22 Julio 2007 Seguir en 
No aguantó que su amada decidiera poner punto final a la relación que mantenían desde hacía algunos meses. Cerca de las 9, le prendió fuego a su vivienda y casi una hora después, mató a su pareja, hirió a su nuera y se quitó la vida de un disparo en la cabeza. Los violentos episodios se produjeron ayer a la mañana, en el barrio 188 Viviendas de Villa Carmela.
En las zigzagueantes y polvorientas calles del barrio, el griterío de unos vecinos alteró la mañana. Se estaba incendiando la casa de Eduardo Sánchez, de 68 años que, en esos momentos, no se encontraba allí.
"Vimos que salían humo y llamas por una de las ventanas. Entramos porque temíamos que hubiera una explosión ya que él no cuenta con gas natural. Los Bomberos de la Policía llegaron para terminar de hacer el trabajo", señaló Juan Carlos García, vecino de Sánchez.
¿Un plan?
El dueño de la vivienda siniestrada, por pedido de sus allegados, fue hasta la casa de su hijo, Eudoro Francisco Sánchez, que vive en el mismo barrio. Allí también intentaban calmarlo su pareja, Graciela Castillo, de 50 años y su nuera, Silvia Saavedra. De pronto, Sánchez aseguró que se sentía mal y pidió que lo trasladaran para que fuera atendido por un médico. Nadie imaginó que estaba a punto de acabar con el siniestro plan que había urdido.
Saavedra conducía el Gol Country de su propiedad hacia el Caps de Villa Carmela. En el asiento de atrás iban Sánchez y su pareja. Al poco tiempo de iniciar el recorrido, el supuesto enfermo le confesó a Castillo que él había iniciado el fuego, y que esa era sólo una de las acciones que ejecutaría si ella se mantenía firme en cortar la relación. Las palabras de Sánchez desataron una discusión en el interior del vehículo. Castillo, según las hipótesis que manejan los investigadores, en ese momento habría reiterado que no continuaría la relación.
Entonces Sánchez extrajo un revólver calibre 22 y comenzó a disparar las cinco balas que tenía el tambor. Saavedra, desesperada, intentó detener la marcha del auto, pero terminó subiéndose a una vereda y logró detenerlo metros antes de una gruta de la virgen de San Nicolás.
"Al escuchar los disparos se armó un revuelo en todo el barrio. Los bomberos y los policías que estaban sofocando el incendio salieron corriendo hasta el lugar. A tres cuadras se encontraron con una escena horrible. Saavedra corría tomándose la cabeza, cubierta de sangre. Y, en el interior del vehículo, los dos cuerpos sin vida", indicó Eugenia Díaz.
Milagroso
Luego de revisar los cadáveres de Sánchez y de Castillo, los peritos de la Policía, supervisados por la fiscal Adriana Giannoni, descubrieron que Castillo había recibido al menos dos disparos en el cuerpo y que Sánchez se había disparado en la sien derecha. También recibieron la confirmación que Saavedra había salvado milagrosamente la vida, puesto que el proyectil le rozó toda la parte derecha del cráneo, y que se recuperaba en un sanatorio privado.
"Realmente quedamos todos conmocionados. Sánchez vino a vivir hace muy poco tiempo al barrio. Gastó gran cantidad de dinero para arreglar la casita. Era un hombre impulsivo, que sufría de diabetes, pero jamás imaginamos que fuera capaz de hacer algo así", indicó Graciela de Ramírez, vecina del barrio.
Castillo trabajaba de preceptora de un colegio privado de la zona. "No era de hablar mucho, pero todos la conocíamos como una persona amable y cordial. Nunca nos hubiéramos imaginado que moriría como un perro. La vida es injusta", reflexionó Claudio Martínez.
En las zigzagueantes y polvorientas calles del barrio, el griterío de unos vecinos alteró la mañana. Se estaba incendiando la casa de Eduardo Sánchez, de 68 años que, en esos momentos, no se encontraba allí.
"Vimos que salían humo y llamas por una de las ventanas. Entramos porque temíamos que hubiera una explosión ya que él no cuenta con gas natural. Los Bomberos de la Policía llegaron para terminar de hacer el trabajo", señaló Juan Carlos García, vecino de Sánchez.
¿Un plan?
El dueño de la vivienda siniestrada, por pedido de sus allegados, fue hasta la casa de su hijo, Eudoro Francisco Sánchez, que vive en el mismo barrio. Allí también intentaban calmarlo su pareja, Graciela Castillo, de 50 años y su nuera, Silvia Saavedra. De pronto, Sánchez aseguró que se sentía mal y pidió que lo trasladaran para que fuera atendido por un médico. Nadie imaginó que estaba a punto de acabar con el siniestro plan que había urdido.
Saavedra conducía el Gol Country de su propiedad hacia el Caps de Villa Carmela. En el asiento de atrás iban Sánchez y su pareja. Al poco tiempo de iniciar el recorrido, el supuesto enfermo le confesó a Castillo que él había iniciado el fuego, y que esa era sólo una de las acciones que ejecutaría si ella se mantenía firme en cortar la relación. Las palabras de Sánchez desataron una discusión en el interior del vehículo. Castillo, según las hipótesis que manejan los investigadores, en ese momento habría reiterado que no continuaría la relación.
Entonces Sánchez extrajo un revólver calibre 22 y comenzó a disparar las cinco balas que tenía el tambor. Saavedra, desesperada, intentó detener la marcha del auto, pero terminó subiéndose a una vereda y logró detenerlo metros antes de una gruta de la virgen de San Nicolás.
"Al escuchar los disparos se armó un revuelo en todo el barrio. Los bomberos y los policías que estaban sofocando el incendio salieron corriendo hasta el lugar. A tres cuadras se encontraron con una escena horrible. Saavedra corría tomándose la cabeza, cubierta de sangre. Y, en el interior del vehículo, los dos cuerpos sin vida", indicó Eugenia Díaz.
Milagroso
Luego de revisar los cadáveres de Sánchez y de Castillo, los peritos de la Policía, supervisados por la fiscal Adriana Giannoni, descubrieron que Castillo había recibido al menos dos disparos en el cuerpo y que Sánchez se había disparado en la sien derecha. También recibieron la confirmación que Saavedra había salvado milagrosamente la vida, puesto que el proyectil le rozó toda la parte derecha del cráneo, y que se recuperaba en un sanatorio privado.
"Realmente quedamos todos conmocionados. Sánchez vino a vivir hace muy poco tiempo al barrio. Gastó gran cantidad de dinero para arreglar la casita. Era un hombre impulsivo, que sufría de diabetes, pero jamás imaginamos que fuera capaz de hacer algo así", indicó Graciela de Ramírez, vecina del barrio.
Castillo trabajaba de preceptora de un colegio privado de la zona. "No era de hablar mucho, pero todos la conocíamos como una persona amable y cordial. Nunca nos hubiéramos imaginado que moriría como un perro. La vida es injusta", reflexionó Claudio Martínez.







