De los psicópatas

(De "Los padres mártires", por Jean Pierre y Laetitia Chartier, Javier Vergara, Buenos Aires).

10 Abril 2002
"Desde hace veinte años, conocemos algunas familias. La mayoría de sus hijos o hijas son rebeldes. En los últimos treinta años, los medios los han llamado sucesivamente: golfos, blousons noirs, beatniks, hippies, babas cool, rockers, punks, etcétera. En Francia, en los años cincuenta, cuando nosotros mismos éramos niños, nuestros padres los llamaban zazous o J3, por el nombre de la ración especial que se daba a los jóvenes durante y después de la última guerra. Desde entonces, sociólogos y psicólogos han creado para ellos nuevas denominaciones: delincuentes juveniles, sociópatas, perversos, psicópatas, abandónicos, narcisistas. Los dos primeros epítetos estigmatizan conductas sociales transgresoras; los otros hacen referencia al aspecto psicológico, a la presunta personalidad de esos delincuentes. El uso de estos términos (¿nueva etiqueta para viejos productos?) varía en función de la ideología latente o patente del autor especialista en ciencias humanas, y depende a menudo de la teoría sociológica o psicoanalítica en boga en un momento dado. No hay duda de que a veces el lector deberá saber dónde se encuentra, pues las teorías no escapan a la moda, como tampoco escapa la manera de vestirnos, de alimentarnos o de distraernos.
La mayoría de los jóvenes de los que hablaremos han sido acusados de hechos delictivos a veces muy graves. Los psiquiatras y psicólogos que se han acercado a ellos en ocasión de internaciones psiquiátricas o de encarcelamientos, los encontraron particularmente perturbados. Los diagnosticaron como psicópatas.
Los diccionarios de la lengua no dan una definición satisfactoria de este término. Se impone recurrir a una obra especializada: ?Se designa con este nombre a sujetos que presentan una anomalía de su personalidad, graves trastornos afectivos y de carácter y una propensión a las conductas antisociales?.
Estos psicópatas nos han conmovido por su manera desesperante y angustiante de vivir en carne viva, como una herida que no se puede cicatrizar y que no se sabe cómo curar.
Para el psicoanalista de hoy, tal vez ellos constituyan el equivalente del mundillo de los histéricos y otros neuróticos, considerados incurables a comienzos del siglo XX, antes de que Freud volviera caducos, al inventar la cura psicoanalítica, los pronósticos desesperados de tales diagnósticos, verdaderos trabajos forzados a perpetuidad de la mente.
Actualmente, para la mayoría de los psicoanalistas, la psicopatía sigue siendo inaccesible a toda acción y a toda terapéutica. ¿Por qué todos los esfuerzos de los analistas o de los educadores son, tan a menudo, inútiles con ellos? ¿Cómo es posible que jóvenes, cada vez más numerosos , lleguen a no esperar nada de la vida, a entregarse al instinto de muerte mediante la toxicomanía, la agresión física y/o el suicidio? ¿Por qué medios, que no hemos sabido reconocer, tratan a veces de salvarse?
Intentaremos dar una respuesta clínica a estas preguntas, convencidos de que es más importante plantear bien el problema que encontrarle una (mala) solución o una multiplicidad de soluciones contradictorias, como tenemos con frecuencia la impresión cuando leemos algunas obras desconcertantes que tratan sobre lo que, desde Malraux, se ha convenido en llamar la crisis de la civilización".

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