Tras los mismos pasos de las gestiones anteriores

Miranda atraviesa duros inconvenientes para conformar su nuevo gabinete y mantener una administración con intenciones reeleccionistas.

12 Abril 2002
Por Marcelo Aguaysol

Los hechos políticos que ocurrieron en la última década demostraron que toda gestión de gobierno atraviesa por cuatro estadios.
El primer año de administración se caracterizó por ser una etapa de reconocimiento del terreno; el segundo, de una constante búsqueda de alternativas para solucionar los problemas, con una cierta tranquilidad para gobernar. Al ingresar al tercer año, el poder obnubiló a los mandatarios de turno y, entonces, inician el lento pero inevitable recorrido hacia el camino de las complicaciones. En el cuarto y último año de gestión, los funcionarios ya no pueden controlar los asuntos de Estado y,además, en la transición institucional desde que se elige el nuevo gobernante hasta que asume (cuatro meses), la provincia sufre innumerables sofocones socioeconómicos.Julio Miranda parece seguir el mismo derrotero que su antecesor Antonio Bussi y, más atrás, que Ramón Ortega. La aguda crisis económica del país terminó por derrumbar algunos sueños de continuidad del actual gobernador. Pese a la resistencia social sobre la reelección, Miranda quema los últimos cartuchos para quedarse en el sillón de Lucas Córdoba hasta dentro de cinco años. Pero tiene limitaciones.
El presidente del PJ no puede dominar la tropa propia.
Tampoco sale a la calle a observar la sensación que tienen los desesperanzados tucumanos que luchan, día tras día, con el almacenero, con el farmacéutico o con las empresas de servicio para que les acepten los bonos tal como dice el anverso del billete (a valor nominal).

Necesidad de alianzas
Los funcionarios del Poder Ejecutivo no saben qué hacer frente a la reestructuración estatal tan anunciada y tan postergada. De ese modo, la gestión mirandista cae estrepitosamente en la duda, sin planes que satisfagan las mínimas necesidades de los sufridos pobladores de esta provincia. Los gremios y los legisladores reclaman políticas claras a Miranda (salud, educación y seguridad).
En los pasillos de la Casa de Gobierno, viejos punteros políticos del peronismo comentan que Miranda aún no hizo cambios en su gabinete porque no hay hombres que quieran asumir un cargo en el actual estado de cosas. Pero también, temen por la forma en que el gobernador encaró la reformulación de su gestión, con funcionarios que ya presentaron signos de desgaste sin saber qué quiere el conductor del PE.
Frente a ese panorama y ante la necesidad de sumar aliados, el gobernador salió a pedirles la ayuda a los legisladores oficialistas, no sólo para recuperar el "afecto societatis" partidario, sino también para apuntalar a una administración que muestra señales de debilidad.

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