07 Junio 2008 Seguir en 
MADRID, España.- Un automóvil coupé con matrícula falsa es obligado a parar en un control de la Guardia Civil cerca de la localidad vasca de Tolosa, al norte de España. "Si lo descubre, lo mato", dice Javier Echebarrieta a su compañero Iñaki Sarasketa, en referencia al agente que trata de verificar la numeración del vehículo.
"Esto no coincide", asegura, segundos después y en voz alta, el guardia. Echebarrieta, de 22 años, saca su pistola y cumple la amenaza. Un tiro en la cabeza y cuatro balazos en el pecho acaban con la vida del oficial. Es 7 de junio de 1968. El agente José Pardines, de 25 años, acaba de convertirse en la primera víctima mortal de ETA.
El primer terrorista en matar es también el primero en morir. Los dos etarras son perseguidos y en un intercambio de disparos Echebarrieta es herido de muerte. Su compañero Sarasketa, entonces con 19 años, logra huir pero es detenido al día siguiente.
Hoy se cumplen 40 años del primer atentado con muertos perpetrado por el grupo armado, y desde ese entonces hasta aquí la tétrica cifra de vidas segadas asciende a 823. Todo por la pretensión de la organización terrorista de lograr la independencia del País Vasco. La muerte del policía Pardines fue la primera y la de otro guardia civil es, hasta el momento, la última. Juan Manuel Piñuel falleció el 14 de mayo al explotar una furgoneta bomba frente a la casa cuartel de la localidad vasca de Legutiano.
Una serpiente enroscada
Hace cuatro décadas parecía que el terrorismo de una organización creada en pleno franquismo por un grupo de estudiantes radicales casi 10 años antes (el 31 de julio de 1959) se iba a circunscribir a unas fuerzas del orden que identificaba con la dictadura. Y poco después de los disparos contra el guardia civil, ETA perpetró su primer atentado mortal premeditado. El 2 de agosto mató al policía Melitón Manzanas, conocido torturador.
Pero pronto se vio que la banda que tiene como emblema una serpiente enroscada en un hacha no iba a limitar su violencia a nada ni a nadie: agentes de la Policía y de la Guardia Civil, políticos, autoridades, funcionarios de prisiones, periodistas, ciudadanos comunes y hasta niños.
¿Los métodos? Coches bomba, disparos por la espalda, tiros en la nuca y secuestros a empresarios. Incluso, la banda tuvo un plan para matar al rey Juan Carlos, y lo llegó a intentar con José María Aznar cuando era jefe de la oposición española. Su mayor matanza fue la provocada por un coche bomba en el centro comercial Hipercor de Barcelona, que dejó el 19 de junio de 1987 el balance de 21 muertos y casi medio centenar de heridos. Ese mismo año, el 11 de diciembre, otra bomba contra la casa cuartel de Zaragoza mató a 11 personas, entre ellas a varios menores.
Esos son sólo dos ejemplos, porque desde 1968 se sucedieron interminables atentados. Actualmente, pese a estar golpeada por las fuerzas de seguridad y por la Justicia -que prescribió a Batasuna, su brazo político-, ETA continúa detonando explosivos. En cuatro ocasiones, gobiernos diferentes se sentaron a la mesa de diálogo para tratar de llegar a un final del terrorismo, la última en 2006. Y el grupo armado también ha decretado treguas. Pero ninguna prosperó... (DPA)
"Esto no coincide", asegura, segundos después y en voz alta, el guardia. Echebarrieta, de 22 años, saca su pistola y cumple la amenaza. Un tiro en la cabeza y cuatro balazos en el pecho acaban con la vida del oficial. Es 7 de junio de 1968. El agente José Pardines, de 25 años, acaba de convertirse en la primera víctima mortal de ETA.
El primer terrorista en matar es también el primero en morir. Los dos etarras son perseguidos y en un intercambio de disparos Echebarrieta es herido de muerte. Su compañero Sarasketa, entonces con 19 años, logra huir pero es detenido al día siguiente.
Hoy se cumplen 40 años del primer atentado con muertos perpetrado por el grupo armado, y desde ese entonces hasta aquí la tétrica cifra de vidas segadas asciende a 823. Todo por la pretensión de la organización terrorista de lograr la independencia del País Vasco. La muerte del policía Pardines fue la primera y la de otro guardia civil es, hasta el momento, la última. Juan Manuel Piñuel falleció el 14 de mayo al explotar una furgoneta bomba frente a la casa cuartel de la localidad vasca de Legutiano.
Una serpiente enroscada
Hace cuatro décadas parecía que el terrorismo de una organización creada en pleno franquismo por un grupo de estudiantes radicales casi 10 años antes (el 31 de julio de 1959) se iba a circunscribir a unas fuerzas del orden que identificaba con la dictadura. Y poco después de los disparos contra el guardia civil, ETA perpetró su primer atentado mortal premeditado. El 2 de agosto mató al policía Melitón Manzanas, conocido torturador.
Pero pronto se vio que la banda que tiene como emblema una serpiente enroscada en un hacha no iba a limitar su violencia a nada ni a nadie: agentes de la Policía y de la Guardia Civil, políticos, autoridades, funcionarios de prisiones, periodistas, ciudadanos comunes y hasta niños.
¿Los métodos? Coches bomba, disparos por la espalda, tiros en la nuca y secuestros a empresarios. Incluso, la banda tuvo un plan para matar al rey Juan Carlos, y lo llegó a intentar con José María Aznar cuando era jefe de la oposición española. Su mayor matanza fue la provocada por un coche bomba en el centro comercial Hipercor de Barcelona, que dejó el 19 de junio de 1987 el balance de 21 muertos y casi medio centenar de heridos. Ese mismo año, el 11 de diciembre, otra bomba contra la casa cuartel de Zaragoza mató a 11 personas, entre ellas a varios menores.
Esos son sólo dos ejemplos, porque desde 1968 se sucedieron interminables atentados. Actualmente, pese a estar golpeada por las fuerzas de seguridad y por la Justicia -que prescribió a Batasuna, su brazo político-, ETA continúa detonando explosivos. En cuatro ocasiones, gobiernos diferentes se sentaron a la mesa de diálogo para tratar de llegar a un final del terrorismo, la última en 2006. Y el grupo armado también ha decretado treguas. Pero ninguna prosperó... (DPA)
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