04 Diciembre 2007 Seguir en 
BUENOS AIRES.- La televisión argentina entró en su segunda semana sin ficción y los televidentes ya comenzaron a manifestar lo que algunos llaman "el síndrome de la abstinencia". De hecho, tanto Telefe como Canal 13 y América reciben cientos de llamados por día de televidentes indignados que quieren ver el final de "Patito feo", "Son de Fierro" o "Lalola".
Tras idas y venidas al Ministerio de Trabajo, los representantes de la Asociación Argentina de Actores (AAA), empresarios de la Cámara de Productores Independientes (Capit) y miembros de la Asociación de Teleradiodifusoras Argentinas (ATA) no terminan de ponerse de acuerdo acerca de un tema del que no se hablaba en serio desde las paritarias de 1975, es decir, desde hace 32 años, y que cambios en la situación política, social, económica y gremial del país volvieron a poner sobre la mesa. La hora de los convenios laborales no tenía por qué dejar afuera a los trabajadores y a los empresarios de la televisión pero la negociación aún no prosperó. Para los espectadores, el dato irreparable es que desde el lunes 26 de noviembre dejaron de seguir las alternativas de sus telenovelas preferidas.
La razón es que productoras y canales decidieron levantar la emisión y grabación de esos ciclos: una medida que -y valga la aclaración, se llama lock-out empresario y no paro de actores- puso al descubierto un conflicto de trabajo entre intereses, de un lado, y derechos, del otro. Según el periodista Carlos Ulanovsky, se trata de un acontecimiento histórico ya que "nunca antes se había tensado tanto la cuerda". En el marco de nuevas paritarias que reemplacen al viejo convenio, el centro de la disputa lo constituyen las horas de trabajo y el ajuste salarial. Ante los diferentes criterios, el gremio de actores decidió atenerse a lo dispuesto en el año 75 y trabajar a reglamento: seis horas 25 minutos diarios, lo que según las productoras les impide mantener el standard de producción con el que se venían trabajando hasta ahora, por lo que respondieron con el cese de las grabaciones.
La última propuesta elevada por las productoras, y rechazada por amplia mayoría, es la de una jornada de nueve horas más una hora para comer. A nivel salarial, hay diferencias por el pago del "bolo" (en la jerga actoral, se llama así a la participación menor con parlamento por capítulo, correspondiente a un único día de trabajo). Hoy se pagan 92 pesos y el reclamo es de 400 (o hasta 350) pesos, todavía lejos de los 200 que arrimaron las productoras.
La madre de todos los problemas está, según Ulanovsky, en los cambios de la estructura empresaria. "Hoy los dueños de los canales son las productoras", dijo. Y consideró que la televisión, cada vez más salvaje y competitiva, no escapó al deterioro general de las condiciones de trabajo. (Especial)
Tras idas y venidas al Ministerio de Trabajo, los representantes de la Asociación Argentina de Actores (AAA), empresarios de la Cámara de Productores Independientes (Capit) y miembros de la Asociación de Teleradiodifusoras Argentinas (ATA) no terminan de ponerse de acuerdo acerca de un tema del que no se hablaba en serio desde las paritarias de 1975, es decir, desde hace 32 años, y que cambios en la situación política, social, económica y gremial del país volvieron a poner sobre la mesa. La hora de los convenios laborales no tenía por qué dejar afuera a los trabajadores y a los empresarios de la televisión pero la negociación aún no prosperó. Para los espectadores, el dato irreparable es que desde el lunes 26 de noviembre dejaron de seguir las alternativas de sus telenovelas preferidas.
La razón es que productoras y canales decidieron levantar la emisión y grabación de esos ciclos: una medida que -y valga la aclaración, se llama lock-out empresario y no paro de actores- puso al descubierto un conflicto de trabajo entre intereses, de un lado, y derechos, del otro. Según el periodista Carlos Ulanovsky, se trata de un acontecimiento histórico ya que "nunca antes se había tensado tanto la cuerda". En el marco de nuevas paritarias que reemplacen al viejo convenio, el centro de la disputa lo constituyen las horas de trabajo y el ajuste salarial. Ante los diferentes criterios, el gremio de actores decidió atenerse a lo dispuesto en el año 75 y trabajar a reglamento: seis horas 25 minutos diarios, lo que según las productoras les impide mantener el standard de producción con el que se venían trabajando hasta ahora, por lo que respondieron con el cese de las grabaciones.
La última propuesta elevada por las productoras, y rechazada por amplia mayoría, es la de una jornada de nueve horas más una hora para comer. A nivel salarial, hay diferencias por el pago del "bolo" (en la jerga actoral, se llama así a la participación menor con parlamento por capítulo, correspondiente a un único día de trabajo). Hoy se pagan 92 pesos y el reclamo es de 400 (o hasta 350) pesos, todavía lejos de los 200 que arrimaron las productoras.
La madre de todos los problemas está, según Ulanovsky, en los cambios de la estructura empresaria. "Hoy los dueños de los canales son las productoras", dijo. Y consideró que la televisión, cada vez más salvaje y competitiva, no escapó al deterioro general de las condiciones de trabajo. (Especial)






