15 Diciembre 2007 Seguir en 
El actor y director Leonardo Gavriloff está de festejo: cumple 20 años de actividad teatral ininterrumpida. Y, como buen artista que se precie, decidió festejarlo arriba del escenario. Esta noche, a las 23, en La Gloriosa (San Luis al 800), el artista presentará el unipersonal "Eusebio Ramírez", de Mariano Moro.
"Se trata de un estreno nacional que también presentaré en Buenos Aires. Hacerlo significó todo un desafío ya que se trata de un personaje melancólico, triste y por momentos muy humorístico", señaló Gavriloff, quien tiene a su cargo no sólo la actuación, sino también la puesta en escena.
La trama gira en torno de Eusebio Ramírez, un transformista y travesti cuarentón que desnuda su intimidad, compartiendo sus recuerdos de infancia, sus alegrías, sus tristezas y el mundo marginal que lo llevó a subsistir como pudo. "Aún en un clima casi cotidiano y dentro de su casa, es una puerta abierta a una historia casi real, llena de soledad y nostalgia, contada desde el humor y el desenfado, pero pleno de ternura y con un tinte musical muy particular", agregó Gavriloff, quien comenzó su carrera actoral en 1987 haciendo teatro para niños. En esta puesta, además, el realizador se juega por una participación más efectiva del público. "El desafío que me impuse fue el de mantener la atención del público con toda naturalidad, sin apelar a la violencia verbal", agregó el artista.
"Se trata de un estreno nacional que también presentaré en Buenos Aires. Hacerlo significó todo un desafío ya que se trata de un personaje melancólico, triste y por momentos muy humorístico", señaló Gavriloff, quien tiene a su cargo no sólo la actuación, sino también la puesta en escena.
La trama gira en torno de Eusebio Ramírez, un transformista y travesti cuarentón que desnuda su intimidad, compartiendo sus recuerdos de infancia, sus alegrías, sus tristezas y el mundo marginal que lo llevó a subsistir como pudo. "Aún en un clima casi cotidiano y dentro de su casa, es una puerta abierta a una historia casi real, llena de soledad y nostalgia, contada desde el humor y el desenfado, pero pleno de ternura y con un tinte musical muy particular", agregó Gavriloff, quien comenzó su carrera actoral en 1987 haciendo teatro para niños. En esta puesta, además, el realizador se juega por una participación más efectiva del público. "El desafío que me impuse fue el de mantener la atención del público con toda naturalidad, sin apelar a la violencia verbal", agregó el artista.







