29 Diciembre 2007 Seguir en 
Una experiencia que sumó al Estado, al Cerela, a la producción , a las universidades y a la comunidad muestra que se pueden desarrollar empresas de base tecnológica. En la carpeta de iniciativas para 2008 que mostraron las autoridades de la UNT cuando se les requirió un balance de lo andado y un anticipo de lo que vendrá, el rector, Juan Cerisola, y la vicerrectora, María Luisa Rossi de Hernández, hablaron de por lo menos dos cuestiones que de alguna manera involucran a la Provincia: lo primero fue el anuncio de que la UNT construirá un Centro de Convenciones. La otra cuestión fue la ratificación de la obra del Centro Científico Tecnológico(CCT), en el que confluirán el potencial de los institutos del Conicet con el de los investigadores de la UNT. El primer tema le interesa al Gobierno provincial, porque desde el sector turístico se sostiene que la carencia de un centro con esas características les está quitando la posibilidad de explotar una veta como la del Turismo de Convenciones, que es un negocio que crece en el mundo y del cual provincias vecinas como Salta están sacando tajada.
La segunda cuestión tampoco le resulta ajena al Gobierno, porque la idea de un Centro Científico Tecnológico en el que son socios el Conicet y la UNT -y cuya concreción parece segura- viene enlazada con una segunda etapa, que involucraría a la Provincia como socia de un polo tecnológico en el que también deben tener cabida el mundo de la empresa y el de la producción.
La idea de un polo tecnológico (como los que ya existen en Bariloche, en Rosario y en Santa Fe, entre otras ciudades argentinas) es casi el diseño obligado para toda gestión que entienda que la tecnología es hoy un motor fundamental de desarrollo.
La mayor fortaleza de Tucumán para encarar una iniciativa como esta es el capital humano que se forma en las distintas universidades de la provincia. Pero con eso no alcanza, porque el crecimiento de un polo tecnológico depende, en gran medida, de que los emprendedores potenciales encuentren en el Gobierno nacional y en el provincial señales de aliento a la radicación de empresas tecnológicas, tanto en la faz impositiva como por la vía de créditos blandos, o de la presentación de proyectos financiados por la Agencia Nacional de Ciencia y Tecnología.
La flamante creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología de la Nación permite prever que la política tecnológica estará incluida en la agenda oficial. Lo que queda por develar es si esa cartera respetará las necesidades de un país federal y diverso.
De vuelta al polo tecnológico UNT-Conicet-Provincia, esa iniciativa por ahora es sólo una buena idea, y su concreción está por verse. Pero este año se han desarrollado en la provincia algunas experiencias que indican que es posible un trabajo asociado entre distintos sectores, sin que ello implique abandonar las autonomías respectivas.
Una de esas experiencias ha sido la administración de un probiótico láctico a 200 chicos de zonas vulnerables de Tucumán, acción a la que se sumaron una serie de acciones de concientización y prevención comunitaria que alcanzaron a todos los niños de los comedores en los que se desarrolló la prueba.
En esa iniciativa participaron un organismo de investigación científica del Conicet -el Cerela-; alumnos de distintas carreras de la UNT, de la Unsta y del Instituto Jim; la Secretaría de Ciencia y Técnica de la Provincia; los ministerios provinciales de Desarrollo Social y de Salud; una empresa privada -la productora láctea Al pie de la Vaca- y las comunidades de varios barrios vulnerables del Gran San Miguel de Tucumán.
En un mundo en el que las buenas noticias siempre parecen bromas del Día de los Santos Inocentes, la evaluación de ese programa por parte de todos los involucrados cayó como un regalo de Año Nuevo. Lo que se señala es que, al margen de los beneficios de carácter clínico que parecen haberse detectado en los chicos que ingirieron probióticos aumento de peso, inmunidad a procesos infecciosos, menos parásitos-, ese encuentro entre personas e instituciones tan diversas tuvo un efecto social y comunitario impensado.
Los líderes del proyecto le elevarán al Gobierno nacional los resultados de la iniciativa. Piensan que este probiótico desarrollado por científicos y productores tucumanos para reforzar la alimentación de niños de sectores vulnerables puede ser aprovechado por otras poblaciones parecidas del resto de la Argentina. Con asociaciones así, todos ganan.







