12 Abril 2002 Seguir en 
"La princesa Carlota, heredera de la Corona de Inglaterra e hija única del príncipe Regente, falleció el 6 de noviembre de 1817. Su breve vida distó de ser feliz; de naturaleza impulsiva, vehemente y caprichosa, anheló siempre la libertad sin jamás alcanzarla. Criada entre violentas disputas familiares, se la separó a temprana edad de su madre, excéntrica y de mala reputación, para ponerla bajo la tutoría de su padre, no menos desacreditado y egoísta. Cuando cumplió diecisiete años, el Regente decidió desembarazarse de su hija casándola con el Príncipe de Orange. En un principio ella estuvo de acuerdo, pero, a raíz de su súbito enamoramiento del Príncipe Augusto de Prusia, decidió romper el compromiso. No era este su primer amor ya que, con anterioridad, había sostenido una correspondencia clandestina con un cierto capitán Hess. El Príncipe Augusto estaba ya casado, morganáticamente, pero ella lo ignoraba, y él no se lo dijo.
Mientras la Princesa dilataba las negociaciones con el Príncipe de Orange, los soberanos aliados, esto sucedía en junio de 1814, llegaron a Londres para celebrar su victoria. Entre ellos, y como miembro del séquito, figuraba el joven y elegante Príncipe Leopoldo de Saxo-Coburgo, quien se esforzó en atraer la atención de la Princesa, pero esta, con un objetivo distinto, lo ignoró. Un mes más tarde, al enterarse el Regente de que su hija sostenía citas secretas con el Príncipe Augusto armó un escándalo, despidió a la servidumbre y condenó a Carlota a una severa reclusión en Windsor Park. ¡Dadme paciencia, Dios Todopoderoso!, exclamó la Princesa y cayó de rodillas en un ataque de angustia compulsiva, luego se irguió de un salto, bajó corriendo por una escalera de servicio, salió a la calle, detuvo a un cabriolé y se hizo conducir a Bayswater, a casa de su madre. Fue descubierta, perseguida y exhortada a regresar. Cedió al fin ante las palabras persuasivas de sus tíos, los Duques de York y de Sussex, de Brougham y del obispo de Salisbury volviendo a Carlton House, a las dos de la madrugada. Fue encerrada en Windsor y de ahí en adelante nada más se supo del Príncipe de Orange; también desapareció de escena el Príncipe Augusto, quedando franco el camino para el Príncipe Leopoldo de Saxo-Coburgo.
Este último era lo suficientemente astuto para evitar al Regente, impresionar a los Ministros y lograr la amistad de otro de los tíos de la Princesa, el Duque de Kent, por cuya mediación pudo comunicarse secretamente con la sobrina. Carlota se apresuró a declarar que su felicidad dependía de su enamorado. Cuando el Príncipe se encontraba en París, después de la batalla de Waterloo, su ayudante de campo hacía las labores de mensajero, llevando y trayendo cartas a través del Canal de la Mancha. En enero de 1816 se le invitó a Inglaterra y en mayo se celebró la boda.
El carácter del Príncipe contrastaba extraordinariamente con el de su esposa. Veintiséis años de edad tenía por entonces este hijo menor de un principillo alemán, había participado con honores en la guerra contra Napoleón, demostrado considerable habilidad diplomática en el Congreso de Viena, y se disponía a intentar la doma de una princesa bravía".
Mientras la Princesa dilataba las negociaciones con el Príncipe de Orange, los soberanos aliados, esto sucedía en junio de 1814, llegaron a Londres para celebrar su victoria. Entre ellos, y como miembro del séquito, figuraba el joven y elegante Príncipe Leopoldo de Saxo-Coburgo, quien se esforzó en atraer la atención de la Princesa, pero esta, con un objetivo distinto, lo ignoró. Un mes más tarde, al enterarse el Regente de que su hija sostenía citas secretas con el Príncipe Augusto armó un escándalo, despidió a la servidumbre y condenó a Carlota a una severa reclusión en Windsor Park. ¡Dadme paciencia, Dios Todopoderoso!, exclamó la Princesa y cayó de rodillas en un ataque de angustia compulsiva, luego se irguió de un salto, bajó corriendo por una escalera de servicio, salió a la calle, detuvo a un cabriolé y se hizo conducir a Bayswater, a casa de su madre. Fue descubierta, perseguida y exhortada a regresar. Cedió al fin ante las palabras persuasivas de sus tíos, los Duques de York y de Sussex, de Brougham y del obispo de Salisbury volviendo a Carlton House, a las dos de la madrugada. Fue encerrada en Windsor y de ahí en adelante nada más se supo del Príncipe de Orange; también desapareció de escena el Príncipe Augusto, quedando franco el camino para el Príncipe Leopoldo de Saxo-Coburgo.
Este último era lo suficientemente astuto para evitar al Regente, impresionar a los Ministros y lograr la amistad de otro de los tíos de la Princesa, el Duque de Kent, por cuya mediación pudo comunicarse secretamente con la sobrina. Carlota se apresuró a declarar que su felicidad dependía de su enamorado. Cuando el Príncipe se encontraba en París, después de la batalla de Waterloo, su ayudante de campo hacía las labores de mensajero, llevando y trayendo cartas a través del Canal de la Mancha. En enero de 1816 se le invitó a Inglaterra y en mayo se celebró la boda.
El carácter del Príncipe contrastaba extraordinariamente con el de su esposa. Veintiséis años de edad tenía por entonces este hijo menor de un principillo alemán, había participado con honores en la guerra contra Napoleón, demostrado considerable habilidad diplomática en el Congreso de Viena, y se disponía a intentar la doma de una princesa bravía".







