01 Diciembre 2007 Seguir en 
Un análisis de Jorge Figueroa, Redacción LA GACETA. Hace más de 20 años que Sebastián López trabaja para dar visibilidad al arte "periférico", pero también para teorizar y reflexionar sobre él. La última vez que lo vi fue en Amsterdam, en 2000, cuando dirigía la Gate Foundation; después observé en Londres que una gran cantidad de artistas que exponían en la Tate Modern (el templo posmoderno de consagración mundial) lo habían hecho antes en aquel hermoso edificio ubicado a las orillas del canal central. En ese momento era titular de la cátedra de Teoría e Historia del Arte en la universidad, ya había escrito varios libros y numerosos artículos;. En la conversación que mantuve con él se mostraba muy interesado en el arte chino, y ya pensaba que la producción artística de Bolivia, Paraguay y Perú, a las que consideraba relevantes, eran ignoradas por sus propios vecinos. En términos de rankeo, López podría ser ubicado entre los 20 curadores más importantes del mundo; ha trabajado en países tan distantes como Cuba, China, Australia, India, Corea, Costa Rica, Zimbauwe, Estados Unidos y Argentina; pero a pesar de ello, de tanto reconocimiento, no trabaja sobre el mainstream internacional; tiene su propia agenda para hacer visibles los logros de los artistas modernos y contemporáneos de Africa, Asia y Latinoamérica. Este año ha trabajado en la fundación Daros, de Zurich, para crear un museo de arte contemporáneo en Río Janeiro (se inaugurará en 2008).







