16 Marzo 2008 Seguir en 
BUENOS AIRES.- No se entiende la urgencia oficial por cerrar un acuerdo para retrotraer los precios de los cortes populares de la carne vacuna a los valores de enero, si fue el propio Gobierno, a través de su controlado Indec, el que aseguró 24 horas antes del anuncio que esos mismos precios habían subido en febrero apenas un 1,9%.Algunos funcionarios podrán desempeñarse sin inconvenientes en medio de una falsedad tan evidente como la mencionada, pero ello no implica que otros, dentro del mismo Gobierno, no sean conscientes de un dilema que ataca de lleno al corazón del modelo post-Convertibilidad, iniciado por el ex presidente Eduardo Duhalde y continuado por Néstor y Cristina Fernández de Kirchner: ¿pueden coexistir por muchos años un dólar alto con una inflación baja, entendiendo por esta valores reales de un dígito anual? La brutal depresión económica que culminó con un 2002 que presentó el retroceso del PBI más pronunciado de la historia dejó un amplio margen, después de un primer semestre con turbulencias, para iniciar una política económica que intentara desligar la devaluación de la inflación, principal efecto inmediato en un país que basa el grueso de sus exportaciones en materias primas agropecuarias de consumo masivo.
Pero los planes económicos en la Argentina históricamente se agotan una vez que no pueden recostarse en el “colchón” que les diera inicio. En lo que respecta al actual, la inflación tiende a acrecentarse, lo que a su vez relativiza la eficacia del aumento nominal del dólar, y las regulaciones, a pesar de profundizarse, cada vez dan menos resultado. Baste señalar que en poco más de tres meses hubo dos aumentos en las retenciones en granos e hidrocarburos. La eficacia de la medida puede comprobarse en cualquier estación de servicio. En ese punto de inflexión es cuando se decide a retocar alguna de las variables (paridad cambiaria, ingresos fiscales, gasto público, etc) o bien cambiar totalmente de paradigma. El esquema inicial dólar alto-inflación baja viene haciendo agua desde hace un par de años. Si hasta 2005 el IPC anual se mantenía en niveles de un dígito, desde entonces registra una tendencia creciente cuya exacta dimensión no puede medirse con certeza a raíz de la manipulación de la información estadística. Pero al margen de lo que realice la intervención del Indec, el problema existe y todos los intentos por neutralizarlo mediante acuerdos sectoriales y aumento de retenciones se vuelven estériles.
El crecimiento de la inflación conspira contra la otra variable, si se tiene en cuenta que los aumentos de precios van erosionando la supuesta competitividad externa. Supuesta, porque pese a la propaganda oficial el aumento de las exportaciones de la Argentina es inferior al promedio mundial y uno de los más bajos entre los países de América del Sur. Por añadidura, el propósito de mantener un dólar alto choca con un fenómeno sobre el que el Banco Central no tiene nada que hacer: la moneda estadounidense está en continua depreciación. La descomunal compra de divisas que viene realizando el BCRA desde mediados de 2002 choca contra esa fuerza en sentido contrario, obligando además a reforzar los mecanismos de esterilización monetaria. Y aunque nadie lo quiera reconocer abiertamente, la creciente inflación mucho tiene que ver con esta política: no hay Lebacs ni pases que valgan ante una circulación monetaria que creció el 276,5% en cinco años.
La estrategia de los países vecinos no parece ser la misma. Brasil y Chile siguen con su crecimiento exportador sin que sus gobiernos le presten demasiada atención a los eufemísticos pedidos de sus empresarios por un “tipo de cambio competitivo”. “A los peronistas no nos gusta enamorarnos de ningún modelo”, pregonaban en enero de 2002 quienes poco antes defendían la convertibilidad a capa y espada, como justificación para impulsar la ley de Emergencia que abrió las puertas de la devaluación. Oportunismo o pragmatismo, no está de más recordar la frase antes de lamentar males mayores.







