30 Diciembre 2007 Seguir en 
Gobierno e Iglesia lograron cerrar el año en un clima de distensión y con expectativas de una nueva etapa, aunque los pronósticos para 2008 auguren tormentas por temas clave para los obispos como el aborto y la definición del estatus del Obispado castrense.
La visita que la cúpula episcopal, encabezada por el cardenal Jorge Bergoglio, hizo a la presidenta, Cristina Fernández, a poco de asumir la primera magistratura fue el primer paso en el camino para recomponer un diálogo bilateral que -reconocen las partes- se presenta sinuoso y con obstáculos, algunos difíciles de salvar.
Un escollo será designar al nuevo obispo castrense y definir la situación de las capellanías militares, que el Gobierno -y sobre todo la primera mandataria- analiza disolver.
Este tema se transformó en el centro de la tensión desde 2005, cuando el ex presidente Néstor Kirchner echó -unilateralmente, según el Episcopado- a monseñor Antonio Baseotto y exigió su remoción al Vaticano por su alegoría bíblica de tirar al mar a quienes reparten preservativos, en alusión a una propuesta hecha por el entonces ministro de Salud, Ginés González García.
Un tema sin definición, aunque desde Balcarce 50 se diga que está “cuasi superado”. No obstante, podría avanzarse si la Santa Sede otorga rápidamente el “placet” para que Alberto Iribarne, ex ministro de Justicia, sea embajador.
Otro tópico que desvela sobremanera a los representantes de la Iglesia es el posible debate legislativo de leyes para despenalizar el aborto y para permitir las uniones civiles de personas de un mismo sexo, normas a las que consideran “moralmente inaceptables”.
A pesar de que Cristina Fernández ordenó al Congreso dejar caer hasta 2008 las iniciativas para reglamentar los abortos no punibles que contempla el Código Penal, los hombres de Iglesia expresaron temor - según pudo constatar DyN- de que la ley salga por vía judicial y no legislativa, como ocurrió en algunas provincias.
Pero hay más temas pendientes, que tampoco se definieron en la audiencia protocolar que se llevó a cabo el 19 de diciembre en la Casa Rosada. Entre ellos, los obispos quieren saber si la Iglesia será invitada a participar de la concertación social y plural que pregona la jefa de Estado como “leitmotiv”de su gestión.
Los prelados también aspiran a que el Gobierno encarne las prioridades incluidas en el documento sobre el compromiso ciudadano y el bien común que el Episcopado difundió en abril pasado y entregó a la Presidenta en la reunión.
En ese texto, que supo molestar a estrechos colaboradores de su marido, la Iglesia reclamó una autonomía “real y auténtica” de los tres poderes del Estado, independencia que consideró “imprescindible” para el ejercicio de la democracia.
Los obispos también exhortaron en aquella ocasión a “promover el verdadero federalismo”, a trabajar por la reconciliación y la justicia sin resentimientos, a propiciar una reforma política y del Estado, y a respetar el derecho humano a la vida desde el momento de la concepción hasta su fin natural.
Todo indica que la clave para el año que se inicia será preservar el respeto por la diversidad de opiniones y establecer cómo encauzar el diálogo, al que el vicepresidente del Episcopado y arzobispo de Tucumán, monseñor Luis Villalba, calificó como “la expresión culta y civilizada de una sociedad pluralista”.
La visita que la cúpula episcopal, encabezada por el cardenal Jorge Bergoglio, hizo a la presidenta, Cristina Fernández, a poco de asumir la primera magistratura fue el primer paso en el camino para recomponer un diálogo bilateral que -reconocen las partes- se presenta sinuoso y con obstáculos, algunos difíciles de salvar.
Un escollo será designar al nuevo obispo castrense y definir la situación de las capellanías militares, que el Gobierno -y sobre todo la primera mandataria- analiza disolver.
Este tema se transformó en el centro de la tensión desde 2005, cuando el ex presidente Néstor Kirchner echó -unilateralmente, según el Episcopado- a monseñor Antonio Baseotto y exigió su remoción al Vaticano por su alegoría bíblica de tirar al mar a quienes reparten preservativos, en alusión a una propuesta hecha por el entonces ministro de Salud, Ginés González García.
Un tema sin definición, aunque desde Balcarce 50 se diga que está “cuasi superado”. No obstante, podría avanzarse si la Santa Sede otorga rápidamente el “placet” para que Alberto Iribarne, ex ministro de Justicia, sea embajador.
Otro tópico que desvela sobremanera a los representantes de la Iglesia es el posible debate legislativo de leyes para despenalizar el aborto y para permitir las uniones civiles de personas de un mismo sexo, normas a las que consideran “moralmente inaceptables”.
A pesar de que Cristina Fernández ordenó al Congreso dejar caer hasta 2008 las iniciativas para reglamentar los abortos no punibles que contempla el Código Penal, los hombres de Iglesia expresaron temor - según pudo constatar DyN- de que la ley salga por vía judicial y no legislativa, como ocurrió en algunas provincias.
Pero hay más temas pendientes, que tampoco se definieron en la audiencia protocolar que se llevó a cabo el 19 de diciembre en la Casa Rosada. Entre ellos, los obispos quieren saber si la Iglesia será invitada a participar de la concertación social y plural que pregona la jefa de Estado como “leitmotiv”de su gestión.
Los prelados también aspiran a que el Gobierno encarne las prioridades incluidas en el documento sobre el compromiso ciudadano y el bien común que el Episcopado difundió en abril pasado y entregó a la Presidenta en la reunión.
En ese texto, que supo molestar a estrechos colaboradores de su marido, la Iglesia reclamó una autonomía “real y auténtica” de los tres poderes del Estado, independencia que consideró “imprescindible” para el ejercicio de la democracia.
Los obispos también exhortaron en aquella ocasión a “promover el verdadero federalismo”, a trabajar por la reconciliación y la justicia sin resentimientos, a propiciar una reforma política y del Estado, y a respetar el derecho humano a la vida desde el momento de la concepción hasta su fin natural.
Todo indica que la clave para el año que se inicia será preservar el respeto por la diversidad de opiniones y establecer cómo encauzar el diálogo, al que el vicepresidente del Episcopado y arzobispo de Tucumán, monseñor Luis Villalba, calificó como “la expresión culta y civilizada de una sociedad pluralista”.







