Aplicarán sanciones más duras a los productores
El ministro Paz afirmó que las multas serán más severas y que buscarán que las causas lleguen a la Justicia para que el castigo se efectivice. Durante la reunión entre el PE, cañeros e industriales, surgió un contrapunto sobre la responsabilidad en los incendios. "Travesuras".
24 Julio 2007 Seguir en 
La quema de caña, que se convirtió en el problema central de la actividad azucarera en estos últimos días, fue motivo de una reunión entre el Gobierno y los factores azucareros, de la que surgió un acuerdo para endurecer el castigo a quienes utilizan esa práctica. Pero, a la vez, hubo discrepancias sobre quiénes son los responsables de los incendios.
Se atribuye a los cañeros la quema de su producción, ya que así les resulta más sencilla la cosecha y pueden acelerar el ingreso de la materia prima a los ingenios. Pero los propios cañeros y los industriales que participaron de la reunión en el Ministerio de Desarrollo Productivo con el titular de esa cartera, José Manuel Paz, el secretario de Medio Ambiente, Alfredo Montalván, y otros funcionarios, prácticamente que alguno de ellos use esa metodología.
En cambio, Montalván atribuyó al sector azucarero gran parte de la responsabilidad en los incendios y anunció que en 15 días se modificará la reglamentación para endurecer las multas que castigan esta práctica.
“Las multas van de 500 a 2.500 litros de gasoil. Pero las vamos a modificar, porque no asustan a nadie. Además, hay un proceso administrativo en el que el infractor tiene chances de eludir su responsabilidad”, aseveró.
El funcionario tomó con pinzas la postura del sector azucarero acerca de las causas de los incendios. “El agricultor y el industrial aducen que es una cuestión de accidentes o de malintencionados ajenos a la producción. Nosotros no creemos que sea así. Creemos que hay una práctica cultural, que hay que corregir”, dijo Montalván.
El ministro Paz afirmó que el estado de sequedad de los campos, tras las heladas, propicia los incendios accidentales; y que ese es el motivo por el cual el Estado debe ser más severo en el castigo a la quema de caña intencional, que, sumada a la accidental, puede generar daños integrales. “Nuestra preocupación es que llevamos un año de aplicación de esta ley (la 6.253), y no tenemos el resultado esperado. Por eso, sean dueños o terceros (los culpables), necesitamos que las causas lleguen a la Justicia. Y para eso acordamos que se apliquen medidas más ejemplificadoras, tanto en materia de multas, como en lo procesal”, aseveró.
Paz, no obstante, remarcó que en el sector cañero hay buena predisposición. “En ningún momento defendieron que se deba quemar caña. Y observamos que hubo una toma de conciencia sobre ello. Pero a esa toma de conciencia hay que hacerla efectiva”, advirtió.
Desde el Gobierno y desde el sector azucarero hay coincidencia en que los siniestros son consecuencias de una práctica cultural, tal vez ancestral, de quemar la producción para obtener mejoras de productividad. Pero los industriales y los cañeros fijaron una clara posición al respecto. “Esto ocurre porque la gente anda con los fósforos en los bolsillos, con el cigarro, y los tira en cualquier lado. La causa es accidental. Yo no puedo concebir que un cañero queme sus cañaverales. Primero, porque el ingenio no le recibirá la caña. Segundo, porque se deteriora el canuto, que tiene azúcar adentro. En resumen, no le hace bien a nadie”, dijo el presidente del Centro de Agricultores Cañeros (Cactu), Humberto Gordillo.
El industrial Jorge Rocchia Ferro atribuyó la quema de cañaverales en un 95% a travesuras de jóvenes. “Aunque parezca insólito y poco creíble, esto es así. (Los cañeros) no tienen ninguna responsabilidad”, aseveró Rocchia Ferro, que, además, señaló a las direcciones de Vialidad como las causantes de muchos de los incendios, porque usan fuego para realizar la limpieza de las banquinas.
“Estamos convencidos de que no conviene quemar, porque la caña, helada, pierde rendimiento en forma inmediata si se la quema. Es decir, perdemos todos”, sostuvo, por su parte, Julio Colombres, presidente de la Federación Económica (FET) y propietario de los ingenios Ñuñorco y Santa Bárbara.
Afirmó que es considerable que en una primera etapa, apenas se produjo una helada, los cañeros pongan fuego a la caña para acelerar su entrada al canchón del ingenio. “Pero, una vez evaluada la helada, está claro que quemar la caña es contraproducente para el mismo productor. Y los ingenios dispondremos sanciones económicas a quien lo haga”, advirtió.
Se atribuye a los cañeros la quema de su producción, ya que así les resulta más sencilla la cosecha y pueden acelerar el ingreso de la materia prima a los ingenios. Pero los propios cañeros y los industriales que participaron de la reunión en el Ministerio de Desarrollo Productivo con el titular de esa cartera, José Manuel Paz, el secretario de Medio Ambiente, Alfredo Montalván, y otros funcionarios, prácticamente que alguno de ellos use esa metodología.
En cambio, Montalván atribuyó al sector azucarero gran parte de la responsabilidad en los incendios y anunció que en 15 días se modificará la reglamentación para endurecer las multas que castigan esta práctica.
“Las multas van de 500 a 2.500 litros de gasoil. Pero las vamos a modificar, porque no asustan a nadie. Además, hay un proceso administrativo en el que el infractor tiene chances de eludir su responsabilidad”, aseveró.
El funcionario tomó con pinzas la postura del sector azucarero acerca de las causas de los incendios. “El agricultor y el industrial aducen que es una cuestión de accidentes o de malintencionados ajenos a la producción. Nosotros no creemos que sea así. Creemos que hay una práctica cultural, que hay que corregir”, dijo Montalván.
El ministro Paz afirmó que el estado de sequedad de los campos, tras las heladas, propicia los incendios accidentales; y que ese es el motivo por el cual el Estado debe ser más severo en el castigo a la quema de caña intencional, que, sumada a la accidental, puede generar daños integrales. “Nuestra preocupación es que llevamos un año de aplicación de esta ley (la 6.253), y no tenemos el resultado esperado. Por eso, sean dueños o terceros (los culpables), necesitamos que las causas lleguen a la Justicia. Y para eso acordamos que se apliquen medidas más ejemplificadoras, tanto en materia de multas, como en lo procesal”, aseveró.
Paz, no obstante, remarcó que en el sector cañero hay buena predisposición. “En ningún momento defendieron que se deba quemar caña. Y observamos que hubo una toma de conciencia sobre ello. Pero a esa toma de conciencia hay que hacerla efectiva”, advirtió.
Desde el Gobierno y desde el sector azucarero hay coincidencia en que los siniestros son consecuencias de una práctica cultural, tal vez ancestral, de quemar la producción para obtener mejoras de productividad. Pero los industriales y los cañeros fijaron una clara posición al respecto. “Esto ocurre porque la gente anda con los fósforos en los bolsillos, con el cigarro, y los tira en cualquier lado. La causa es accidental. Yo no puedo concebir que un cañero queme sus cañaverales. Primero, porque el ingenio no le recibirá la caña. Segundo, porque se deteriora el canuto, que tiene azúcar adentro. En resumen, no le hace bien a nadie”, dijo el presidente del Centro de Agricultores Cañeros (Cactu), Humberto Gordillo.
El industrial Jorge Rocchia Ferro atribuyó la quema de cañaverales en un 95% a travesuras de jóvenes. “Aunque parezca insólito y poco creíble, esto es así. (Los cañeros) no tienen ninguna responsabilidad”, aseveró Rocchia Ferro, que, además, señaló a las direcciones de Vialidad como las causantes de muchos de los incendios, porque usan fuego para realizar la limpieza de las banquinas.
“Estamos convencidos de que no conviene quemar, porque la caña, helada, pierde rendimiento en forma inmediata si se la quema. Es decir, perdemos todos”, sostuvo, por su parte, Julio Colombres, presidente de la Federación Económica (FET) y propietario de los ingenios Ñuñorco y Santa Bárbara.
Afirmó que es considerable que en una primera etapa, apenas se produjo una helada, los cañeros pongan fuego a la caña para acelerar su entrada al canchón del ingenio. “Pero, una vez evaluada la helada, está claro que quemar la caña es contraproducente para el mismo productor. Y los ingenios dispondremos sanciones económicas a quien lo haga”, advirtió.







