La droga asusta, pero el prejuicio paraliza
Los episodios de violencia y consumo de estupefacientes mostraron la impotencia y las contradicciones que abarcan tanto a vecinos como a policías, jueces y fiscales. Por Roberto Delgado -Prosecretario de Redacción.
01 Julio 2008 Seguir en 
"Acá la droga se vende como caramelo. Todos lo saben y todos se hacen los giles". La sentencia del vecino Pedro Zamora, del barrio Antena -donde murió un muchacho de un balazo en la frente, en confusas circunstancias- podría referirse a la gente que vive en esa barriada. Pero abarca mucho más: muestra la contradicción y la impotencia frente a este tema, y eso tiene que ver con un universo mucho más amplio que un barrio semimarginal.En la semana que pasó se pudo ver un rosario de impotencias y contradicciones:
* "Hoy la mayor parte de la droga entra por aire, y es algo que no podemos evitar", dijo el jefe de Policía, Hugo Sánchez.
* En la gran mayoría de los robos, violaciones, homicidio e incluso accidentes, los autores están bajo la influencia de drogas", afirmó el fiscal Guillermo Herrera. Sin embargo, el jefe Sánchez no coincidió con él. Dijo que puede ser en el caso de menores, pero que los arrebatadores no se drogan y que en esta época, por el frío, hay menos delitos. Y Sánchez fue categórico en su impotencia: "tengamos en cuenta que es un problema al que no se le encuentra una solución global en ninguna parte del mundo".
* Los jueces federales Daniel Bejas y Mario Racedo aseveran que ningún país puede mostrar un plan de prevención y lucha eficiente. Ordenaron a la Policía arrestar a traficantes y no a adictos, y la Policía salió a cazar a los pequeños proveedores, que andan en moto o en bici por los barrios marginales en el servicio "delivery".
* Las madres de los chicos que roban para drogarse dicen que quieren que los encierren porque ellas no pueden manejarlos. El Estado no tiene lugar para eso y cree que no corresponde hacerlo, sino que hay que trabajar con las familias. Pero no lo hace, o lo hace poco.
* Las maestras de la escuela Perú, a la que van muchos chicos del Antena, cuentan historias fuertes de droga y violencia. "No estamos capacitadas para atender este tipo de casos", dicen.
* La Sedronar, organismo nacional que parece haber sido relegado por el Ministerio de Justicia nacional, acaba de dar a conocer una encuesta inquietante que señala que el consumo de drogas aumentó de modo brutal en Argentina.
* Este mismo Ministerio que parece descalificar a la Sedronar ha pedido una nueva encuesta que estará lista a fin de año. Pero la encargó al Indec, cuyos métodos están cuestionados.
* Algunos expertos y muchos vecinos hablan de consumo de "paco" (residuos de cocaína) y la Policía lo desmiente. Dice que en Tucumán no hay esa droga.
Esfuerzos aislados
¿Alguien sabe adónde vamos? Algunos especialistas ponen paños fríos sobre la confusión. Ya sea que trabajen en organismos de salud oficiales o en organizaciones de trabajo social, tanto independientes como vinculados al Estado o a la Universidad. En el Programa universitario para el estudio de las adicciones (PUNA) se está realizando una encuesta con los datos que deja el servicio del 0800 para consultas. Dicen que reciben 300 llamadas mensuales en el 0800222DROGA y que las consultas son por consumo de marihuana, de alcohol, por lugares de tratamiento o internación y por charlas sobre adicción.
Pero estos esfuerzos son aislados. Ninguno puede abarcar la problemática global. Saben que hay muchos más consumidores que adictos y que el problema es más de inserción social y de falta de proyectos de vida que una cuestión de delito y violencia.
Un ejemplo durísimo se dio en el episodio de la muerte del chico Rojas en el barrio Antena: pasó otro chico y le robó las zapatillas al muerto. "Es la patología del perjuicio social. Son sujetos históricamente perjudicados. Esos chicos que roban y atacan están pegando un grito de inserción social. Gritan ?quiero ser alguien?", dice Fernando Parolo, del PUNA.
¿Hay una salida? Ellos piensan que la salida es la inserción social, y eso no requiere visión policial. Aunque vendría bien que la Policía, las maestras, los funcionarios, los fiscales, los jueces y los operadores se capaciten bajo una política global. Eso ayudaría a bajar el nivel de pánico y a comenzar a actuar. La droga asusta, pero el prejuicio paraliza. Y eso es lo que está ocurriendo.







