12 Enero 2008 Seguir en 
El vicepresidente de la Nación, Julio Cobos, quien constitucionalmente es titular del Senado, ha manifestado recientemente que su proyecto fundamental es profundizar el fortalecimiento institucional de ese cuerpo parlamentario, a su juicio el más afectado por la crisis de 2001. Se trata de un concepto realista que merece ser compartido y resueltamente secundado, pero habría sido más interesante precisar las cuestiones más esenciales que motivan esa tarea de saneamiento republicano y que no sólo son atribuibles al Senado, sino a la totalidad del Poder Legislativo. Con un juicio más amplio, el vicepresidente se refirió al Congreso como “el soporte de las acciones políticas del Gobierno”, expresión poco feliz por cuanto mejor se corresponde con la solidaridad que la mayoría oficialista evidencia asiduamente con el Poder Ejecutivo y que se expresa en la abundante delegación de facultades propias del Parlamento. En ese sentido, el juicio de Julio Cobos se compadece con el del titular del bloque gubernista del Senado, Miguel Angel Pichetto, quien fundamentó su mandato en más de una ocasión en el cumplimiento de lo que dispusiese el Presidente.
En la misma oportunidad, el vicepresidente Cobos se sintió molesto por las observaciones cáusticas de la oposición a propósito de la rapidez con que se sancionan algunas iniciativas del PE, como el cambio de horario para el uso racional de la energía. Sin embargo, abogó también por los debates amplios y profundos con participación de todos los sectores, señalando igualmente la necesidad de elevar la capacitación del personal del Senado, donde el 55% de los empleados carece de estudios secundarios. Como es notorio, Julio Cobos fue gobernador de Mendoza y dirigente de la Unión Cívica Radical, en cuyas condiciones, antes de completar su mandato, se alió a la coalición oficialista nacional y fue expulsado de su partido. Como es obvio, no fue una excepción ese cambio de rumbo político, sino la consecuencia de una diáspora partidaria en la que alcanzó el más elevado rango. No pocos correligionarios con la misma trayectoria integran un bloque oficialista en la Cámara de Diputados, pero lo hacen sin dependencia formal del kirchnerismo, si bien hasta el momento no hubo ocasión de demostrarlo, en razón del receso estival.
Dado el rango político que ostenta Julio Cobos y sus antecedentes, su compromiso de fortalecer el rol institucional del Senado debería comenzar por tratar de recuperar para la Cámara Alta la función que la Constitución nacional le asigna y es fundamental para el sistema representativo y federal: la representación de las provincias cuyas autonomías están expresadas en sus respectivas cartas constitucionales. El vicepresidente, como ex gobernador de una provincia señera, conoce a la perfección y por propia experiencia que el federalismo está condicionado por la autonomía y seguridad de sus recursos financieros. Algo de que la mayoría de las provincias carece, merced a un presidencialismo desmedido que las supedita al poder central y que un Parlamento refrendatario ha potenciado como “soporte político del Gobierno”.
Ese sí puede ser el gran proyecto necesario, sumido en el olvido desde la reforma constitucional y restaurador de la autarquía económica que ha perdido gran parte de la Nación con la tolerancia cómplice de quienes optaron por las facilidades de caja del centralismo, en desmedro de los derechos históricos de sus provincias.
En la misma oportunidad, el vicepresidente Cobos se sintió molesto por las observaciones cáusticas de la oposición a propósito de la rapidez con que se sancionan algunas iniciativas del PE, como el cambio de horario para el uso racional de la energía. Sin embargo, abogó también por los debates amplios y profundos con participación de todos los sectores, señalando igualmente la necesidad de elevar la capacitación del personal del Senado, donde el 55% de los empleados carece de estudios secundarios. Como es notorio, Julio Cobos fue gobernador de Mendoza y dirigente de la Unión Cívica Radical, en cuyas condiciones, antes de completar su mandato, se alió a la coalición oficialista nacional y fue expulsado de su partido. Como es obvio, no fue una excepción ese cambio de rumbo político, sino la consecuencia de una diáspora partidaria en la que alcanzó el más elevado rango. No pocos correligionarios con la misma trayectoria integran un bloque oficialista en la Cámara de Diputados, pero lo hacen sin dependencia formal del kirchnerismo, si bien hasta el momento no hubo ocasión de demostrarlo, en razón del receso estival.
Dado el rango político que ostenta Julio Cobos y sus antecedentes, su compromiso de fortalecer el rol institucional del Senado debería comenzar por tratar de recuperar para la Cámara Alta la función que la Constitución nacional le asigna y es fundamental para el sistema representativo y federal: la representación de las provincias cuyas autonomías están expresadas en sus respectivas cartas constitucionales. El vicepresidente, como ex gobernador de una provincia señera, conoce a la perfección y por propia experiencia que el federalismo está condicionado por la autonomía y seguridad de sus recursos financieros. Algo de que la mayoría de las provincias carece, merced a un presidencialismo desmedido que las supedita al poder central y que un Parlamento refrendatario ha potenciado como “soporte político del Gobierno”.
Ese sí puede ser el gran proyecto necesario, sumido en el olvido desde la reforma constitucional y restaurador de la autarquía económica que ha perdido gran parte de la Nación con la tolerancia cómplice de quienes optaron por las facilidades de caja del centralismo, en desmedro de los derechos históricos de sus provincias.







