Una vecindad muy conflictiva

A pesar del ajetreo de la asunción, el matrimonio presidencial acompañó a Peralta y a Das Neves. Distinta oratoria kirchnerista para el caso Betancourt y el Banco del Sur. Por Angel Anaya - Columnista.

11 Diciembre 2007
BUENOS AIRES.- El azaroso ajetreo de fin y comienzo del mandato presidencial no fue obstáculo para que el matrimonio Kirchner viajara hasta Santa Cruz y hasta Chubut para acompañar a sus fieles Peralta y Das Neves durante sus ceremonias de investidura. Amigos son los amigos, especialmente cuando demuestran su capacidad para apagar los incendios. Sin embargo, ni Néstor ni Cristina dispusieron de alguien que se hiciera presente en la ceremonia de transmisión del gobierno de la Ciudad Autónoma, con lo cual, el gobierno federal que, como el porteño, tiene su despacho en la Plaza de Mayo permaneció ausente de la asunción de Mauricio Macri, quien deseó suerte a CFK y concurrió a la cena oficial del Palacio San Martín. Los dos poderes comparten el mismo espacio y pueden saludarse desde sus balcones, pero difícilmente lo hagan a pesar de las invocaciones a la pluralidad, la democracia y el consenso que el matrimonio presidencial propagó en la cena oficial ante la variedad y alcurnia de los invitados extranjeros. Ese mirar para otro lado desde el sillón de Rivadavia no hizo sino confirmar la continuidad de políticas y gestos consecuentes que tanto Cristina como Néstor explicaron con sus frases. “Cristina y yo formamos una pareja que trabaja de lo mismo, que habla de las mismas cosas y que usa una lógica parecida”, ha dicho el esposo; “Para mí y para todos los argentinos, Néstor Kirchner seguirá siendo el presidente”, confirmó su esposa.
La ficción de las ceremonias republicanas máximas pareciera en nuestro caso tan extraordinaria, que se pueda hablar ante el mundo de democracia invocando las diferencias y pedir que la violencia de las FARC se atempere con Ingrid Betancourt. A cada cual lo suyo y por ello el tono discursivo del matrimonio presidencial fue diferente a la hora de promover el Banco del Sur, institución imaginada por Hugo Chávez pero cuya estructura funcional debe ser elaborada, entre los extremos brasileño y boliviano. En ese momento, la oratoria kirchnerista no fue la misma, mas también es cierto que CFK se mostró más moderada, seguramente a la vista de su impostergable problema con el Club de París y la presencia cordial en el ágape del director gerente del Fondo Monetario, Strauss-Kahnn, facilitador ineludible de esa deuda que tapona las inversiones en el país. El paso de Chávez deja sin embargo la firme impresión de que ya no es el mismo para la Casa Rosada y que hay que tratarlo como a un personaje travieso con bolsa petrolera; es decir, con estilo pendular como hace Washington. “Has sido nuestro amigo y te debemos mucho”, lo abrazó NK, mientras CFK cavilaba sobre la reducida delegación de la Casa Blanca a su investidura: la secretaria de Trabajo, Elaine Chao, con despacho muy alejado del poderoso Departamento de Estado. George Bush, se explica allí, sigue con el mal recuerdo de la contracumbre de Mar del Plata, armada hace tres años con la retórica del ahora tan golpeado caraqueño. (De nuestra Sucursal)

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