17 Febrero 2008 Seguir en 
En términos de dólares, los costos de las empresas son mayores a los niveles de rentabilidad esperados por el sector privado. Desde esa orientación, el economista Eduardo Robinson plantea que el cambio de escenario económico en el país de los últimos siete años brinda varias interpretaciones sobre el movimiento interno de las empresas.
En ese contexto, Robinson parte de la base que, tanto en el Estado como en los particulares, la devaluación impactó con fuerza en el nivel de rentabilidad y que los salarios cayeron bruscamente en términos dolarizados. “Al estabilizarse la divisa norteamericana (en torno a los $ 2,80 y a los $ 3,20) los costos empresarios sufrieron un mayor incremento”, expresa.
El economista sostiene, por ejemplo, que “la rentabilidad del sector exportador de hoy no es tan beneficiosa como lo fue durante los primeros años de la devaluación, es decir, entre 2003 y 2004”.
Siguiendo la evolución económica, Robinson manifiesta que un dólar estable con una inflación creciente, hace disminuir el tipo de cambio real. “Y eso, de alguna manera, resta competitividad a las exportaciones, que impulsan la economía nacional”, fundamenta.
Retenciones
Robinson entiende que el sector privado no pierde de vista tampoco el impacto que puede tener en sus balances la cuestión impositiva. Si se toma como referencia al sector exportador, el incremento en las retenciones significarán un menor margen de maniobra para hacer frente al debate salarial.
Si bien en una primera instancia, las retenciones a las exportaciones se crearon con el fin de mejorar la recaudación impositiva y así posibilitar que las cuentas nacionales se encuadren hacia el superávit, ahora el Gobierno nacional las incrementó con la intención de favorecer a otros sectores de la economía. Esta medida, en esencia, tiende a evitar nuevos aumentos de precios en los principales alimentos que integran la canasta hogareña.
Según Robinson, las fuertes retenciones que estableció el Gobierno nacional ponen entre las cuerdas a los empresarios. Y hasta la misma coyuntura podría poner al Poder Ejecutivo en un dilema: bajar las retenciones o devaluar.
En ese contexto, Robinson parte de la base que, tanto en el Estado como en los particulares, la devaluación impactó con fuerza en el nivel de rentabilidad y que los salarios cayeron bruscamente en términos dolarizados. “Al estabilizarse la divisa norteamericana (en torno a los $ 2,80 y a los $ 3,20) los costos empresarios sufrieron un mayor incremento”, expresa.
El economista sostiene, por ejemplo, que “la rentabilidad del sector exportador de hoy no es tan beneficiosa como lo fue durante los primeros años de la devaluación, es decir, entre 2003 y 2004”.
Siguiendo la evolución económica, Robinson manifiesta que un dólar estable con una inflación creciente, hace disminuir el tipo de cambio real. “Y eso, de alguna manera, resta competitividad a las exportaciones, que impulsan la economía nacional”, fundamenta.
Retenciones
Robinson entiende que el sector privado no pierde de vista tampoco el impacto que puede tener en sus balances la cuestión impositiva. Si se toma como referencia al sector exportador, el incremento en las retenciones significarán un menor margen de maniobra para hacer frente al debate salarial.
Si bien en una primera instancia, las retenciones a las exportaciones se crearon con el fin de mejorar la recaudación impositiva y así posibilitar que las cuentas nacionales se encuadren hacia el superávit, ahora el Gobierno nacional las incrementó con la intención de favorecer a otros sectores de la economía. Esta medida, en esencia, tiende a evitar nuevos aumentos de precios en los principales alimentos que integran la canasta hogareña.
Según Robinson, las fuertes retenciones que estableció el Gobierno nacional ponen entre las cuerdas a los empresarios. Y hasta la misma coyuntura podría poner al Poder Ejecutivo en un dilema: bajar las retenciones o devaluar.
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