La violencia incontenible lleva al borde del abismo a Pakistán

Insisten en acusar al gobierno por la muerte de la ex premier y líder de la oposición. Benazir presentía que Musharraf la iba a matar.

PESHAWAR. Policías reprimen violentamente una manifestación de protesta por la muerte de Benazir. REUTERS
PESHAWAR. Policías reprimen violentamente una manifestación de protesta por la muerte de Benazir. REUTERS
30 Diciembre 2007
KARACHI, Pakistán.- Un país sumido en el miedo y en el caos seguía llorando ayer a la ex primera ministra Benazir Bhutto. En el segundo día de luto oficial decretado por el asesinato, el gobierno insiste en que los autores del atentado y muerte de Bhutto fueron los talibanes, pese a que el jefe regional de esta milicia islámica negó toda responsabilidad con el hecho ocurrido en Rawapindi, tras un mitin político con vistas a las próximaselecciones parlamentarias.
Baitullah Mehsud, líder del recientemente formado Tehrik e-Taliban Pakistan (Movimiento Talibán de Pakistán) en las volátiles áreas tribales del país, aseguró ayer que el gobierno está intentando difamarlo. A su vez, dirigentes políticos opositores coinciden en que las agencias de Inteligencia del país estuvieron detrás del ataque.

Parálisis total
Mientras, la vida diaria de millones de personas ha quedado en suspenso. La parálisis del país ha afectado hasta las bodas, una de las pocas diversiones en un Pakistán musulmán donde el alcohol está prohibido. Cientos de ceremonias han sido pospuestas para mejor ocasión. La mayoría de los paquistaníes no podía encontrar ayer comida o combustible, pues gasolineras, tiendas, bancos, oficinas y escuelas estaban cerrados en medio de una oleada incontenible de violencia en repudio por la muerte de Bhutto. Las calles de las principales ciudades del país -Karachi, Islamabad, Rawalpindi, Lahore, Quetta y Peshawar- estaban ayer desiertas, con las huellas de los disturbios populares que dejaron al menos 40 muertos y decenas de heridos víctimas de la represión policial.
Los saqueos se multiplican en todas las ciudades. En Karachi, la capital económica de Pakistán, con 12 millones de habitantes, bandas de ladrones recorren las calles amenazando a los habitantes para que no salieran de sus casas. “Karachi nunca estuvo tan triste y atemorizada”, dijo una vecina. “Estamos encerrados y a punto de quedarnos sin qué comer”, añadió. Al menos 10.000 paramilitares llegaron a Karachi con la orden del presidente, Pervez Musharraf, de disparar contra los alborotadores. Automóviles, ómnibus y motos calcinados se esparcían por las calles de la ciudad.
En Peshawar, ciudad fronteriza del noroeste de Pakistán, miles de manifestantes que protestaban contra Musharraf y gritaban “¡Benazir es la voz de los pobres!” fueron dispersados violentamente por la Policía.
La violencia ha causado también cuantiosas pérdidas materiales, ya que 1.000 comercios y oficinas, 180 bancos, 100 trenes y cientos de automóviles ardieron en todo el país. (DPA-Télam)

En una carta que envió a CNN en octubre, la líder pakistaní señala a su posible asesino
ISLAMABAD.- Benazir Bhutto había enviado un correo electrónico a la cadena de noticias estadounidense CNN, en el que responsabilizaba al gobierno si moría en forma violenta.
“Yo responsabilizaría a Musharraf”, advirtió en un correo electrónico que envió a su vocero en Washington, Mark Siegel, una semana después de que regresó a Pakistán tras ocho años de exilio.
Ese mismo día de su retorno fue recibida por un doble atentado suicida que causó 140 muertes en la manifestación de bienvenida. Se responsabilizó en un principio a la red Al Qaeda por ese atentado. “Me han hecho sentir insegura”, se quejó la ex premier en el correo electrónico que Siegel le hizo llegar a la periodista de la CNN, Wolf Blitzer, que accedió a no publicarlo mientras viviera Bhutto. Bilawal, el hijo mayor de Benazir, leerá hoy el testamento político de la dirigente. “Ha dejado un mensaje para el partido y un testamento”, anunció ayer  Asif Ali Zardari, esposo de Benazir, y destacó que ella había preparado minuciosamente el cronograma de tareas a realizar en caso de su muerte. (Télam)

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