La rescataron de un auto que se prendía fuego
Avenida peligrosa. Hubo conmoción y desesperación cuando un vehículo chocó a otro y luego se incendió ayer en la avenida Mate de Luna al 2.800. La Policía indicó que el Fiat Uno, que conducía Mónica Imbert, se habría quedado sin frenos. Los vecinos se quejaron por los excesos de velocidad. Inseguridad.
25 Julio 2007 Seguir en 
Un accidente entre dos vehículos y el posterior incendio de uno de los autos generó conmoción entre los automovilistas y peatones que transitaban por avenida Mate de Luna. A las 7.10 de ayer, Luis González conducía su Renault Scénic. Cuando se detuvo ante la luz roja del semáforo ubicado en la esquina de esa avenida con Ernesto Padilla, fue embestido violentamente de atrás por Mónica Imbert, que manejaba un Fiat Uno. Según las primeras versiones de los peritos de la Policía, este vehículo se habría quedado sin frenos.
"Fue una desgracia con suerte. Ella se acuerda que quiso frenar varias veces y no pudo. Después del accidente, quedó como atontada y por suerte el conductor del auto que chocó la ayudó a salir del vehículo cuando se empezaba a incendiar", contó la madre de Mónica, Nelly Imbert.
Inmediatamente, debido a una falla mecánica, el auto comenzó a incendiarse. "Cuando vio el fuego, estaba desesperada. No paraba de temblar", relató Nelly.
La Policía informó que Imbert sufrió una crisis de nervios, por lo que fue llevada al hospital Padilla, adonde fue contenida y sedada. "Por suerte, no tiene nada. Pero está muy shockeada y cada vez que se acuerda del auto en llamas se pone mal", contó la madre. "Todo fue una locura. Varios conductores intentaron apagar el fuego, pero no pudieron hacer nada", aseguró Juan Carlos Medina, un vendedor de diarios testigo de lo que había ocurrido. "Después de observar cómo había quedado el vehículo, y de lo que se había salvado, la mujer se puso a llorar desconsoladamente. No entendía nada", agregó.
El accidente generó un gran desorden en el tránsito, ya que a esa hora la avenida Mate de Luna se encontraba atestada de vehículos. "Era una locura. Los automovilistas que quedaron cerca del lugar del accidente intentaban huir, porque temían que el Fiat Uno explotara", expresó el agente Marcelo Heredia, que también presenció el accidente.
"Nunca antes había visto tanta desesperación entre la gente. Había personas que intentaron ayudar a apagar el fuego y otras, especialmente mujeres, salían corriendo de miedo", comentó Fernanda de Jerez, empleada de una vivienda de la cuadra.
Los vecinos de la zona pasaron rápidamente del estupor a la indignación y a la resignación. "Esta avenida es un infierno en los horarios pico. No sólo circula una impresionante cantidad de vehículos, sino que lo hacen a toda velocidad", expresó Lucrecia de Ferreyra, ama de casa.
A diario, unos 45.000 vehículos circulan por la Mate de Luna, ya que une el centro con una de las ciudades con mayor parque automotor, Yerba Buena. El exceso de velocidad es recurrente. "Esto se acabará cuando haya una tragedia con varios muertos. Cuando instalaron los semáforos, los funcionarios señalaron que sería más seguro transitar por la Mate de Luna. Pero eso no ocurre; ahora son cada vez más graves los percances", indicó José Martínez, vecino de la zona.
Los vecinos de Mate de Luna dijeron que ni siquiera se animan a cruzar la avenida y que a veces deben esperar hasta 10 minutos para hacerlo. "Pusieron los semáforos, pero nadie los respeta. Aquí hay accidentes todos los días porque van a toda velocidad. Parece una pista de carreras. Esto se agravó cuando cerraron las platabandas", indicó Joaquín Díaz, quien vive al 2.800 de la avenida.
"Fue una desgracia con suerte. Ella se acuerda que quiso frenar varias veces y no pudo. Después del accidente, quedó como atontada y por suerte el conductor del auto que chocó la ayudó a salir del vehículo cuando se empezaba a incendiar", contó la madre de Mónica, Nelly Imbert.
Inmediatamente, debido a una falla mecánica, el auto comenzó a incendiarse. "Cuando vio el fuego, estaba desesperada. No paraba de temblar", relató Nelly.
La Policía informó que Imbert sufrió una crisis de nervios, por lo que fue llevada al hospital Padilla, adonde fue contenida y sedada. "Por suerte, no tiene nada. Pero está muy shockeada y cada vez que se acuerda del auto en llamas se pone mal", contó la madre. "Todo fue una locura. Varios conductores intentaron apagar el fuego, pero no pudieron hacer nada", aseguró Juan Carlos Medina, un vendedor de diarios testigo de lo que había ocurrido. "Después de observar cómo había quedado el vehículo, y de lo que se había salvado, la mujer se puso a llorar desconsoladamente. No entendía nada", agregó.
El accidente generó un gran desorden en el tránsito, ya que a esa hora la avenida Mate de Luna se encontraba atestada de vehículos. "Era una locura. Los automovilistas que quedaron cerca del lugar del accidente intentaban huir, porque temían que el Fiat Uno explotara", expresó el agente Marcelo Heredia, que también presenció el accidente.
"Nunca antes había visto tanta desesperación entre la gente. Había personas que intentaron ayudar a apagar el fuego y otras, especialmente mujeres, salían corriendo de miedo", comentó Fernanda de Jerez, empleada de una vivienda de la cuadra.
Los vecinos de la zona pasaron rápidamente del estupor a la indignación y a la resignación. "Esta avenida es un infierno en los horarios pico. No sólo circula una impresionante cantidad de vehículos, sino que lo hacen a toda velocidad", expresó Lucrecia de Ferreyra, ama de casa.
A diario, unos 45.000 vehículos circulan por la Mate de Luna, ya que une el centro con una de las ciudades con mayor parque automotor, Yerba Buena. El exceso de velocidad es recurrente. "Esto se acabará cuando haya una tragedia con varios muertos. Cuando instalaron los semáforos, los funcionarios señalaron que sería más seguro transitar por la Mate de Luna. Pero eso no ocurre; ahora son cada vez más graves los percances", indicó José Martínez, vecino de la zona.
Los vecinos de Mate de Luna dijeron que ni siquiera se animan a cruzar la avenida y que a veces deben esperar hasta 10 minutos para hacerlo. "Pusieron los semáforos, pero nadie los respeta. Aquí hay accidentes todos los días porque van a toda velocidad. Parece una pista de carreras. Esto se agravó cuando cerraron las platabandas", indicó Joaquín Díaz, quien vive al 2.800 de la avenida.
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