21 días de bronca y desgaste

Por Daniel Casal. Analista de la Agencia NA

03 Abril 2008
Buenos Aires.- La tregua por 30 días en el conflicto del agro anunciada para abrir una etapa de negociaciones, no borrará con rapidez las huellas de un desgaste precoz que le dejó al gobierno una protesta impensada en el universo del kirchnerismo hace sólo tres semanas. En ese escaso tiempo, la presidenta Cristina Kirchner tuvo que pasar de un lenguaje desafiante, que atizó la protesta de los hombres del campo, a otros tres discursos posteriores mediante los cuales les pidió encarecidamente que levantaran los cortes de rutas. También necesitó de hechos de violencia como el lideró Luis D?Elía durante dos noches consecutivas en la Plaza de Mayo para sofocar la queja urbana que se montó sobre el reclamo del agro. Y, además, necesitó de un ruidoso acto del PJ en Parque Norte y de una masiva concentración frente a la Casa de Gobierno para brindar el respaldo ante lo que consideraron el avance de fuerzas golpistas. No por casualidad, la Presidenta comparó estos movimientos con los sucedidos a principio de 1976 que derrocaron a Isabel Perón. Por aquellos días, la hiperinflación y el desabastecimiento le dieron a los militares lo que estaban buscando: cierto consenso social para el golpe.
Si, ahora, la Presidenta debió soportar escollos insospechados para alguien que recién se instala en la Rosada. Pero, el actual marco político y económico no es del entonces, y la palabra democracia sigue teniendo un valor incalculable para el 90% de los argentinos, según demuestran los sondeos de opinión sobre este tema, más allá de alguna voz nostálgica que se escuchó durante los nerviosos cacelorazos de la semana pasada.
El Gobierno debe leer bien que el inoportuno aumento de las retenciones para la soja, entre la cosecha y la siembra, se convirtió en el disparador de una protesta que se encontraba latente de tranqueras hacia adentro. Es que la prohibición de exportaciones de carne, el precio de la leche fluida, la alta carga impositiva, el olvido de economías regionales y la falta de una política de largo plazo conformaron un caldo de cultivo.
Claro que se dio cuando los beneficios del dólar muy alto que dejó la devaluación dejaron de ser un verdadero maná, debido a los aumentos de retenciones y los techos en los precios internos.
Los hombres y mujeres del campo consideraron que la alianza estratégica del Gobierno era con los sectores de la industrial y que le daba la espalda al campo. Entonces, los dirigentes llevaron adelante una protesta que tuvo una magnitud que ni el más optimista hubiera imaginado alguna vez. También supieron levantarla a tiempo, ya que la agudización del desabastecimiento en las ciudades le hubiera traído enemigos irreconciliables y la consiguiente pérdida de consenso. Ahora, viene la etapa de suturar las heridas de uno y otro lado para comenzar el diálogo y encontrar alrededor de la mesa de negociaciones las medidas necesarias que eviten un recrudecimiento de la lucha. (NA)

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