El suboficial Pérez era enfermero, médico y hasta psicólogo de Ingrid

Durante sus diez años de cautiverio atendió a rehenes y también a guerrilleros enfermos.

SIEMPRE JUNTOS. Betancourt le expresó su gratitud al cabo Pérez por haberle salvado la vida con sus consejos y con su atención como paramédico. REUTERS
SIEMPRE JUNTOS. Betancourt le expresó su gratitud al cabo Pérez por haberle salvado la vida con sus consejos y con su atención como paramédico. REUTERS
06 Julio 2008
BOGOTA.- El cabo colombiano William Pérez nunca pensó que el curso de enfermería que tomó hace 12 años en el hospital militar de Bogotá les iba a salvar la vida a Ingrid Betancourt y a los compañeros que tuvo durante su secuestro, que duró diez años. El es uno de los 15 rescatados durante la reciente operación especial del Ejército en el Guaviare.
Esos conocimientos básicos de medicina le sirvieron para poder atender durante años a otros efectivos enfermos y especialmente a la política franco-colombiana. Asimismo, durante su cautiverio fue requerido por guerrilleros y guerrilleras, que lo consultaban cuando tenían alguna molestia o enfermedad.
Pérez, que para algunos fue el único médico que tenían en medio de la selva, se enroló en el Ejército a los 23 años, con la esperanza de ayudar económicamente a su familia que vive en el La Guajira (norte). “Mis conocimientos en medicina son pocos, pero eran necesarios para mis compañeros”, sostuvo.

El primer encuentro
Pérez conoció a Ingrid hace cuatro años, en un campamento ubicado en el selvático departamento de Guainía (fronterizo con Venezuela y Brasil), donde comenzaron a forjar una amistad. La crítica situación de la mujer hizo que fortalecieran aún más su amistad. Ambos se dieron ánimo cada vez que pensaban que no saldrían vivos. “Era el enfermero, el médico y hasta el psicólogo de Ingrid”, recordó tras precisar que ella padeció de paludismo. “En sólo dos meses llegó a un estado que casi se muere. Entró en depresión profunda; no comía, comenzó a sufrir por una úlcera, le vino una infección intestinal y se deshidrató. Y a eso hay que sumarle la humillación de tener una cadena al cuello las 24 horas del día”, declaró. Según Pérez, los insurgentes nunca llevaron a Ingrid a un centro asistencial. “Uno se da cuenta con los años que esa gente (los guerrilleros) pierde el sentido de la humanidad”, agregó.
Sólo Pérez atendía los males de Ingrid. “Me dijo que se quería morir. Le respondí: todo el mundo está pendiente de usted; debe ser fuerte y salir adelante”, agregó. Contó también que para cuando se conoció la última prueba de vida de la ex candidata presidencial (en noviembre, en la que se la ve sentada y cabizbaja, estaba recuperándose, pues antes su piel estaba casi pegada a sus huesos.  Durante su cautiverio, Pérez supo del fallecimiento de su padre, a quien había escuchado por última vez a fines del año pasado en una emisora. “Apreté los dientes, hice fuerza para no llorar, pero no lo soporté. Ingrid me decía que ella sabía qué era eso y me consoló”, relató. (DPA)

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