La costosa entrada para ver la película de 2008
Las decisiones oficiales perturban el ánimo de los ciudadanos, incluso en aquellos que le dieron el voto a Alperovich, en agosto pasado. Un argumento del mal menor. Por Marcelo Aguaysol - Redacción LA GACETA.
14 Diciembre 2007 Seguir en 
Es realmente justificada la pretensión oficial de cobrar todo lo que los contribuyentes adeudan. También lo es que el Estado quiera gastar esa recaudación en obras que mejoren la calidad de vida de la población. Es válido que el Gobierno descongele las tarifas, después de más de un lustro de mantenerse sin grandes variaciones. Pero no parece sensato que el Poder Ejecutivo quiera hacer todo esto, de golpe, y salir ileso argumentando que es el mal menor.El poder y la pasión
El poder de las urnas es limitado. Y ese límite es el bolsillo del ciudadano. El descontento se materializa cuando esa persona siente que su poder adquisitivo va decreciendo, no sólo por los aumentos cotidianos de los productos alimenticios. También por esta suerte de voracidad fiscal de acumular fondos para atender a un Estado que gastará no menos de $ 5.000 millones durante 2008. Además de ser una preferencia vehemente hacia alguien, la pasión también tiene otra definición: la perturbación del ánimo. Claro que 2008 no será un año electoral y, por lo tanto, no se pondrá en juego la imagen gubernamental. Tal vez en la Casa de Gobierno, el razonamiento sea que el tiempo lo cura todo.
Deseo y decepción
Las boletas de los impuestos patrimoniales comenzaron a ser distribuidas y muchos contribuyentes se desayunaron con incrementos que van desde el 20% hasta el 140% en el Inmobiliario, según la zona de residencia. Muchos no saben que se trata de la mitad del aumento, ya que el Ejecutivo aplicará todo el revalúo a partir de 2009.
La gran paradoja -según los testimonios recogidos ayer por LA GACETA- se observa en el Automotor. Para el mercado, el año que pasó devaluó al rodado, pero para la Dirección General de Rentas se apreció, a juzgar por el aumento impositivo.
Por esa razón, muchas de las personas ni siquiera se asomaron aún al organismo a “aprovechar” el descuento del 10% por el pago anual. Sencillamente porque no tienen el dinero suficiente como para poder cubrir esa obligación.
Débiles y poderosos
El Gobierno ha decidido subsidiar a los sectores de escasos recursos, tanto en materia impositiva como en los futuros aumentos de las tarifas de servicios públicos privatizados. Se trata de los habitantes más propensos a bajar de status social por el constante aumento de la canasta básica total, esa que fija el límite de ingresos para no caer en la pobreza.
Pero el efecto de los incrementos será mayor en los grandes contribuyentes y usuarios que, en definitiva, tienen la posibilidad de “cubrir” su mayor costo en el precio final, sin herir sensiblemente la rentabilidad. En el medio, la clase media. Paradojas del destino y del contribuyente que, generalmente, cumple en forma regular con sus obligaciones.
Angeles y demonios
De a poco se está corriendo la cortina de humo que se generó por efecto de la postergación de decisiones para no sensibilizar al ciudadano votante.
Los analistas consideran que la decisión del Gobierno de avalar incrementos masivos pueden alimentar las expectativas inflacionarias, con todas las consecuencias que eso acarrea para el bolsillo de los asalariados. Los estatales, a su vez, están preocupados. Muchos se preguntan si será verdad que el Gobierno avanzará hacia la eliminación de los tickets que reciben por el 20% del sueldo. El comentario general es que sólo las grandes cadenas comerciales reciben los vales, mientras que para convertirlo en efectivo apelan a las “cuevas”, con el consecuente desagio. Otro golpe al bolsillo.
La población ya se sentó a observar la película de 2008. Pero aún no puede definir el género, porque no sabe hasta cuándo subirá el precio de los alimentos, de la indumentaria, de los servicios o de los impuestos provinciales. No sabe si será de terror, de acción o una tragicomedia. Sin embargo, de algo está segura: no se trata de un filme de héroes ni de romanticismo.
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