28 Julio 2007 Seguir en 
Fue una locura. El tránsito pesado reventó la paciencia hasta de los más calmos. Pocos pudieron llegar a horario a su trabajo. Los nervios por los contratiempos y los bocinazos causaron muchos dolores de cabeza. Nadie sabía por dónde circular un poco más rápido. Los automovilistas terminaban haciendo desvíos de más de 10 cuadras. Para llegar a destino, en muchos casos, hubo demoras de 30 minutos más que lo habitual.
En cada esquina había que armarse de paciencia. “Conviene ir por las avenidas”, le gritó un joven a otro conductor, cuando circulaba por Santa Fe y 25 de Mayo, a dos cuadras del desvío por los arreglos en la esquina de Marcos Paz y Maipú. Pero hasta en las avenidas Sarmiento y Avellaneda, que sirvieron como vías alternativas para muchos vehículos, el tránsito fue insoportable y se estancó en reiteradas oportunidades.
Largo recorrido
A la hora en que los chicos salen del colegio, desde las 18.30 hasta las 19, ingresar al centro fue la peor pesadilla. En ese momento, LA GACETA inició un recorrido en auto desde la Legislatura hasta Tribunales.
Los problemas comenzaron a menos de 100 metros de la partida. Eran las 19.05. Una fila interminable de autos esperaba para avanzar desde Maipú hacia Santa Fe, ya que Maipú se encuentra cortada desde ayer, por el arreglo de una bocacalle. Avanzar cada cuadra implicaba demoras de tres o cuatro minutos. En mitad de tiempo, se podía recorrer la misma distancia caminando tranquilo por la vereda.
Además del atascamiento del tránsito, conductores y pasajeros tenían que soportar gritos y bocinazos. Y, en cada esquina, debían arriesgarse a quedar con sus vehículos en medio del cruce a causa del desorden. En la calle 25 de Mayo el tránsito estaba prácticamente detenido. El chofer propuso avanzar dos cuadras más por Santa Fe y doblar por Rivadavia. Este era el recorrido que seguía la mayoría de los automovilistas.
Cuatro cuadras más adelante, en Rivadavia y San Juan, el tránsito volvía a desviarse por otra obra de repavimentación. Para entonces, ya eran las 19.16. El pandemónium en ese sector era monumental, y muchos conductores se bajaban de sus vehículos y se gritaban. “Hay un semáforo que debería ordenar el tránsito; el problema es que nadie lo respeta. Todo el mundo está apurado por pasar. Esta mañana (por ayer) se rozaron un taxi y un auto. Es una vergüenza que no haya inspectores de tránsito para ordenar esto”, se quejó Roberto López, un vecino que estaba parado en la esquina y accedió a una entrevista, mientras el auto de nuestro diario aguardaba para avanzar. La demora fue de seis minutos.
Los automovilistas se tomaban la cabeza con resignación y miraban el reloj. Algunos hablaban a los gritos por celular o movían con desesperación los dedos para enviar mensajes de texto. En los asientos traseros, muchos niños, con mochilas al hombro, buscaban alternativas para entretenerse. Los más revoltosos recibían retos de sus padres.
Para llegar por San Juan hasta Balcarce se tardó cinco minutos. Los 10 minutos que se ocuparon para llegar desde allí hasta 24 de Septiembre fueron insoportables. En esas cuatro cuadras, había autos estacionados en doble fila y los peatones se cruzaban corriendo entre los vehículos. Los automovilistas hacían maniobras para poder avanzar entre los obstáculos. Las manos transpiraban la palanca de cambios, mientras aumentaba también la temperatura del motor.
“Hay que estar muy atento y manejar con cuidado. El pie pasa, de un segundo a otro, del acelerador al freno y viceversa. Me parece una estupidez que los funcionarios hayan planificado todas las obras juntas. Saben que el centro es un caos normalmente y meten todos los cortes juntos. Nadie ha llegado a horario a cumplir con sus obligaciones hoy. Estamos todos locos”, dijo, a través de la ventanilla, Raúl Puentes, en la esquina de San Martín y Balcarce. A partir de allí, el tránsito ganó un poco de fluidez.
A las 19.40, al llegar por calle Lavalle a la puerta trasera de Tribunales, el auto de LA GACETA había recorrido 25 cuadras, 10 más que si lo hubiera hecho normalmente por Maipú, sin desvíos. Fueron 40 minutos infernales, en medio del fárrago, los nervios y la inseguridad.
Si los automovilistas padecieron las consecuencias de la anarquía que reinó ayer en el microcentro de la ciudad, quienes se manejan en ómnibus o en taxis no la pasaron mejor. Los primeros, porque los desvíos que provocan los cortes de calles retrasan sus viajes o los hacen caminar más cuadras que las habituales para llegar a la parada. Los segundos, en tanto, tuvieron que esperar hasta una hora para conseguir un taxi. La mayoría de los autos de alquiler trataba de no ingresar al centro. Sólo lo hacían los que trasladaban pasajeros y, una vez que los dejaban en sus destinos, se dirigían a las paradas tubo. Pero demoraban tanto en cumplir los recorridos que la espera de los pasajeros se hacía interminable.
En cada esquina había que armarse de paciencia. “Conviene ir por las avenidas”, le gritó un joven a otro conductor, cuando circulaba por Santa Fe y 25 de Mayo, a dos cuadras del desvío por los arreglos en la esquina de Marcos Paz y Maipú. Pero hasta en las avenidas Sarmiento y Avellaneda, que sirvieron como vías alternativas para muchos vehículos, el tránsito fue insoportable y se estancó en reiteradas oportunidades.
Largo recorrido
A la hora en que los chicos salen del colegio, desde las 18.30 hasta las 19, ingresar al centro fue la peor pesadilla. En ese momento, LA GACETA inició un recorrido en auto desde la Legislatura hasta Tribunales.
Los problemas comenzaron a menos de 100 metros de la partida. Eran las 19.05. Una fila interminable de autos esperaba para avanzar desde Maipú hacia Santa Fe, ya que Maipú se encuentra cortada desde ayer, por el arreglo de una bocacalle. Avanzar cada cuadra implicaba demoras de tres o cuatro minutos. En mitad de tiempo, se podía recorrer la misma distancia caminando tranquilo por la vereda.
Además del atascamiento del tránsito, conductores y pasajeros tenían que soportar gritos y bocinazos. Y, en cada esquina, debían arriesgarse a quedar con sus vehículos en medio del cruce a causa del desorden. En la calle 25 de Mayo el tránsito estaba prácticamente detenido. El chofer propuso avanzar dos cuadras más por Santa Fe y doblar por Rivadavia. Este era el recorrido que seguía la mayoría de los automovilistas.
Cuatro cuadras más adelante, en Rivadavia y San Juan, el tránsito volvía a desviarse por otra obra de repavimentación. Para entonces, ya eran las 19.16. El pandemónium en ese sector era monumental, y muchos conductores se bajaban de sus vehículos y se gritaban. “Hay un semáforo que debería ordenar el tránsito; el problema es que nadie lo respeta. Todo el mundo está apurado por pasar. Esta mañana (por ayer) se rozaron un taxi y un auto. Es una vergüenza que no haya inspectores de tránsito para ordenar esto”, se quejó Roberto López, un vecino que estaba parado en la esquina y accedió a una entrevista, mientras el auto de nuestro diario aguardaba para avanzar. La demora fue de seis minutos.
Los automovilistas se tomaban la cabeza con resignación y miraban el reloj. Algunos hablaban a los gritos por celular o movían con desesperación los dedos para enviar mensajes de texto. En los asientos traseros, muchos niños, con mochilas al hombro, buscaban alternativas para entretenerse. Los más revoltosos recibían retos de sus padres.
Para llegar por San Juan hasta Balcarce se tardó cinco minutos. Los 10 minutos que se ocuparon para llegar desde allí hasta 24 de Septiembre fueron insoportables. En esas cuatro cuadras, había autos estacionados en doble fila y los peatones se cruzaban corriendo entre los vehículos. Los automovilistas hacían maniobras para poder avanzar entre los obstáculos. Las manos transpiraban la palanca de cambios, mientras aumentaba también la temperatura del motor.
“Hay que estar muy atento y manejar con cuidado. El pie pasa, de un segundo a otro, del acelerador al freno y viceversa. Me parece una estupidez que los funcionarios hayan planificado todas las obras juntas. Saben que el centro es un caos normalmente y meten todos los cortes juntos. Nadie ha llegado a horario a cumplir con sus obligaciones hoy. Estamos todos locos”, dijo, a través de la ventanilla, Raúl Puentes, en la esquina de San Martín y Balcarce. A partir de allí, el tránsito ganó un poco de fluidez.
A las 19.40, al llegar por calle Lavalle a la puerta trasera de Tribunales, el auto de LA GACETA había recorrido 25 cuadras, 10 más que si lo hubiera hecho normalmente por Maipú, sin desvíos. Fueron 40 minutos infernales, en medio del fárrago, los nervios y la inseguridad.
Conseguir un taxi en el centro fue casi como sacarse la lotería
Si los automovilistas padecieron las consecuencias de la anarquía que reinó ayer en el microcentro de la ciudad, quienes se manejan en ómnibus o en taxis no la pasaron mejor. Los primeros, porque los desvíos que provocan los cortes de calles retrasan sus viajes o los hacen caminar más cuadras que las habituales para llegar a la parada. Los segundos, en tanto, tuvieron que esperar hasta una hora para conseguir un taxi. La mayoría de los autos de alquiler trataba de no ingresar al centro. Sólo lo hacían los que trasladaban pasajeros y, una vez que los dejaban en sus destinos, se dirigían a las paradas tubo. Pero demoraban tanto en cumplir los recorridos que la espera de los pasajeros se hacía interminable.










