23 Marzo 2008 Seguir en 
Cerca de la medianoche de ayer y ante una multitud de feligreses, el arzobispo de Tucumán, Luis Héctor Villalba, presidió la misa de Vigilia Pascual, que se celebró en la Iglesia Catedral.
En su homilía, el prelado recordó que la Iglesia fue preparando durante la Cuaresma el momento de la Resurrección de Cristo. “Después de haber acompañado a Jesús, el Viernes Santo, en su Pasión y muerte en la cruz, y después de haber estado en silenciosa meditación el Sábado Santo acompañando a Jesús en el sepulcro, ahora nos encontramos reunidos para celebrar la Vigilia Pascual”, comenzó diciendo Villalba. Dijo que la misión del cristiano es salir a anunciar este mensaje a sus hermanos. “Toda la vida cristiana consiste en buscar al Señor, dejarse transformar por El y salir después a comunicarlo en la vida de todos los días”.
El pastor de los católicos puso énfasis en la Resurrección. “...Es verdaderamente la realidad que cuenta y da sentido a nuestra vida como canta el Pregón Pascual”. Villalba expresó: “¡Qué noche más dichosa en que se une el cielo con la tierra, lo humano y lo divino!”
Un gran temblor
De las lecturas del Evangelio que se leyeron anoche, el arzobispo Villalba se detuvo en aquellas en que el anuncio pascual se abre con una teofonía: “se produce un gran temblor y un ángel del Señor bajó del cielo, hizo rodar la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella. María Magdalena y la otra María habían ido al sepulcro para ungir con perfumes el cuerpo del Señor. Entonces escuchan el anuncio del ángel y el evangelista dice: ‘llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y corrieron a dar la noticia a los discípulos’. Ellas son las primeras misioneras que anuncian la Buena Noticia”.
Monseñor Villalba concluyó su homilía invocando a la Santísima Virgen: “que nos conceda la gracia de abrirnos a Jesús y vivir con fidelidad nuestra vocación cristiana”.
Por la mañana, en la Catedral, Villalba presidió la ceremonia de entrega a las distintas parroquias, de los óleos consagrados el Jueves Santo en la misa crismal. Participaron un centenar de personas, y cerca de 50 parroquias recibieron el óleo de los enfermos y el de los catecúmenos, así como el santo crisma, con el que se celebrarán los oficios en cada una de las sedes, durante todo el año.
La máxima autoridad eclesiástica de la provincia, afirmó que la celebración es una forma de ver juntas a las distintas comunidades ya que conforman una única iglesia.
El mensaje enviado por Villalba a los presentes estuvo cargado de intenciones de perdón. “Para ser una verdadera comunidad arquidiocesana, fraterna y misionera hay que salir y llevar la palabra de Jesús. Ser discípulos misioneros es el valor que estamos trabajando. En estas fechas hay que vivir la comunidad misionera desde el perdón; no puede haber comunidad fraternal sin perdón. El perdón es algo profundamente evangélico”, sostuvo.
La mayor emoción
El momento de mayor emoción fue cuando cada uno de los representantes de las distintas parroquias, recibieron las cofres conteniendo los elementos consagrados. El religioso se despidió de los presentes leyendo un párrafo bíblico: “Eviten las amarguras, los odios y los insultos, perdónense los unos a los otros”, sentenció.
En su homilía, el prelado recordó que la Iglesia fue preparando durante la Cuaresma el momento de la Resurrección de Cristo. “Después de haber acompañado a Jesús, el Viernes Santo, en su Pasión y muerte en la cruz, y después de haber estado en silenciosa meditación el Sábado Santo acompañando a Jesús en el sepulcro, ahora nos encontramos reunidos para celebrar la Vigilia Pascual”, comenzó diciendo Villalba. Dijo que la misión del cristiano es salir a anunciar este mensaje a sus hermanos. “Toda la vida cristiana consiste en buscar al Señor, dejarse transformar por El y salir después a comunicarlo en la vida de todos los días”.
El pastor de los católicos puso énfasis en la Resurrección. “...Es verdaderamente la realidad que cuenta y da sentido a nuestra vida como canta el Pregón Pascual”. Villalba expresó: “¡Qué noche más dichosa en que se une el cielo con la tierra, lo humano y lo divino!”
Un gran temblor
De las lecturas del Evangelio que se leyeron anoche, el arzobispo Villalba se detuvo en aquellas en que el anuncio pascual se abre con una teofonía: “se produce un gran temblor y un ángel del Señor bajó del cielo, hizo rodar la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella. María Magdalena y la otra María habían ido al sepulcro para ungir con perfumes el cuerpo del Señor. Entonces escuchan el anuncio del ángel y el evangelista dice: ‘llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y corrieron a dar la noticia a los discípulos’. Ellas son las primeras misioneras que anuncian la Buena Noticia”.
Monseñor Villalba concluyó su homilía invocando a la Santísima Virgen: “que nos conceda la gracia de abrirnos a Jesús y vivir con fidelidad nuestra vocación cristiana”.
Por la mañana, en la Catedral, Villalba presidió la ceremonia de entrega a las distintas parroquias, de los óleos consagrados el Jueves Santo en la misa crismal. Participaron un centenar de personas, y cerca de 50 parroquias recibieron el óleo de los enfermos y el de los catecúmenos, así como el santo crisma, con el que se celebrarán los oficios en cada una de las sedes, durante todo el año.
La máxima autoridad eclesiástica de la provincia, afirmó que la celebración es una forma de ver juntas a las distintas comunidades ya que conforman una única iglesia.
El mensaje enviado por Villalba a los presentes estuvo cargado de intenciones de perdón. “Para ser una verdadera comunidad arquidiocesana, fraterna y misionera hay que salir y llevar la palabra de Jesús. Ser discípulos misioneros es el valor que estamos trabajando. En estas fechas hay que vivir la comunidad misionera desde el perdón; no puede haber comunidad fraternal sin perdón. El perdón es algo profundamente evangélico”, sostuvo.
La mayor emoción
El momento de mayor emoción fue cuando cada uno de los representantes de las distintas parroquias, recibieron las cofres conteniendo los elementos consagrados. El religioso se despidió de los presentes leyendo un párrafo bíblico: “Eviten las amarguras, los odios y los insultos, perdónense los unos a los otros”, sentenció.







