13 Diciembre 2007 Seguir en 
En nuestra edición de ayer, informamos largamente acerca de la situación creada, el lunes pasado a la noche, en la guardia del Hospital de Niños. Ese departamento entró directamente en colapso. La cantidad desusada de urgencias que se presentaron dio lugar a un considerable retraso en los turnos de atención, según explicaron los médicos. Mientras, por su parte, las madres que acudían llevando a sus chicos enfermos aseguraron que se las forzaba a soportar varias horas de espera; que sus pedidos de informes eran contestados a veces en forma destemplada y que el lugar no estaba debidamente higienizado. Hace más de un mes, en nuestra edición del 14 de octubre, dedicamos una nota a la guardia de referencia. Allí se exponían esperas bastante similares a las del pasado lunes. Madres que llegaban con sus hijos en brazos desde distintos puntos de la provincia, tras levantarse al alba para sacar número e iniciar la correspondiente espera. En esta cuestión, hay un par de asuntos a tener en cuenta. Los médicos señalan que los pacientes debieran acostumbrarse a concurrir, en primer término, a los CAPS de su zona. Y que sólo en los casos de real necesidad o complicación, debieran trasladarse al Hospital de Niños. Consideran que es “un problema cultural”, esa costumbre de preferir al nosocomio central. También afirman que en un hospital público hay que ejercitar la paciencia, y que esperar dos horas es normal, porque las urgencias tienen prioridad.
Por su parte, las madres alegan con frecuencia que no confían en la atención de los centros primarios, porque generalmente no hay especialistas. Esa es la razón por la cual acuden al hospital. Los argumentos de los profesionales no son descabellados. En nuestro informe referido de octubre se consignaba que gran parte de las consultas planteadas en la guardia se debían a problemas leves. Así lo comprobaba el promedio del tiempo de atención que se le dedicaba luego, al ingresar al consultorio. Esa es la razón por la cual en el Hospital de Niños funciona un sector de orientación, donde los chicos son revisados y se les informa a los padres a qué especialistas deben consultar. Pero de todas maneras, nos parece que el hospital público debe brindar la debida satisfacción a las personas que allí acuden. Puede ser que el CAPS hubiera satisfecho sus inquietudes; pero sucede que invirtieron tiempo y dinero para trasladarse angustiadas hasta el establecimiento central, y por lo tanto, tienen derecho allí a una atención detenida y esmerada. Durante la situación de colapso del lunes, una de las madres apuntaba: “los hospitales están muy lindos, refaccionados, ampliados y pintados, pero seguimos esperando horas para que nos atiendan”. Argumento por cierto que no puede dejarse de tomar en cuenta, a la hora de un examen objetivo de la situación.
Puesto que, como lo reconoce uno de los médicos, en esta época del año las consultas se incrementan, parece obvio que el hospital debe contar con el personal necesario para no entrar en situaciones de dificultad. En una palabra, toda madre que llega a ese establecimiento con un hijo enfermo, debe ser atendida con la mayor celeridad posible. Nada puede justificar demoras que, en este sentido, vayan más allá de lo razonable. El argumento de que “dos horas es normal” es difícil de aceptar.
El Hospital debe contar con la cantidad suficiente de profesionales en todo momento, y especialmente en las épocas y horas en que la experiencia hace prever una multiplicación de las consultas, sean o no de emergencia. Es necesario que las autoridades así lo entiendan y obren en consecuencia.
Por su parte, las madres alegan con frecuencia que no confían en la atención de los centros primarios, porque generalmente no hay especialistas. Esa es la razón por la cual acuden al hospital. Los argumentos de los profesionales no son descabellados. En nuestro informe referido de octubre se consignaba que gran parte de las consultas planteadas en la guardia se debían a problemas leves. Así lo comprobaba el promedio del tiempo de atención que se le dedicaba luego, al ingresar al consultorio. Esa es la razón por la cual en el Hospital de Niños funciona un sector de orientación, donde los chicos son revisados y se les informa a los padres a qué especialistas deben consultar. Pero de todas maneras, nos parece que el hospital público debe brindar la debida satisfacción a las personas que allí acuden. Puede ser que el CAPS hubiera satisfecho sus inquietudes; pero sucede que invirtieron tiempo y dinero para trasladarse angustiadas hasta el establecimiento central, y por lo tanto, tienen derecho allí a una atención detenida y esmerada. Durante la situación de colapso del lunes, una de las madres apuntaba: “los hospitales están muy lindos, refaccionados, ampliados y pintados, pero seguimos esperando horas para que nos atiendan”. Argumento por cierto que no puede dejarse de tomar en cuenta, a la hora de un examen objetivo de la situación.
Puesto que, como lo reconoce uno de los médicos, en esta época del año las consultas se incrementan, parece obvio que el hospital debe contar con el personal necesario para no entrar en situaciones de dificultad. En una palabra, toda madre que llega a ese establecimiento con un hijo enfermo, debe ser atendida con la mayor celeridad posible. Nada puede justificar demoras que, en este sentido, vayan más allá de lo razonable. El argumento de que “dos horas es normal” es difícil de aceptar.
El Hospital debe contar con la cantidad suficiente de profesionales en todo momento, y especialmente en las épocas y horas en que la experiencia hace prever una multiplicación de las consultas, sean o no de emergencia. Es necesario que las autoridades así lo entiendan y obren en consecuencia.







