07 Junio 2008 Seguir en 

Buenos Aires.- En medio de la disputa más seria de los últimos años, el campo decidió apostar de nuevo a la aparición de un canal de diálogo con el Gobierno y a una dudosa -por su efectividad- intervención del Defensor del Pueblo de la Nación, con la expectativa de destrabar un conflicto que lleva tres meses y ya provocó desabastecimiento.
El lunes, todos los sectores involucrados en el conflicto fueron convocados por el ombudsman Eduardo Mondino, que hizo lugar al pedido ruralista poniendo como condición el levantamiento de las medidas de fuerza, aunque ya está claro que el Gobierno pegará el "faltazo", porque considera que el campo no es su contraparte. Igual, la convocatoria al diálogo realizada por la Iglesia y otros sectores fue clave para que las entidades del agro resolvieran concluir la protesta a las cero hora del lunes.
La Iglesia reclamó con contundencia "un gesto de grandeza" a las partes, justamente lo que más falta en la desconocida Argentina de estas horas. Es que hasta la aparición de esa convocatoria, lejos de haber un llamado genuino al diálogo y la calma, todos los sectores involucrados en el conflicto, con la Presidenta a la cabeza, parecían decididos a dejar que la pelea llegara al extremo.
Eso habría provocado que hubiese argentinos peleándose en las rutas a las trompadas y amenazándose con palos, en un escenario inimaginable hace seis meses, cuando Cristina Fernández asumió al frente del Poder Ejecutivo en plena bonanza económica. Desde aquí se alertó la semana pasada que esta disputa iba "camino al Apocalipsis" si no había un contundente y honesto llamado al diálogo.
La gran duda es si alcanzará con este llamado realizado por el ombudsman, que no parece haber caído en la gracia del matrimonio presidencial. Para la Casa Rosada, más que nunca con el ex presidente Néstor Kirchner manejando el centro de la escena, debe haber una "derrota total y sin condiciones por parte del campo", porque considera intolerable la dura protesta impulsada por las entidades. Al menos así se lo repitió hasta el cansancio en los últimos días a la gran cantidad de dirigentes que desfilaron ante la sede del PJ encabezada por el jefe de Estado.
Para los Kirchner, lo que se pelea en este conflicto es mucho más que una medida puntual en materia agropecuaria, como las retenciones móviles. Según el ideario presidencial, está en juego si se puede avanzar o no con un modelo de país opuesto al que se edificó en los 90, donde la redistribución del ingreso sea una política de Estado.
Además, el matrimonio presidencial piensa que detrás de la protesta agraria hay un claro intento de testear a la opinión pública para avanzar con lo que algunos dirigentes cercanos al Gobierno imaginan como un "golpe civil".
El lunes, todos los sectores involucrados en el conflicto fueron convocados por el ombudsman Eduardo Mondino, que hizo lugar al pedido ruralista poniendo como condición el levantamiento de las medidas de fuerza, aunque ya está claro que el Gobierno pegará el "faltazo", porque considera que el campo no es su contraparte. Igual, la convocatoria al diálogo realizada por la Iglesia y otros sectores fue clave para que las entidades del agro resolvieran concluir la protesta a las cero hora del lunes.
La Iglesia reclamó con contundencia "un gesto de grandeza" a las partes, justamente lo que más falta en la desconocida Argentina de estas horas. Es que hasta la aparición de esa convocatoria, lejos de haber un llamado genuino al diálogo y la calma, todos los sectores involucrados en el conflicto, con la Presidenta a la cabeza, parecían decididos a dejar que la pelea llegara al extremo.
Eso habría provocado que hubiese argentinos peleándose en las rutas a las trompadas y amenazándose con palos, en un escenario inimaginable hace seis meses, cuando Cristina Fernández asumió al frente del Poder Ejecutivo en plena bonanza económica. Desde aquí se alertó la semana pasada que esta disputa iba "camino al Apocalipsis" si no había un contundente y honesto llamado al diálogo.
La gran duda es si alcanzará con este llamado realizado por el ombudsman, que no parece haber caído en la gracia del matrimonio presidencial. Para la Casa Rosada, más que nunca con el ex presidente Néstor Kirchner manejando el centro de la escena, debe haber una "derrota total y sin condiciones por parte del campo", porque considera intolerable la dura protesta impulsada por las entidades. Al menos así se lo repitió hasta el cansancio en los últimos días a la gran cantidad de dirigentes que desfilaron ante la sede del PJ encabezada por el jefe de Estado.
Para los Kirchner, lo que se pelea en este conflicto es mucho más que una medida puntual en materia agropecuaria, como las retenciones móviles. Según el ideario presidencial, está en juego si se puede avanzar o no con un modelo de país opuesto al que se edificó en los 90, donde la redistribución del ingreso sea una política de Estado.
Además, el matrimonio presidencial piensa que detrás de la protesta agraria hay un claro intento de testear a la opinión pública para avanzar con lo que algunos dirigentes cercanos al Gobierno imaginan como un "golpe civil".







