08 Enero 2008 Seguir en 
Hasta comienzos de la década de 1990, el servicio de taxis funcionó con cierta normalidad en Tucumán. Con la creación de los remises se inició el caos en este servicio público de pasajeros porque las ordenanzas referidas a su funcionamiento nunca se las hizo cumplir.
En un afán de intentar dar una solución a un problema que se salió de cauce hace mucho tiempo y a raíz de la inseguridad creciente que generaba en la población el hecho de subirse a un auto ilegal, el Gobierno inventó en 2006 el Servicio Unico de Transporte Público de Pasajeros (Sutrappa), con la idea de unificar taxis y remises, bajo el nombre de autos de alquiler. Se estima que son alrededor de 8.000 los vehículos habilitados; sin embargo, el servicio público sigue siendo deficiente, en particular entre las 23 y las 5. Pero no sólo en lo que a frecuencia horaria se refiere, hay escasez de autos de alquiler. Esta situación se refleja también cuando cae sobre la ciudad un insignificante chaparrón; basta que ello ocurra para que los taxistas desaparezcan hasta varias horas después, y si la precipitación ha ocurrido en las primeras horas de la madrugada, no habrá vehículos disponibles hasta el amanecer.
Las deficiencias del servicio público también se notan en los importes que se cobran a los pasajeros, ya que pocas veces son iguales por un mismo trayecto realizado. Los excesos cometidos en la madrugada de la Navidad pasada -varios taxistas cobraban casi el doble del importe del viaje- dejaron mal parado -una vez más- al sector. A ello se suma la protesta casi generalizada de los discapacitados motrices -suman 98.000 en Tucumán- que se ven impedidos de usar este servicio por las actitudes descorteses de muchos choferes -hay lógicamente excepciones-. “Con los taxis es imposible movilizarse. Los choferes no quieren molestarse en tener que bajar, plegar la silla y guardarla en el baúl. Dicen que no entra porque llevan el tubo de gas o porque le puede arruinar el vehículo”, le decía en diciembre pasado a nuestro diario un joven inválido que trabaja en la Policía. Agregaba que para lograr que algún vehículo se detuviera debía esconderse y pedirle a cualquier persona que le hiciera señas a un auto de alquiler, de manera que cuando este se detuviera, no hubiera excusas para negarse a trasladarlo.
Los propietarios y choferes de taxis argumentan que la escasez de vehículos luego de las 23 se debe a la inseguridad. Un directivo del Sindicato de Peones de Taxis afirmó que actualmente el 40% de los vehículos que circula por la capital trabaja desde las 5 hasta las 23 y denunció que en diciembre hubo 70 asaltos a taxistas. Les robaron dinero, relojes, las radios para comunicarse con la operadora y teléfonos celulares. Además, los delincuentes se llevaron nueve autos, de los cuales cuatro de ellos siguen desaparecidos. Adelantó que continuarán profundizando esta medida hasta que reciban una respuesta de las autoridades. Por su parte, la Municipalidad argumentó que no es la encargada de regular el horario en que debe brindarse este servicio público.
Si bien es cierto que hasta ahora el problema de la inseguridad en las calles -y en particular el asalto a los taxistas- sigue siendo uno de los grandes flagelos de la sociedad que el Gobierno no ha podido resolver convenientemente, el perjudicado siempre es el usuario, gracias al cual curiosamente se sostiene económicamente este servicio, que al ser público, debería se eficiente y ser controlado en forma permanente por las autoridades para que así sea. Estas deberían profundizar la política de transporte con estímulos y con exigencias para la mejora del servicio, a fin de beneficiar claramente a la comunidad.
En un afán de intentar dar una solución a un problema que se salió de cauce hace mucho tiempo y a raíz de la inseguridad creciente que generaba en la población el hecho de subirse a un auto ilegal, el Gobierno inventó en 2006 el Servicio Unico de Transporte Público de Pasajeros (Sutrappa), con la idea de unificar taxis y remises, bajo el nombre de autos de alquiler. Se estima que son alrededor de 8.000 los vehículos habilitados; sin embargo, el servicio público sigue siendo deficiente, en particular entre las 23 y las 5. Pero no sólo en lo que a frecuencia horaria se refiere, hay escasez de autos de alquiler. Esta situación se refleja también cuando cae sobre la ciudad un insignificante chaparrón; basta que ello ocurra para que los taxistas desaparezcan hasta varias horas después, y si la precipitación ha ocurrido en las primeras horas de la madrugada, no habrá vehículos disponibles hasta el amanecer.
Las deficiencias del servicio público también se notan en los importes que se cobran a los pasajeros, ya que pocas veces son iguales por un mismo trayecto realizado. Los excesos cometidos en la madrugada de la Navidad pasada -varios taxistas cobraban casi el doble del importe del viaje- dejaron mal parado -una vez más- al sector. A ello se suma la protesta casi generalizada de los discapacitados motrices -suman 98.000 en Tucumán- que se ven impedidos de usar este servicio por las actitudes descorteses de muchos choferes -hay lógicamente excepciones-. “Con los taxis es imposible movilizarse. Los choferes no quieren molestarse en tener que bajar, plegar la silla y guardarla en el baúl. Dicen que no entra porque llevan el tubo de gas o porque le puede arruinar el vehículo”, le decía en diciembre pasado a nuestro diario un joven inválido que trabaja en la Policía. Agregaba que para lograr que algún vehículo se detuviera debía esconderse y pedirle a cualquier persona que le hiciera señas a un auto de alquiler, de manera que cuando este se detuviera, no hubiera excusas para negarse a trasladarlo.
Los propietarios y choferes de taxis argumentan que la escasez de vehículos luego de las 23 se debe a la inseguridad. Un directivo del Sindicato de Peones de Taxis afirmó que actualmente el 40% de los vehículos que circula por la capital trabaja desde las 5 hasta las 23 y denunció que en diciembre hubo 70 asaltos a taxistas. Les robaron dinero, relojes, las radios para comunicarse con la operadora y teléfonos celulares. Además, los delincuentes se llevaron nueve autos, de los cuales cuatro de ellos siguen desaparecidos. Adelantó que continuarán profundizando esta medida hasta que reciban una respuesta de las autoridades. Por su parte, la Municipalidad argumentó que no es la encargada de regular el horario en que debe brindarse este servicio público.
Si bien es cierto que hasta ahora el problema de la inseguridad en las calles -y en particular el asalto a los taxistas- sigue siendo uno de los grandes flagelos de la sociedad que el Gobierno no ha podido resolver convenientemente, el perjudicado siempre es el usuario, gracias al cual curiosamente se sostiene económicamente este servicio, que al ser público, debería se eficiente y ser controlado en forma permanente por las autoridades para que así sea. Estas deberían profundizar la política de transporte con estímulos y con exigencias para la mejora del servicio, a fin de beneficiar claramente a la comunidad.







