Las dudas sobre una educación sin aplazos

03 Julio 2008
En los últimos dos lustros se ha señalado con cierta frecuencia que los argentinos debíamos recuperar la cultura del esfuerzo, del trabajo, porque siempre es mejor un trabajo digno que un bolsón indigno o un plan social que denigra en lugar de enaltecer a la persona. Se habló de replantear la educación (sus contenidos y sistema), en crisis desde hace décadas. Los intentos por mejorarla han traído como consecuencia, en parte, un retroceso que se observa en el fracaso estudiantil en el nivel universitario. Una de las razones de esta preocupante realidad tal vez se deba a que, en lugar de exigir más a los alumnos, se busca allanarles el camino del aprendizaje, concediéndoles cada vez más facilidades con un efecto contraproducente, a juzgar por los resultados.
En estos días dedicamos un amplio espacio a una experiencia llevada a cabo por maestros mendocinos de diversas ciudades de esa provincia que no calificarán con menos de 4 a sus alumnos durante el primer trimestre del próximo ciclo lectivo, con el objetivo de evitar que los chicos se “desmoralicen” frente a las bajas calificaciones, y los lleve a “bajar los brazos” y a dejar de estudiar durante el resto del año. La titular de la Dirección General de Educación de Mendoza dijo que la idea es consensuar la medida con padres y docentes. “Esto no quiere decir que el alumno sea aprobado, sino que significa que en esa instancia se lo está acompañando para que él vea que si baja los brazos desde el principio, sabremos que es un alumno que no estudia y que después pierde todo el año”, sostuvo, mientras que el subsecretario de Educación mendocino explicó que el primer trimestre del año es bastante caótico para los alumnos, por la adaptación a las materias, por lo que se trataría de una buena idea para darles esperanza ante la adversidad. Igualmente, el funcionario aclaró que sólo será una recomendación, que los docentes evaluarán tomarla o no.
Esta modalidad, por cierto, no es nueva en Tucumán; las autoridades reconocieron que en algunos establecimientos ya existe la tendencia de no aplazar a los estudiantes, como sucede en la Escuela de Comercio Nº 1 y en la escuela municipal “Gabriela Mistral”. Las directoras defendieron la metodología, mientras que una alta funcionaria dijo que lo que ocurre en Mendoza es simplemente una estrategia pedagógica y como tal es válida en el contexto institucional. Agregó que ello no significa que en Tucumán vaya a implementarse en forma masiva la suspensión de los aplazos. En su opinión, la evaluación es una instancia más en el proceso de aprendizaje; sirve no para conocer cómo están los chicos y sancionarlos, sino para saber en qué condiciones están y cómo podemos ayudarlos.
El doctor Guillermo Jaim Etcheverry, decano de la Facultad de Medicina (1986-1990), rector de la Universidad de Buenos Aires (2002-2006), y autor del libro “La tragedia educativa”, señaló que aprender es un esfuerzo, es un trabajo. “La labor del maestro debe ser interesar al niño, al adolescente, en su trabajo, guiarlo, despertar su curiosidad. Hoy se concibe a los chicos como explotados por un sistema educativo que se ve más como un castigo que como una experiencia de crecimiento”, sostiene.
No sólo coincidimos con la apreciación de Jaim Etcheverry, sino que creemos, además, que las exigencias en el aprendizaje deberían ser mayores. Si se sabotean las normas, con excepciones o estrategias pedagógicas, en pro de no “traumar” a los chicos, estamos equivocando el camino y apostando a una educación cada vez más light que va en detrimento de los alumnos, y a largo plazo, de la sociedad.

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