaciones de azúcar que vinieron a engrosar los stocks argentinos, ya demasiado altos.
Golpeados por las heladas y con precios no acordes con las expectativas, a fines de la campaña pasada los cañeros comenzaron a expresar su disconformidad con el manejo de la actividad que realizan los industriales. El centro de los reclamos era que los $ 62 por bolsa de 50 kilos que cobraban no alcanzaban para hacer frente a los crecientes costos de la actividad.
El acuerdo
Previo al inicio de la zafra actual la dirigencia industrial azucarera de Tucumán tuvo que salir a hacer frente a la presión de los productores, que se quejaban cada vez más por efecto de la baja o nula rentabilidad de la que eran objeto, e improvisó la firma de un acuerdo de exportación de excedentes. Según se desprende de los resultados de tal iniciativa, el objetivo del convenio era acallar las voces de protesta y ganar tiempo para ir buscando salidas a la crisis "sobre el pucho", como suelen hacerse las cosas en el sector. Pero resulta difícil controlar la oferta del producto ahora, cuando los ingenios muelen en plenitud y si no hay créditos para financiar los gastos de los industriales y de los cañeros, que no tienen otra salida que vender azúcar para poder afrontar sus costos. Frente a la desesperación de los más débiles, hacen su agosto los tan cuestionados intermediarios que operan en el sector, o sea aquellos contratistas que proveen de mano de obra barata y en negro a productores e industriales, generalmente para llevar a cabo tareas en los surcos, y los compradores de caña, que tiran para abajo el precio a fin de obtener un mayor rédito en sus operaciones. Ambos grupos, que en ocasiones se fusionan y se transforman en uno solo, que cosecha barato y paga poco por la caña, subsisten por la connivencia que logran tanto con los industriales como con los cañeros, que demandan sus productos y sus servicios. Hasta Fotia vio resentidos sus ingresos sindicales a causa de la informalidad de estos actores. La crisis avanza como una bola de nieve incontenible, en gran medida porque el problema parece estar originado en el seno mismo del sector.
Superar este mal momento en la actividad no será fácil. Aún cuando Tucumán concentra el 60% de la producción nacional de azúcar y siendo que la principal empresa elaboradora del endulzante en el país -Atanor- opera en nuestra provincia, las decisiones en materia azucarera son tomadas en Buenos Aires, por representantes de los ingenios de Jujuy y Salta. Sucede que la azucarera es una actividad subsidiaria para Atanor, cuyo principal propósito es la producción de agroquímicos. Otros grupos tucumanos mantienen estrechos lazos contractuales para comercializar el producto con los ingenios del "norte", lo que los hace fuertemente dependientes de las determinaciones de estos. Los industriales que quedan, en cualquier caso, tienen un peso específico demasiado bajo como para imponer políticas azucareras. El resultado es que hoy se paga $ 60 por bolsa de 50 kilos a los cañeros.
A medida que crece el malestar en toda la actividad, los industriales siguen "planificando" subas en el precio del azúcar, con estrategias que van desde solicitar permiso al Gobierno nacional para que mejore el valor en góndola del producto -lo cual no tiene sentido si la oferta supera a la demanda-, o pedir que el Banco Nación haga punta con una oferta de financiamiento para warrants, pese a que las entidades optaron por retraerse ante la actual incertidumbre económica. Otra alternativa en carpeta es que el Gobierno provincial intervenga de alguna forma para conseguir algo del Estado nacional, que seguramente no mejorará los precios internos del azúcar, porque el mercado ya demostró que no compra medidas ficticias. Mientras estas cosas suceden puertas adentro de las oficinas de los azucareros, la economía de todos los tucumanos se resiente por los tropiezos de esta actividad.







