10 Abril 2002 Seguir en 
El sedentarismo es una de las puertas para las enfermedades del hombre moderno. Se estima que, en todo el mundo, el 80% de los adultos carece de ejercicio físico suficiente. Anualmente, 2 millones de personas mueren por no haber dado a su cuerpo suficiente movimiento en toda su vida. Por esa razón, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha dedicado este año su prédica a combatir la falta de ejercicio físico. El Día Mundial de la Salud, que se recordó el domingo pasado, lleva esta vez un llamamiento a hombres y mujeres: "¡Por tu salud, muévete!". Al mundo le hace falta cambiar de hábitos, explican los expertos de la OMS. El deporte disminuye la inclinación a las drogas y reduce la tasa delictiva entre los jóvenes. La actividad física reduce el riesgo de desarrollar enfermedades cardíacas, diabetes, cáncer de colon y dolores lumbares. Disminuye el estrés, la ansiedad y la depresión. Promueve además la interacción e integración social.
La OMS ha hecho un llamamiento a los políticos porque muchos gobiernos no invierten suficientemente en la educación de la población sobre los peligros de la falta de actividad física y tampoco promueven la práctica deportiva desde la infancia.
Sin duda, este último aspecto, en especial, nos toca muy de cerca porque los últimos gobiernos provinciales poco o nada han hecho para difundir el deporte amateur en la comunidad. Disciplinas como el atletismo en sus variadas expresiones, la natación o el basquetbol, que en otras décadas tenían no sólo un público importante, sino también una gran cantidad de deportistas, se hallan casi en extinción.
A la falta de planes de gobierno, se sumó la incapacidad de muchos dirigentes deportivos que no supieron conservar a los clubes como instituciones integradas socialmente a la comunidad. Décadas atrás, los clubes eran los nervios culturales, sociales y deportivos de los barrios. Por ejemplo, eran frecuentes las competencias de natación -uno de los deportes más completos- y el basquetbol contaba con miles de adeptos.
Pese a la ausencia de apoyo de los gobiernos, siempre hay deportistas o científicos que se destacan en el exterior, por lo general, sobre la base del esfuerzo y del sacrificio personal, que llenan de orgullo al país. En ese momento, todos se sienten partícipes -y particularmente, la clase dirigente- de la distinción. No es el triunfo de un individuo contra toda adversidad, sino el triunfo de todos. A la hora de festejar, los comensales aparecen inesperadamente.
Esa alegría colectiva que nos provoca el triunfo de un compatriota en una disciplina deportiva debe llevar a la reflexión a quienes nos gobiernan respecto de qué es lo que concretamente se hace desde el Estado para la difusión del deporte, como un amigo vital de la salud. No se trata, por cierto, de fabricar campeones en las distintas disciplinas, sino de que cada persona incorpore desde temprano a su vida cotidiana la práctica de algún deporte amateur.
Los clubes podrían recuperar el rol de otras épocas, abriendo sus puertas nuevamente a la comunidad. De ese modo, a través de un arancel accesible podrían concentrar la actividad física de los establecimientos educativos en todos los niveles, y de otros sectores de la comunidad.
El Estado, por otro lado, tiene la obligación de velar por la salud y la educación de los ciudadanos. No en vano se acuñó en la historia la frase "mente sana en cuerpo sano". Si aplicamos el consejo, tal vez nuestra clase dirigente se vea también beneficiada. "¡Por la salud de los tucumanos, muévanse!", les diría seguramente la Organización Mundial de la Salud a nuestros gobernantes y dirigentes deportivos.
La OMS ha hecho un llamamiento a los políticos porque muchos gobiernos no invierten suficientemente en la educación de la población sobre los peligros de la falta de actividad física y tampoco promueven la práctica deportiva desde la infancia.
Sin duda, este último aspecto, en especial, nos toca muy de cerca porque los últimos gobiernos provinciales poco o nada han hecho para difundir el deporte amateur en la comunidad. Disciplinas como el atletismo en sus variadas expresiones, la natación o el basquetbol, que en otras décadas tenían no sólo un público importante, sino también una gran cantidad de deportistas, se hallan casi en extinción.
A la falta de planes de gobierno, se sumó la incapacidad de muchos dirigentes deportivos que no supieron conservar a los clubes como instituciones integradas socialmente a la comunidad. Décadas atrás, los clubes eran los nervios culturales, sociales y deportivos de los barrios. Por ejemplo, eran frecuentes las competencias de natación -uno de los deportes más completos- y el basquetbol contaba con miles de adeptos.
Pese a la ausencia de apoyo de los gobiernos, siempre hay deportistas o científicos que se destacan en el exterior, por lo general, sobre la base del esfuerzo y del sacrificio personal, que llenan de orgullo al país. En ese momento, todos se sienten partícipes -y particularmente, la clase dirigente- de la distinción. No es el triunfo de un individuo contra toda adversidad, sino el triunfo de todos. A la hora de festejar, los comensales aparecen inesperadamente.
Esa alegría colectiva que nos provoca el triunfo de un compatriota en una disciplina deportiva debe llevar a la reflexión a quienes nos gobiernan respecto de qué es lo que concretamente se hace desde el Estado para la difusión del deporte, como un amigo vital de la salud. No se trata, por cierto, de fabricar campeones en las distintas disciplinas, sino de que cada persona incorpore desde temprano a su vida cotidiana la práctica de algún deporte amateur.
Los clubes podrían recuperar el rol de otras épocas, abriendo sus puertas nuevamente a la comunidad. De ese modo, a través de un arancel accesible podrían concentrar la actividad física de los establecimientos educativos en todos los niveles, y de otros sectores de la comunidad.
El Estado, por otro lado, tiene la obligación de velar por la salud y la educación de los ciudadanos. No en vano se acuñó en la historia la frase "mente sana en cuerpo sano". Si aplicamos el consejo, tal vez nuestra clase dirigente se vea también beneficiada. "¡Por la salud de los tucumanos, muévanse!", les diría seguramente la Organización Mundial de la Salud a nuestros gobernantes y dirigentes deportivos.







