El lunes a la noche, al ser apresado, Luis Pichinetti, dueño de un gimnasio en Trancas, dio a entender que hubo una confabulación con ribetes pasionales para terminar con la vida del comerciante.
Salas fue asesinado en la madrugada del domingo, mientras dormía en la planta baja de su vivienda, de calle Ingeniero Lostri 450. Un hombre, a juzgar por la fuerza utilizada, le destrozó la cabeza con un golpe. Los investigadores creen que puede haberse utilizado una mancuerna, que luego habría sido arrojada al río Acequiones. La Policía sostiene además que Salas ingirió, sin saberlo, un somnífero, por lo que no se despertó cuando el asesino entró en su dormitorio ni pudo defenderse del ataque. Pichinetti, de 35 años, se quebró al ser detenido. Una versión señala que, llorando, confesó que había perpetrado el asesinato en connivencia con Lai, con quien, dijo, mantenía un romance. Pero más tarde, asistido por el defensor oficial César Picón, no quiso declarar ante la fiscal Adriana Giannoni; por eso, lo que supuestamente dijo al ser detenido no podrá usarse en un juicio.
Los hijos de la pareja estaban indignados. Marisol y Silvina, mellizas de 17 años, y Rodrigo, de 13, negaron la versión de Pichinetti.
"La relación entre mis padres era muy buena, y los hijos estábamos muy bien con ellos", aclararon. "Jamás mi mamá mantuvo un romance con él. Son mentiras. Este tipo está inventando", dijo Marisol. Ellos explicaron que Pichinetti se instaló en Trancas hace cuatro meses con el gimnasio. "Es un tipo simpático, entrador. Rápidamente se hizo amigo de todo el pueblo, y mucha gente, varones, mujeres y chicos, empezó a ir al gimnasio", dijo su hermana. Pero Rodrigo, que tenía una relación más cercana con el ahora detenido ("varias veces se largó a llorar delante de mí, me pedía ayuda", declaró) no tuvo dudas. "Luis estaba enamorado de mi mamá y quiso sacarse de encima a mi papá para poder estar con ella. Por eso lo mató", dijo.
Los tres chicos aseguraron que es imposible que a su padre le hayan suministrado un somnífero. "Comió delante de nosotros y, como a la 1.30, se fue a dormir. Lo escuchamos roncar, como hacía siempre", afirmó Silvina. Luego los restantes miembros de la familia subieron, de a uno, a la planta alta.
A las 4.30, Lai llamó a su hermano Carlos; le dijo que había escuchado un estampido en el interior de la casa y, luego, una moto que se alejaba. "Escuché que se cerraba una puerta y me desperté, pero no volví a oír nada más", relató Marisol. La joven aseguró que ni ella ni su madre intentaron bajar porque creían que habían entrado ladrones a la casa; tampoco llamaron a su padre para advertirle del peligro. Cuando Carlos Lai llegó con la Policía, encontró muerto a Salas. Ni la esposa ni los hijos bajaron a ver lo que había sucedido. Lo hicieron varias horas después, cuando ya habían retirado el cuerpo.
Paradójicamente, Carlos Lai le mandó un mensaje a Pichinetti para comentarle lo que había sucedido. "Fue en el único en quien pensé. El llegó y, después de mirar por toda la casa, entró a la habitación de ?Pepe?. Estuvo un rato ahí y después dijo que se sentía mal", indicó. Pichinetti, delante de todos, se mostró nervioso. "Temblaba", explicaron testigos, que aseguraron que tenía mucho olor a alcohol. Fue uno de los que se mostró más afectado durante el sepelio, y no se separó de la familia. "Le tuvimos que pedir que nos dejara un poco tranquilos", dijo Marisol. Luego, Rodrigo recordó una frase de Pichinetti, cuyo sentido sólo registró tras el crimen: "me encantaría que mi esposa sea como tu mamá", asegura que le dijo el sospechoso.
En la Fiscalía, Silvia Lai, acompañada por su abogado, Jorge Lobo Aragón, dijo ser inocente. "Es mentira que mantenía una relación con él. Me llevaba muy bien con mi marido", afirmó, según su defensor. "No sé si él se puede haber confundido, ya que era muy cariñoso con todos", agregó. "Esto es una pesadilla", dijo. Y lloró.
Descartan que el móvil sea el robo
La fiscal Adriana Giannoni está convencida de que a José Eduardo Salas lo mataron por motivos pasionales. Sobre la base de las averiguaciones que hizo la Policía, ya descartó que el móvil haya sido el robo y la pesquisa apunta a un drama amoroso o a problemas de dinero. Según la investigación que comandan los comisarios Carlos Páez, Carlos Coronel y Héctor Ponce, Salas (dueño de un comercio, criador de gallos de riña, empleado municipal y arrendatario de máquinas agrícolas) no tenía problemas financieros. A Luis Pichinetti, el lunes, le secuestraron una motocicleta. Silvia Lai, al declarar, aseguró que escuchó alejarse un rodado de este tipo luego de que se cometió el homicidio. Además, según los investigadores, en el teléfono celular del sospechoso, quedaron registrados más de 200 mensajes de texto, muchos de ellos enviados por mujeres de Trancas. Tanto Pichinetti como Lai continuarán detenidos. Anoche, el abogado Roberto Flores asumió la defensa del imputado.







