La importancia de las cocinas comunitarias

06 Julio 2008
Durante su intervención en la Cumbre de Jefes de Estado del Mercosur que se desarrolló en San Miguel de Tucumán, la mandataria chilena, Michelle Bachelet, señaló que le preocupaba el tema de la escasez de alimentos porque afecta la pobreza y amenaza la lucha contra la desnutrición. La presidenta manifestó que en América Latina aún quedan 9 millones de niños desnutridos;“esa es una realidad que no puede seguir existiendo. Tenemos que enfrentarla: afecta a la gente más pobre y más vulnerable”, agregó. “Nuestros niños, jóvenes, adultos y mayores no pueden sufrir las secuelas de la pobreza”, acotó.
Luego de la debacle económica de 2001-2002, en la que la Argentina entró en cesación de pagos y se multiplicó la pobreza y la miseria, surgieron en Tucumán cientos de comedores escolares y barriales que intentaban contener a niños y a adultos mayores desplazados del sistema.
Según datos proporcionados por el Ministerio de Desarrollo Social, Tucumán cuenta con 210 comedores infantiles en programa, que reciben de esa cartera $ 1,20 por día, por niño, donaciones en mercadería, y asesoramiento técnico. En total, hay una planilla de 19.700 beneficiarios de cinco a 14 años, además de personas con capacidades especiales y ancianos.
Lo interesante es que desde hace ya un tiempo se está intentado cambiar la modalidad de los comedores con buenos resultados, tal como se reflejó en las páginas de nuestro diario. El objetivo es que los chicos vuelvan a almorzar en sus casas con sus familiares. Para ello, se ideó un proyecto de cocinas comunitarias que cuenta con la cooperación de distintas familias. Cada una participa con esfuerzo, dinero y creatividad, en pos de una meta común. Como resultado se intenta fortalecer los lazos sociales y revalorizar la importancia de la familia. Esta nueva experiencia está en marcha en Alderetes, en Las Mesadas (El Cadillal) y en la capital: Villa Muñecas, Los Plátanos y el barrio Juan Luis Nougués. Hay dos instituciones en proceso de transición: una en Carbón Pozo (El Bracho) y la otra es el comedor de la parroquia de San Pío X. El objetivo es lograr que 14 instituciones puedan reconvertirse, según explicó la directora de Política Alimentaria, del Ministerio de Desarrollo Social. Las cocinas comunitarias están a cargo de madres que se organizan, elaboran un menú semanal, hacen un aporte diario, que pueden ser dos o tres pesos, y perciben un subsidio para comprar mercadería para cocinar. La Dirección de Políticas Alimentarias les brinda asesoramiento nutricional y acompañamiento para poder organizarse. Diseñan un proyecto que financian a partir de un fondo en común, y las ganancias se reparten en partes iguales.
Estas acciones comunitarias que surgen de ideas cooperativistas deberían ser explotadas también con mayor énfasis en otros sectores de la población que gozan de planes sociales y que, en una buena medida, se limitan a cobrarlos pero sin realizar la contraprestación correspondiente. Esta experiencia impulsada por el Ministerio de Desarrollo Social está mostrando cómo cuando se ayuda a la gente a organizarse tras un objetivo claro y trabaja mancomunadamente para su propio bienestar, se puede transformar la realidad. Por ejemplo, estas iniciativas deberían echar raíz en los cientos de asentamientos que hay en la ciudad, como un modo de que esos comprovincianos que viven en la marginalidad total, se den cuenta de que la miseria no es una fatalidad y que entre todos pueden recrear la esperanza de un futuro mejor.

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