La ceguera social o las nuevas esclavitudes

Las denuncias por fugas del hogar crecen en Tucumán. Un marco propicio para proxenetas y reclutadores de chicas pasibles de ser convertidas en esclavas y prostitutas. Por Noralía Jabif - Redacción LA GACETA.

05 Enero 2008
En Tucumán cada vez son más las chicas que se fugan de sus casas. Un termómetro de esa tendencia creciente es la División Trata de Personas de la Policía de Tucumán, un organismo dependiente del Ministerio de Seguridad Ciudadana que nació hace seis meses, en parte inspirado por Susana Trimarco, la madre de Marita Verón. Una crónica que publicó LA GACETA hace apenas una semana señala que ese organismo recibe a diario entre dos y tres denuncias por desaparición de personas, y que en el 85% de los casos, los “desaparecidos” son menores de entre 13 y 16 años.
La relación entre fuga de hogar y trata de personas no es caprichosa, según afirman los expertos -policías, abogados, psicólogos- involucrados en este tema; tema que, además,  mueve tanto dinero que ya se ha convertido en el tercer negocio mundial, después del tráfico de armas y de drogas. Afirman que un chico se va de su casa por motivos económicos (los más humildes) o por violencia doméstica (que no respeta clases sociales). Ambas situaciones- pobreza y vulnerabilidad emocional- son el marco ideal para proxenetas o reclutadores, piezas de una trama cuyo fin es la explotación de personas y que a la gente común le parece parte de truculentas historias de ficción. Sin embargo, en los legajos judiciales, así como en los que se apilan en la División Trata de Personas, o en los de la fundación “María de los Angeles” abundan testimonios de que la explotación de menores en la región no es cuento. En estos cuatro años, la búsqueda de Marita Verón que llevó a cabo su madre -que arrastró consigo a la Justicia y a la Policía- ha servido para liberar jóvenes que, créase o no, estuvieron literalmente secuestradas durante cinco años ejerciendo la prostitución en burdeles recónditos, en polvorientos pueblos de La Rioja y de otras provincias argentinas. Precisamente, en el capítulo argentino de un informe de la Organización Internacional de Migraciones sobre el tema “se confirma la existencia de una compleja red interprovincial dentro del propio Noroeste del país, con una ruta específica entre Tucumán y La Rioja aunque también con presencia de contactos con reclutadores, proxenetas y tratantes de otros lugares”. Agrega el documento que La Rioja es “claramente” el destino al que llegan mujeres de Tucumán y de otras provincias. Sin embargo, se reconoce que en Tucumán existe “una ruta interprovincial específica”.
Por lo que se ve, la Justicia recién está empezando a atender este fenómeno (en el Congreso nacional ha quedado a medio camino un proyecto sobre Trata de Personas), aunque hay provincias -como Córdoba - en las que los operadores jurídicos y policiales muestran mayor comprensión del tema.
Se sabe que las instituciones acompañan los humores de la comunidad en la que están insertas. En Tucumán, la sociedad no parece haber dimensionado todavía la gravedad de la cuestión, porque ello implica en parte mirarse en el espejo. Un oficial de la división Trata de Personas reflexiona: “el único modo de prevenir la fuga del hogar es el diálogo de los padres con hijos e hijas”. Ese tema trasciende la responsabilidad del Estado.

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