Regreso bajo control

Miranda desactivó la pelea interna al respaldar la vuelta del intendente Topa a su cargo.

11 Abril 2002
Por Carlos Abrehu
El final de Raúl Topa parecía cercano. La prolongada ausencia del intendente de su despacho -a raíz de una angioplastia- desató una serie de movimientos políticos en la municipalidad.El peronismo se encontró, de pronto, con el puesto de mando del aparato municipal, al que no pudo volver desde el 24 de marzo de 1976.
Antonio Alvarez -presidente del Concejo Deliberante- reemplazó a Topa. A partir de ese momento, empezaron a madurar los proyectos para suceder al ex vicegobernador de Antonio Bussi. El interinato que inició Alvarez el 14 de marzo estuvo signado por los problemas. Pudo, no obstante, salir a flote haciendo concesiones al sindicato municipal y a la Casa de Gobierno.
Los rumores de intervención a la administración de la capital no dejaron de complicar durante ese lapso al peronista Alvarez. La incertidumbre sobre la vuelta de Topa activó el debate interno en el PJ.
Durante la maratónica reunión del Hipódromo, Antonio Guerrero y José Alberto Cúneo Vergés plantearon críticas a la gestión de Topa. La intervención parecía ser el corolario de ese razonamiento.
Con todo, se necesitan 27 votos en la Legislatura para que se apruebe una ley con ese drástico remedio. La elección del nombre del interventor abría simultáneamente otro debate en la Casa de Gobierno. Del otro lado, se pretendía mantener a Alvarez en el puesto de Topa, con el apoyo del legislador Gerónimo Vargas Aignasse, de ediles y gremialistas. Ante el recalentamiento de la pelea interna, Miranda optó por congelar toda discusión. Avaló a Topa, a quien tiene en un puño desde que la Provincia paga los sueldos. Aquel regresará, pero controlado por el peronismo.

Tamaño texto
Comentarios