14 Diciembre 2007 Seguir en 
Hay 360 cargos vacantes en la Policía de Tucumán. En las pruebas que se han iniciado para cubrirlos, se informó que más de la mitad de los 700 postulantes fueron reprobados en el examen intelectual, que abarca Geografía, Historia y Expresión Oral y Escrita. En cuanto a los aspirantes al Servicio Penitenciario, si bien superó el examen un número mayor al de los cargos disponibles, hubo 140 desaprobados.
Por cierto que las pruebas “intelectuales” son solamente parte de las que deben afrontar los candidatos. Tienen que someterse asimismo al examen psicológico y físico, y cumplimentar un curso de capacitación, tras el cual una nueva prueba resolverá finalmente sobre su aptitud. Uno de los reprobados, como lo consigna nuestra nota, apuntó que no le parecía tan importante para ser policía tener -por ejemplo- nociones de la historia de Tucumán, o de su geografía. Comentó que esta última materia, en realidad, no se enseña sino muy ligeramente.
Pensamos que en tal punto debe adoptarse una postura razonable. Es indiscutible que quien aspire a integrar un organismo de atribuciones tan amplias como es la Policía, debe estar dotado de un mínimo equipaje intelectual. Es lo que le permitirá desenvolverse adecuadamente frente al público. Ello aparte de la importancia que tiene, en cualquier persona, poseer conocimientos de cultura general.
Lo que sí sería necesario, como suena a obvio, es que en la confección de las pruebas se tuviera en cuenta los conocimientos que se han impartido, en la etapa escolar, a los candidatos. Y si se los juzgara insuficientes, sería cuestión de proveerles anticipadamente el material que deben estudiar, para que puedan presentarse al examen. Es, entonces, una cuestión que debe considerarse a la hora de organizar los contenidos. En cuanto al examen psíquico, nos parece que allí reside un tema de capital importancia. El policía es un servidor público sometido a la más impresionante cantidad de presiones. El 26 de noviembre pasado, dedicamos una extensa nota a esa situación.
Allí llamamos la atención sobre la necesidad de controlar debidamente el estado psicológico de los policías. La suya es una de las profesiones más estresantes y riesgosas que existen.
El exceso de trabajo, la portación continua de armas, el escaso reconocimiento social, los problemas familiares que genera la actividad, el obvio peligro que entraña y, finalmente, la creciente violencia e intolerancia que invaden a la sociedad, hacen que la mente de estos seres lleve siempre una carga por demás fuerte e intensa.
De todo esto, puede concluirse que el examen psíquico de ingreso debe ser especialmente profundo y abarcador, por una parte. Por la otra, pensamos que, según surgía de nuestra nota, se hace imprescindiblemente necesaria la implementación de una ayuda psicológica a los policías en actividad, mucho más frecuente y detenida que la existente en la actualidad.
Sólo cuidando debidamente ese aspecto básico, nuestra sociedad podrá contar con lo ideal en la delicada materia. Es decir, hombres que no solamente posean la aptitud física e intelectual para desempeñarse en tareas tan delicadas, riesgosas y complejas, sino que también tengan el debido control de su psicología. Ella será puesta a prueba infinidad de veces, a lo largo de sus jornadas de labor.
En todos los países civilizados, se busca hacer respetable a la fuerza pública no solamente por su capacidad de actuar contra el delito, sino también por el equilibrio mental que sustentan sus actos. Conviene no olvidarlo.
Por cierto que las pruebas “intelectuales” son solamente parte de las que deben afrontar los candidatos. Tienen que someterse asimismo al examen psicológico y físico, y cumplimentar un curso de capacitación, tras el cual una nueva prueba resolverá finalmente sobre su aptitud. Uno de los reprobados, como lo consigna nuestra nota, apuntó que no le parecía tan importante para ser policía tener -por ejemplo- nociones de la historia de Tucumán, o de su geografía. Comentó que esta última materia, en realidad, no se enseña sino muy ligeramente.
Pensamos que en tal punto debe adoptarse una postura razonable. Es indiscutible que quien aspire a integrar un organismo de atribuciones tan amplias como es la Policía, debe estar dotado de un mínimo equipaje intelectual. Es lo que le permitirá desenvolverse adecuadamente frente al público. Ello aparte de la importancia que tiene, en cualquier persona, poseer conocimientos de cultura general.
Lo que sí sería necesario, como suena a obvio, es que en la confección de las pruebas se tuviera en cuenta los conocimientos que se han impartido, en la etapa escolar, a los candidatos. Y si se los juzgara insuficientes, sería cuestión de proveerles anticipadamente el material que deben estudiar, para que puedan presentarse al examen. Es, entonces, una cuestión que debe considerarse a la hora de organizar los contenidos. En cuanto al examen psíquico, nos parece que allí reside un tema de capital importancia. El policía es un servidor público sometido a la más impresionante cantidad de presiones. El 26 de noviembre pasado, dedicamos una extensa nota a esa situación.
Allí llamamos la atención sobre la necesidad de controlar debidamente el estado psicológico de los policías. La suya es una de las profesiones más estresantes y riesgosas que existen.
El exceso de trabajo, la portación continua de armas, el escaso reconocimiento social, los problemas familiares que genera la actividad, el obvio peligro que entraña y, finalmente, la creciente violencia e intolerancia que invaden a la sociedad, hacen que la mente de estos seres lleve siempre una carga por demás fuerte e intensa.
De todo esto, puede concluirse que el examen psíquico de ingreso debe ser especialmente profundo y abarcador, por una parte. Por la otra, pensamos que, según surgía de nuestra nota, se hace imprescindiblemente necesaria la implementación de una ayuda psicológica a los policías en actividad, mucho más frecuente y detenida que la existente en la actualidad.
Sólo cuidando debidamente ese aspecto básico, nuestra sociedad podrá contar con lo ideal en la delicada materia. Es decir, hombres que no solamente posean la aptitud física e intelectual para desempeñarse en tareas tan delicadas, riesgosas y complejas, sino que también tengan el debido control de su psicología. Ella será puesta a prueba infinidad de veces, a lo largo de sus jornadas de labor.
En todos los países civilizados, se busca hacer respetable a la fuerza pública no solamente por su capacidad de actuar contra el delito, sino también por el equilibrio mental que sustentan sus actos. Conviene no olvidarlo.







