06 Enero 2008 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Los primeros días de 2008 no trajeron las mejores noticias para el gobierno que encabeza Cristina Fernández. Tampoco para la administración porteña de Mauricio Macri.Seguramente la Presidenta hubiera preferido otro escenario para el inicio de su mandato, pero la realidad suele imponerse más allá de los deseos y las estrategias oficiales.
Atrás quedaron los gestos que protagonizó para diferenciarse de su marido y antecesor en el cargo, como la reunión con la cúpula de la Iglesia Católica y el reconocimiento de la existencia de un problema energético. Y los índices de la economía, que siguen demostrando crecimiento y recaudación imparables , no alcanzan para equilibrar la balanza. Las circunstancias impusieron su propia dinámica y repartieron costos.
Cuando finalizaba el 2007, se conoció el fracaso del operativo montado por el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, para conseguir la liberación de rehenes en poder de las FARC, que tuvo al ex presidente, Néstor Kirchner, como principal figura de una comisión internacional de mediación.
Los costos del fallido operativo son imputables a Chávez, que montó un verdadero show mediático con un tema tan sensible sin tener aseguradas las mejores cartas, y no al gobierno argentino. Sin embargo, el protagonismo que asumió Kirchner y la profusa difusión que se le dio desde el aparato estatal, hicieron que algunas esquirlas lo salpicaran.
Pero junto al Año Nuevo llegaron también los temidos y siempre anunciados cortes de energía eléctrica, sumados a los del servicio de agua que ahora gerencia el Estado Nacional, con cacerolazos incluidos. Esto despertó las señales de alarma entre los funcionarios nacionales, que no ven con agrado que en las tapas de los diarios y en la TV se difundan imágenes con vecinos blandiendo sus cacerolas, por más que no sumen más que unos cientos. Una mecha alcanza para detonar una bomba...
Cierto es que las condiciones meteorológicas excepcionales, con 42 grados de sensación térmica, sumadas a algunas fallas técnicas, no son sinónimo de crisis generalizadas, como auguran algunos. Pero también, es real que la capacidad energética argentina se encuentra en su límite de producción y el consumo sigue en aumento. Esto revela un problema de fondo, como es la falta de inversiones de infraestructura de largo plazo que permitan acompañar el crecimiento económico constante.
En ese marco, reemplazar lamparitas comunes por las de bajo consumo o jugar con los husos horarios no parece ser una solución acorde con el problema, por más que algún funcionario hable del “éxito” que tuvo la medida, mientras miles de argentinos festejaban el Año Nuevo con velas y sin agua.
También, en las primeras horas del 2008 se sintieron los efectos del tarifazo en el transporte público que dispuso Néstor Kirchner antes de dejar el poder, pero que repercutió en la gestión de su esposa.
Campañas orquestadas
No siempre detrás de los hechos existe una “campaña” orquestada por quienes “quieren volver al pasado”. No siempre es bueno buscar un enemigo a quien responsabilizar. Negar la realidad puede funcionar por un tiempo, pero tarde o temprano esta se impone. Pasó con la inflación. Para el Indec el índice del 2007 estará por debajo de los dos dígitos... Cristina Fernández sabía que no le esperaban días fáciles en el sillón de Rivadavia, pero es difícil que imaginara la rapidez con que llegaron los difíciles.
Primero, fue el cruce con Hugo Moyano y las advertencias públicas. Luego, la Ciudad de Buenos Aires se vio paralizada por reclamos de un sector del sindicalismo que busca desplazar al camionero de la conducción de la CGT. Inmediatamente se produjo la misteriosa muerte del represor Héctor Febres, en dependencias de Prefectura.
Al terminar el año, se produjo el fuerte enfrentamiento con Estados Unidos por el caso de Antonini Wilson y su valija de dólares. La Presidenta acusó a ese país de montar una operación por su alineamiento con Chávez.
De repente Argentina se vio inmersa en una cadena de intrigas con espías, dobles agentes y triples intenciones...
Lo cierto es que Antonini, sea agente del FBI, hombre de Chávez, o empresario de dudosos recursos, no llegó a la Argentina en un avión de línea o en una nave de la CIA, sino que lo hizo en una aeronave alquilada por funcionarios del gobierno de Kirchner.
En medio de tanto río revuelto, se produjo la intervención argentina en la liberación de rehenes en manos de las FARC en Colombia, a partir de un operativo montado por Chávez. Para ello, la Presidenta dispuso que su esposo y ex presidente sea el enviado argentino y puso a su disposición los recursos del Estado como el avión Tango 01.
El papel de mediador que le tocó a Kirchner parecía sentarle bien los primeros días. Pero el rol de la comisión mediadora, con representantes de varios países, se fue tornando muy incómodo con el transcurrir de los días.
Hechos relevantes
Algunas cuestiones para tener en cuenta:
1) Las FARC son un grupo guerrillero, ilegal, muy poderoso, que financia sus operativos con la venta de droga.
2) Ese grupo opera en Colombia, país soberano con autoridades constituidas cuyo gobierno tiene fuertes lazos con Estados Unidos, está enfrentado políticamente con Chávez y no vio con buenos ojos su intervención, por más que la haya aprobado.
3) El bolivariano viene de perder unas elecciones con las que aspiraba perpetuarse en el poder y busca retomar la iniciativa política.
4) El gobierno argentino tiene fortísimos lazos económicos con Chávez más que una sintonía ideológica de fondo.
5) El gobierno de Estados Unidos está enfrentado con Chávez, respalda a la administración de Alvaro Uribe y protagonizó un cruce con Argentina.
Finalmente, el operativo fracasó. Uribe lanzó una bomba al anunciar que uno de los rehenes, el niño Emmanuel, no estaba en poder de las FARC, sino en un instituto del gobierno colombiano (hecho confirmado por la primera prueba de ADN y reconocido por la guerrilla), la comisión mediadora regresó y Chávez quedó al borde del ridículo.
La alta exposición que durante cinco días tuvieron las negociaciones con las FARC, contrastó con la sobriedad con la que los gobiernos de Argentina y España trabajaron para liberar a la enfermera de Médicos sin Fronteras secuestrada en Somalia, misión que sí terminó con éxito.
En política internacional, sobre todo en temas tan delicados, no es recomendable improvisar o dejarse llevar por impulsos. En la ciudad de Buenos Aires, Macri tuvo que afrontar sus propios problemas.
Los porteños recibieron el año con facturas de impuestos con los aumentos prometidos y, en algunos casos, superiores a los anunciados. Macri no pudo explicar por qué era necesario semejante incremento y prometió que se revisarían los casos uno por uno. Eso sí, luego de que se paguen las boletas y no antes.
Luego, resolvió desprenderse de más de dos mil empleados que, según denunció, representaban a cargos políticos y ñoquis.
La medida provocó la primera crisis en la nueva administración, que incluyeron paros, movilizaciones y fuertes respaldos del sindicalismo nacional encabezado por Hugo Moyano. "Si Macri quiere cambios tiene que correr con los costos", analizaba un importante funcionario nacional.
Los sectores involucrados parecen ser conscientes de esto y amenazan con jugar a fondo.
A los paros promovidos por el poderoso gremio de los municipales porteños para rechazar los despidos, Macri respondió golpeando donde más les duele a los que representan a los trabajadores e intervino la obra social de la Ciudad.
Macri deberá enfrentar la semana próxima un nuevo paro, esta vez de tres días, que pondrá a prueba la firmeza de su decisión. Sabe que no puede dar marcha atrás porque sería imposible afrontar cuatro años de gestión si desiste el primer mes. Pero también, es consciente de que no cuenta con aliados de fuerza en los que apoyarse para cumplir con sus promesas. (DyN)







