30 Diciembre 2007 Seguir en 
El auge de la delincuencia y, por ende, el incremento de la inseguridad son reflejos de una sociedad cuyo tejido social está muy deteriorado. Hasta hace unas décadas, era impensable que una iglesia o una escuela podían ser robadas. Sin embargo, estos hechos comenzaron a ocurrir en Tucumán con cierta frecuencia hace un par de lustros.
En nuestra edición del martes, publicamos que la escuela “Doctor Ramón Adrián Araujo”, ubicada en Villa 9 de Julio, fue atacada cuatro veces en menos de diez días. Durante la noche del lunes 24, los docentes reunieron dinero para pagarles a dos serenos para que cuidaran los bienes. Pero bastó que ellos se fueran, al mediodía del martes 25, para que los delincuentes entraran otra vez al establecimiento. Días antes, los ladrones habían saqueado el quiosco y luego entraron al jardín de infantes; el domingo 23 rompieron parte de la secretaría, y entre el lunes y el martes saquearon la cocina y algunas aulas. “No se salvó nada. Estamos muy decepcionados. Estamos seguros de que algunos de los ladrones son estudiantes. Sabían dónde entrar y qué robar”, dijo en la ocasión una empleada administrativa.
En la madrugada del miércoles, la víctima fue la escuela “Ricardo Gutiérrez”, de Villa Urquiza. En la ocasión, los cacos destrozaron el laboratorio de Física y Química y se llevaron bienes por un valor de más de $ 5.000.
En un intento de brindar una respuesta a estos latrocinios a los establecimientos escolares que probablemente se intensifiquen durante las vacaciones, el jefe de Policía dijo que la fuerza elevó tres propuestas a los Ministerios de Educación y Seguridad. Una de ellas consiste en trasladar los objetos de valor de varias escuelas a una sola, de manera que la vigilancia pueda concentrarse en un solo lugar. Les solicitó, por otro lado, a las instituciones educativas que colaboraran instalando alarmas y contratando serenos. El funcionario policial dijo además que para brindar vigilancia permanente a 800 escuelas de la provincia, se necesitarían unos 2.400 efectivos y argumentó que si destinaran tanto personal para realizar esa cobertura se descuidaría los otros sectores de la sociedad.
Como lo señalamos en varias ocasiones en esta columna, el problema de la delincuencia y de la inseguridad excede el ámbito policial y es necesario abordarlo en forma integral. En enero pasado, un experto en estos temas expuso a través de nuestro diario una serie de acciones puntuales para combatir la delincuencia, tales como la movilización comunitaria; la prevención contra grupos violentos; el fortalecimiento de mentores barriales; programas de recreación luego del horario escolar y de visitas a familias desprotegidas y con niños. También propuso planes de educación preescolar que involucren a padres; prevención de la violencia familiar y acciones adecuadas en la Justicia Penal; recuperación de desertores del sistema escolar; capacitación a docentes para afrontar los problemas de origen social en las aulas; fortalecimiento de patrullas dirigidas a lugares conflictivos, entre otros puntos. Lo llamativo es que la mayoría de las propuestas de este experto que integra uno de los organismos del actual gobierno -fue funcionario en el área de Seguridad en el anterior- prácticamente no han sido puestas en marcha.
Si se insiste en combatir la inseguridad únicamente desde el ámbito policial, todo esfuerzo será infructuoso para detener la ola de robos. Es necesario comenzar a sembrar nuevamente especialmente desde la educación, generando conciencia cívica, comunitaria. A mayor educación, menor corrupción, más justicia y menos delincuencia.
En nuestra edición del martes, publicamos que la escuela “Doctor Ramón Adrián Araujo”, ubicada en Villa 9 de Julio, fue atacada cuatro veces en menos de diez días. Durante la noche del lunes 24, los docentes reunieron dinero para pagarles a dos serenos para que cuidaran los bienes. Pero bastó que ellos se fueran, al mediodía del martes 25, para que los delincuentes entraran otra vez al establecimiento. Días antes, los ladrones habían saqueado el quiosco y luego entraron al jardín de infantes; el domingo 23 rompieron parte de la secretaría, y entre el lunes y el martes saquearon la cocina y algunas aulas. “No se salvó nada. Estamos muy decepcionados. Estamos seguros de que algunos de los ladrones son estudiantes. Sabían dónde entrar y qué robar”, dijo en la ocasión una empleada administrativa.
En la madrugada del miércoles, la víctima fue la escuela “Ricardo Gutiérrez”, de Villa Urquiza. En la ocasión, los cacos destrozaron el laboratorio de Física y Química y se llevaron bienes por un valor de más de $ 5.000.
En un intento de brindar una respuesta a estos latrocinios a los establecimientos escolares que probablemente se intensifiquen durante las vacaciones, el jefe de Policía dijo que la fuerza elevó tres propuestas a los Ministerios de Educación y Seguridad. Una de ellas consiste en trasladar los objetos de valor de varias escuelas a una sola, de manera que la vigilancia pueda concentrarse en un solo lugar. Les solicitó, por otro lado, a las instituciones educativas que colaboraran instalando alarmas y contratando serenos. El funcionario policial dijo además que para brindar vigilancia permanente a 800 escuelas de la provincia, se necesitarían unos 2.400 efectivos y argumentó que si destinaran tanto personal para realizar esa cobertura se descuidaría los otros sectores de la sociedad.
Como lo señalamos en varias ocasiones en esta columna, el problema de la delincuencia y de la inseguridad excede el ámbito policial y es necesario abordarlo en forma integral. En enero pasado, un experto en estos temas expuso a través de nuestro diario una serie de acciones puntuales para combatir la delincuencia, tales como la movilización comunitaria; la prevención contra grupos violentos; el fortalecimiento de mentores barriales; programas de recreación luego del horario escolar y de visitas a familias desprotegidas y con niños. También propuso planes de educación preescolar que involucren a padres; prevención de la violencia familiar y acciones adecuadas en la Justicia Penal; recuperación de desertores del sistema escolar; capacitación a docentes para afrontar los problemas de origen social en las aulas; fortalecimiento de patrullas dirigidas a lugares conflictivos, entre otros puntos. Lo llamativo es que la mayoría de las propuestas de este experto que integra uno de los organismos del actual gobierno -fue funcionario en el área de Seguridad en el anterior- prácticamente no han sido puestas en marcha.
Si se insiste en combatir la inseguridad únicamente desde el ámbito policial, todo esfuerzo será infructuoso para detener la ola de robos. Es necesario comenzar a sembrar nuevamente especialmente desde la educación, generando conciencia cívica, comunitaria. A mayor educación, menor corrupción, más justicia y menos delincuencia.







