Los taxis y remises ilegales

La comunidad aun espera que las autoridades solucionen un tema tan espinoso y complicado.

10 Abril 2002
No es una novedad señalar que los argentinos, incluyendo los tucumanos, somos afectos a la verborragia, como si hubiese algún tipo de incapacidad inconsciente que nos impide pasar de las palabras a los hechos concretos. La Gendarmería está aún esperando que la Provincia y la Municipalidad se pongan de acuerdo para saber si se encargará de controlar los vehículos que transiten ilegalmente por el municipio.
Lo que pareció una buena idea del intendente y del Concejo Deliberante, y que cuenta con el aval de una buena parte de la ciudadanía, se convirtió en un conflicto político porque seguramente se tocan algunos intereses. Mientras esta disputa prosigue, y amenaza con prolongarse indefinidamente en el tiempo, como sucede a menudo, los taxis y remises ilegales siguen brotando como hongos y circulan sin problemas durante todo el día. Ya se ha comprobado que los esporádicos operativos y las débiles penalizaciones que se aplican son poco eficaces para garantizar el cumplimiento de las normas y ordenanzas.
El extinto pensador español Ortega y Gasset, que vino alguna vez a Tucumán, rápidamente observó la verborragia anodina que nos caracteriza y nos dijo "¡Argentinos, a las cosas!". Es hora de que alguna vez aprendamos la lección.

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