Verano en la línea de fuego
La ola de calor hizo estragos y la crisis de energía salió a ventilarse. Macri recibe todas la semanas los resultados de una encuesta; la última lo ubica con el 62% de apoyo. Por Angel Anaya, columnista diario LA GACETA.
BUENOS AIRES.- Sólo las lejanas jornadas de los cacerolazos han sido comparables con las horas que hoy transcurren en la ciudad. Cortes puntuales de energía que recorren los barrios y agua sin presión en los servicios volcaron a las calles de distintas zonas a vecinos y comerciantes mientras las empresas responsables no alcanzan para atenderlos en horas interminables. La ola de calor hizo estragos y la crisis de energía salió a ventilarse. En paralelo, como una rara confabulación, el conflicto del sindicato municipal -Suteba- con el gobierno autónomo de Mauricio Macri comenzó a bloquear el microcentro resistiendo al cese de personal con contratos vencidos. De pronto, la voz de Hugo Moyano suma la CGT a esa movida y los porteños bordean la locura. El colapso energético era previsible hasta por el propio gobierno, pero no su coincidencia con la movida gremial, donde se dibuja a la perfección una estrategia que, a juicio del macrismo, tiene su epicentro en la Jefatura del Gabinete. La política nacional ha tomado un rumbo singular, como un fenómeno de inercia que rara vez se interrumpe desde hace un tiempo: a un episodio conflictivo que de alguna manera complica al poder, sucede otro de inmediato que trata de contrarrestarlo. A la valijagate de SW siguió la fallida excursión a la selva colombiana; a los inflexibles pasos del alcalde porteño y eventual rival nacional futuro, la movida sindical a troche y moche. Pero el latigazo de la energía no fue estrategia de nadie sino fruto de una ceguera. Encuestas y consignas
Lo real es que todo suma a la mochila que recibió CFK de su esposo, quien no ha dejado, para colmo, de estar presente en gestos y palabras de todas sus decisiones y movimientos. Mauricio Macri es uno de los altos funcionaros públicos que puede presumir de no dar paso sin las opiniones de sus numerosos consejeros, costumbre que lo distingue de sus adversarios de hoy.
Desde que se advirtió el conflicto que provocaría su cargo frente a la Casa Rosada, semanalmente y a veces día por medio, como ahora, recibe resultados de encuestas que le dan cuenta de lo que piensan sus electores, el 62% de los porteños.
Las mismas están siendo concluyentes y con una proporción aún mayor que las de las urnas; especialmente después de que grupos con bombos irrumpieran en los pasillos de la sede comunal. Pero la situación tiene aún un riesgo más inquietante, pues en ámbitos de la Policía Federal metropolitana es fácil advertir la existencia de órdenes superiores que bajo la consabida consigna de no criminalizar la protesta, disponen abstenerse de impedir el acceso al palacio municipal. Todo indica que ha llegado la hora de romper lanzas, pues la vecindad del adversario facilita alternativas para tratar de tapar otros conflictos tal cual aconseja la estrategia del poder. (De nuestra Sucursal)







