Médicos alertan sobre las"amistades virtuales"

La mitad de los chicos que chatean llegan a encontrarse con sus nuevas relaciones sin que en la casa lo sepan, indica una encuesta.

PIONEROS. Para los chicos, la comunicación por PC implica un nuevo modo de vincularse con los otros.
PIONEROS. Para los chicos, la comunicación por PC implica un nuevo modo de vincularse con los otros.
09 Marzo 2008
La dis­cu­sión del mun­do adul­to acer­ca de las vir­tu­des o vi­cios del chat ha lle­ga­do a la So­cie­dad Ar­gen­ti­na de Pe­dia­tría (SAP). Lo que has­ta aho­ra pa­re­cía una tec­no­lo­gía en ex­pan­sión ya pa­re­ce ha­ber­se con­ver­ti­do en un te­ma “de con­sul­to­rio”. La se­ma­na pa­sa­da, la aso­cia­ción que nu­clea a los pe­dia­tras de la Ar­gen­ti­na hi­zo pú­bli­co el re­sul­ta­do de una en­cues­ta so­bre los chi­cos y el cha­teo que, afir­man, arro­ja al­gu­nos re­sul­ta­dos que in­quie­tan.
El son­deo, rea­li­za­do por el Gru­po de In­for­má­ti­ca de la SAP, in­di­ca que ca­si la mi­tad de los chi­cos que cha­tean lle­gan a man­te­ner un en­cuen­tro real con su ami­go vir­tual, mien­tras que la ma­yo­ría de los pa­dres ig­no­ra esos con­tac­tos.
El in­for­me mues­tra tam­bién que uno de ca­da cua­tro ni­ños que usa in­ter­net vi­vió una si­tua­ción de­sa­gra­da­ble en el chat, o al in­gre­sar a si­tios pa­ra adul­tos.
Con esos da­tos, el pre­si­den­te de la SAP, Ma­rio Gre­no­vi­lle, afir­mó que "el ac­ce­so de los ni­ños a in­ter­net es una rea­li­dad de la cual hay que to­mar con­cien­cia y es ne­ce­sa­rio te­ner cui­da­dos en to­do lo que ha­ce al uso in­fan­til de la in­for­má­ti­ca".
Gre­no­vi­lle in­sis­tió en que los pa­dres de­ben fo­men­tar el diá­lo­go con sus hi­jos acerca del uso que ha­cen de la web pa­ra evi­tar ser víc­ti­mas de inescrupulosos, y con­si­de­ró que de­ben com­par­tir in­ter­net con sus hi­jos pa­ra dis­tin­guir con ellos “lo bue­no de lo ma­lo de la red".
Al mar­gen del ries­go de en­cuen­tros in­de­sea­dos en la red, las nue­vas tec­no­lo­gías de la in­for­ma­ción le ha­cen cos­qui­llas al mun­do de los ma­yo­res.
Ga­brie­la Pa­laz­zo, ex be­ca­ria del Co­ni­cet e in­ves­ti­ga­do­ra del Con­se­jo de In­ves­ti­ga­cio­nes de la UNT, es­tá ana­li­zan­do pa­ra su te­sis doc­to­ral en Le­tras el te­ma “La ju­ven­tud co­mo cons­truc­ción dis­cur­si­va en Tu­cu­mán a co­mien­zos del si­glo XXI””. Ella afirma que el chat es un de­sa­fío pa­ra el mun­do adul­to por­que aquí se han in­ver­ti­do los ro­les, y son los pa­dres los que apren­den de los hi­jos.
En de­fen­sa del chat, el pe­dia­tra Mi­guel Le­gui­za­món, que in­te­gra la plan­ta mé­di­ca del Hos­pi­tal de Ni­ños, opi­na­:“no es tan así eso de que el chi­co que cha­tea se aís­la. No tie­ne sen­ti­do de­mo­ni­zar el chat. No po­de­mos ana­li­zar es­te cam­bio tec­no­ló­gi­co tan vio­len­to con pa­rá­me­tros de la era prein­for­má­ti­ca”.
En sin­to­nía con Pa­laz­zo, él se pre­gun­ta si real­men­te el chi­co es­tá ais­la­do, o si es­tá es­ta­ble­cien­do nue­vas for­mas de vin­cu­lar­se. “Bor­ges - re­fle­xio­na - se ima­gi­na en “El Aleph que se veía el mun­do en el mis­mo mo­men­to en que es­ta­ban pa­san­do las co­sas. In­ter­net es el aleph de Bor­ges. ¿Aho­ra va­mos a de­ter­mi­nar que no mi­re na­die por ese ojo? Lo que pa­sa es que no sa­ben qué he­rra­mien­tas se tie­nen en la ma­no. So­mos muy pro­vin­cia­nos, no so­mos ca­pa­ces de com­pren­der el cam­bio que es­tá ocu­rrien­do. Si tu hi­jo es­tá bien edu­ca­do, con in­ter­net pue­de co­nec­tar­se con sus ami­gos del otro la­do de los ma­res, o pue­de dis­fru­tar de la be­lle­za de co­no­cer el mun­do, aun­que sea por la red. Al fin y al ca­bo, esa vir­tua­li­dad es una for­ma de rea­li­dad”.

Una ciberalfabetización que entra en conflicto con la escuela

Pa­ra su te­sis doc­to­ral, Ga­brie­la Pa­laz­zo en­tre­vis­tó a chi­cos y a chi­cas tu­cu­ma­nos respecto a su re­la­ción con el chat. Aquí van ape­nas al­gu­nas con­clu­sio­nes de una investigación exhaustiva:
* Los chi­cos va­lo­ran es­te gé­ne­ro de la co­mu­ni­ca­ción co­ti­dia­na por­que les per­mi­te co­mu­ni­car­se con mu­chas per­so­nas, con gente que es­tá le­jos o con quie­nes no se ha­bla por te­lé­fo­no. Ade­más, fa­ci­li­ta la char­la des­de cual­quier lu­gar, ha­cia cual­quier lu­gar y con la sen­sa­ción de en­cuen­tro si­mul­tá­neo.
* En­tre las ven­ta­jas in­ter­per­so­na­les des­ta­can la po­si­bi­li­dad de co­no­cer gen­te, ha­cer ami­gos, or­ga­ni­zar sa­li­das y en­con­trar pa­re­ja. Ac­ti­vi­da­des que no de­jan de for­mar par­te de las prác­ti­cas co­ti­dia­nas de los ado­les­cen­tes y jó­ve­nes tu­cu­ma­nos, pe­ro que en el con­tex­to del chat ad­quie­ren ca­rac­te­rís­ti­cas dis­tin­tas, en prin­ci­pio por­que la iden­ti­dad se cons­tru­ye a tra­vés de la es­cri­tu­ra.
* El chat es tam­bién va­lo­ra­do co­mo una for­ma de di­ver­sión o un jue­go que per­mi­te la li­ber­tad de ex­pre­sión; per­mi­te la co­mu­ni­ca­ción rá­pi­da, eco­nó­mi­ca  y es fá­cil de usar. Es­ta “fa­ci­li­dad” es en rea­li­dad un con­jun­to de com­pe­ten­cias mí­ni­mas que no de­jan de ser com­ple­jas y que in­vo­lu­cran mu­chos as­pec­tos: el co­no­ci­mien­to de la si­tua­ción, del gé­ne­ro, del len­gua­je, de las he­rra­mien­tas tec­no­ló­gi­cas, etc.
*Es una al­fa­be­ti­za­ción elec­tró­ni­ca o una ci­beral­fa­be­ti­za­ción que en­tra en con­flic­to con la más tra­di­cio­nal y es­co­la­ri­za­da.


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