Volvieron los Sex Pistols y "Dios salve a la reina"

"¡¡Este es nuestro escenario, el vuestro es el de ahí abajo!!", gritó casi al principio un pletórico John Lydon a modo de advertencia ante la peligrosa euforia de los incondicionales.

PUNK. John Lydon, cantante de la banda, volvió con todas sus provocaciones.REUTERS
PUNK. John Lydon, cantante de la banda, volvió con todas sus provocaciones.REUTERS
12 Noviembre 2007
LONDRES.- La heroína deja sobre la cama cadáveres exquisitos como el de Sid Vicious. El fútbol y la cerveza, peces barrigones y caricaturescos como los que aparecieron hace unos días entre las balaustradas de la Brixton Academy de Londres.
Los Sex Pistol -o lo que queda de ellos- se presentaron media hora tarde y se fueron 20 minutos antes de la hora que ponía el cartel. Y entre el primer tema y el último constriñeron su exiguo repertorio y todos los trucos sucios de los perros viejos.
"¡¡Este es nuestro escenario, el vuestro es el de ahí abajo!!", gritó casi al principio un pletórico John Lydon a modo de advertencia ante la peligrosa euforia de los incondicionales.
Porque lo cierto es que los primeros acordes del show -los de "Pretty Vacant"- desataron una explosión de energía con más kilotones que una bomba de plutonio. "¿Tenías o no tenías ya ganas de un poco de esta mierda?", exhaló Lydon. Enardecidos por la guitarra apocalíptica de Steve Jones, miles de cabezas botaban, aullaban, se apaleaban y se pisoteaban en un tumulto contusionado e inofensivo como una pelea de una película de John Ford.
El epicentro del lío se alojaba en la garganta de Lydon, que cantaba, saltaba como un orangután y esquivaba como podía los escupitajos que le llegaban de las primeras filas. Los gestos obscenos, las manos en los genitales, los ojos fuera de las órbitas... todo era más o menos lo mismo de hace 30 años, pero la carcaza del histrión indiscutible del punk no ha sobrevivido en muy buen estado y sus gestos a ratos parecían fórmulas de cabaret.
El vocalista se plantó en el escenario con pantalón corto, medias de polo y chaleco de tweed, evidente e irónico guiño a lo más rancio de la sociedad inglesa, que hace tres décadas los elevó a la fama atizando contra ellos una hoguera de prohibiciones y censuras.
Por detrás de los saltitos de Lydon, poco más que tres tipos anodinos, tocando aseadamente sus instrumentos sin más expresividad que si tocaran sobre la tapa de un retrete. En realidad no fue una resurrección de ultratumba. Los Pistols han tocado juntos en diversas ocasiones desde su tumultuosa separación en 1978. La primera vez en 1996, para la llamada "gira del lucro indecente", y más tarde en 2002 y 2003. Fueron apariciones intermitentes que no empañan la excepcionalidad de esta ocasión, por lo que tiene de reencuentro con el público londinense. No estaban entre el público ni el artista Malcolm McLaren ni la diseñadora Vivianne Westwood, indiscutibles padrinos del grupo.
El punto álgido del show lo marcó la aparición sobre el escenario de una tela tatuada de sellos con la efigie de Isabel II, imprescindible figurante de este tipo de eventos. "Pasan los años y la jodida vieja sigue ahí", gritó Lydon ante sus fans. (Especial)

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