31 Enero 2008 Seguir en 
Roma.- El presidente italiano, Giorgio Napolitano, decidió, tras realizar una amplia ronda de consultas, que no convocará elecciones anticipadas para solucionar la crisis del país, sino que buscará la formación de un gobierno de transición. Napolitano encargó al presidente del senado, Franco Marini, que sondee en el Parlamento las oportunidades de formación de un gobierno provisional que saque adelante una reforma de la ley electoral.
El mandatario busca una solución a la crisis desencadenada por la dimisión del primer ministro Romano Prodi, quien perdió en el Senado la moción de confianza que había solicitado. La coalición de centro-izquierda que lo llevó al poder se había impuesto en abril de 2006 con sólo 25.000 votos de ventaja. En ese entonces, había obtenido el 0,06% para la Cámara de Diputados, menos votos que sus oponentes para la Cámara de Senadores, por lo que, para conformar mayoría, debía contar con el voto de los siete senadores vitalicios. La crisis fue provocada por el alejamiento del partido Udeur, que obtuvo en las elecciones sólo el 1,4% de los sufragios.
El líder de la oposición, Silvio Berlusconi, había insistido en la convocatoria a nuevas elecciones, mientras que Napolitano y Veltroni preferían un gobierno transitorio que lleve a cabo la reforma electoral, con el objetivo de hacer más gobernable un país de gran fragmentación partidaria. La Ley Electoral vigente en Italia impide en la práctica la creación de mayorías fuertes, pues privilegia los pequeños partidos, que con pocos votos pueden condicionar toda una coalición.
El nuevo gobierno necesita el voto de confianza del Parlamento. Si no logra el apoyo mayoritario de los congresistas, el país deberá celebrar nuevas elecciones. Ambos sectores habían comenzado la lucha electoral. Según las encuestas, la oposición de centro derecha podría contar con una clara mayoría, mientras que el nuevo partido de Veltroni de centro izquierda aspiraría a obtener entre el 28% y el 36% de los votos. (DPA-Especial)
El mandatario busca una solución a la crisis desencadenada por la dimisión del primer ministro Romano Prodi, quien perdió en el Senado la moción de confianza que había solicitado. La coalición de centro-izquierda que lo llevó al poder se había impuesto en abril de 2006 con sólo 25.000 votos de ventaja. En ese entonces, había obtenido el 0,06% para la Cámara de Diputados, menos votos que sus oponentes para la Cámara de Senadores, por lo que, para conformar mayoría, debía contar con el voto de los siete senadores vitalicios. La crisis fue provocada por el alejamiento del partido Udeur, que obtuvo en las elecciones sólo el 1,4% de los sufragios.
El líder de la oposición, Silvio Berlusconi, había insistido en la convocatoria a nuevas elecciones, mientras que Napolitano y Veltroni preferían un gobierno transitorio que lleve a cabo la reforma electoral, con el objetivo de hacer más gobernable un país de gran fragmentación partidaria. La Ley Electoral vigente en Italia impide en la práctica la creación de mayorías fuertes, pues privilegia los pequeños partidos, que con pocos votos pueden condicionar toda una coalición.
El nuevo gobierno necesita el voto de confianza del Parlamento. Si no logra el apoyo mayoritario de los congresistas, el país deberá celebrar nuevas elecciones. Ambos sectores habían comenzado la lucha electoral. Según las encuestas, la oposición de centro derecha podría contar con una clara mayoría, mientras que el nuevo partido de Veltroni de centro izquierda aspiraría a obtener entre el 28% y el 36% de los votos. (DPA-Especial)
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