07 Enero 2008 Seguir en 
Mientras los trabajadores se debaten entre las AFJP y el Estado, los problemas del sistema previsional pasan por cuestiones mucho más profundas. Emulando a Isidoro Cañones.Bien argentino, Isidoro Cañones ocupó varias semanas y parte de la fortuna de su tío -el coronel Urbano Cañones- en pergeñar una martingala infalible para no perder en la timba. En la tira, Isidoro consiguió el dinero del coronel mintiéndole que lo utilizaría para abrir una mueblería y sentar cabeza.
Emulando al personaje de la tira cómica, millones de argentinos ocuparon varios días, largas charlas y múltiples consultas para descifrar qué sistema jubilatorio era el más conveniente para su futuro. Como boticarios, intentaron obtener una fórmula que les diera la certeza de que recibirían una pensión digna al momento del retiro.
A muchos la reforma previsional les devolvió la esperanza, luego de padecer la incertidumbre y hasta la resignación de pertenecer a un sistema en el que desconfían porque ya perdieron dinero con la pesificación o porque veían escasos sus fondos acumulados para el retiro. Es el caso del medio millón de trabajadores que a 10 años de jubilarse contaban con $ 20.000 o menos en sus cuentas de capitalización. Ellos pasaron, por ley, compulsivamente al Estado y se garantizaron al menos una jubilación mínima, algo que quizás no iban a conseguir con tan pocos aportes en el sistema privado.
A otros, la posibilidad de optar entre ambos sistemas los puso ante una disyuntiva de complicada resolución. Peor que el cepo de la imposibilidad de elegir fue la de errar. “Quedate donde estás bien” es, justamente, el eslogan de la AFJP Arauca Bit.
Privado versus público
Como Isidoro, el sector privado y el del Estado agudizaron su astucia para captar afiliados.
La Unión de AFJP (Uafjp) puso a disposición de los usuarios, en su página de internet, un simulador previsional. Ingresando la edad y el nivel salarial, el programa hacía una proyeccción de lo que se recibiría como jubilación en uno y otro sistema. En todos los casos, la pensión resultaba un 70% superior dejando los aportes en capitalización. A pocas semanas de estar “colgado” en la red, el Gobierno nacional ordenó a la Uafjp que retire el simulador. La Anses utilizó otra estrategia: habló de los beneficios de tener la libertad de elegir e hizo hincapié en la tranquilidad que debían tener los trabajadores al saber que el Estado era el garante de la jubilación futura.
Son 14,5 millones los trabajadores expuestos a la disyuntiva previsional. Estudios concienzudos, como el elaborado por los docentes de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNT Antonio Dámaso Benito y Federico López Chavanne, concluyen que el de capitalización es el sistema que otorga más beneficios y rentabilidad de acuerdo con el esfuerzo de aportes que realiza cada trabajador. Pero los expertos de la UNT también advierten que la falta de seguridad jurídica del país, el constante cambio en las reglas de juego y la falta de previsibilidad a largo plazo imposibilita poder hablar de garantías o de certezas con uno u otro sistema.
Poco más de 100.000 tucumanos, una quinta parte de la población económicamente activa de la provincia, optaron por abandonar las AFJP. A nivel nacional, 1,2 millón de personas hicieron lo mismo. Dentro de cinco años, si las reglas de juego no cambian nuevamente, todos los que posean un empleo formal se enfrentarán a otra chance para optar.
Pero el problema para los jubilados del futuro es mucho más complejo que tomar la decisión entre dos sistemas, muy distintos, que coexisten y de los que ni los más experimentados profesionales de las ciencias exactas se atreven a recomendar sin plantear dudas.
El informe de Benito y de López Chavanne advierte que hacia 2050 los aportantes a ambos sistemas jubilatorios alcanzarán a 17,2 millones de personas, mientras que los pasivos rondarán los 7,9 millones. Estudios sobre esa cuestion predicen que el modo de financiar el sistema de reparto en el largo plazo será por la vía de incremento de impuestos (al consumo o al trabajo), por la vía de la reducción de beneficios previsionales, o por la vía del aumento de la edad de retiro. Para que el sistema previsional de cualquier país sea sustentable, por cada jubilado deben hacer aportes 2,5 trabajadores, ecuación que no cuaja en la Argentina.
Sólo una buena administración de la cosa pública podría garantizar que en las próximas décadas las reservas monetarias para los futuros jubilados no desaparezcan. En la década del 90, la deuda creció, entre otros motivos, por la necesidad de tomar préstamos del mercado internacional para pagar a los jubilados. Durante 14 años no hubo incrementos salariales para los pasivos y en el último suspiro de la gestión De la Rúa se recortó un 15% el ingreso de los que cobraban más de $ 1.000.
Al final de la tira cómica, el simpático personaje creado por Dante Quinterno, bien argentino, se quedó con las manos vacías: despilfarró el dinero del tío y comprobó que, para algunas cosas, no hay martingala infalible. Mientras la timba con los fondos previsionales continúe, la inseguridad jurídica sea una constante y la imprevisibilidad se convierta en el arma principal de los gobiernos de turno, el problema jubilatorio se mantendrá en dimensiones mucho más profundas que la simple decisión entre una AFJP o el Estado.







