Ataques suicidas sacuden el norte de Irak

La inestable ciudad multiétnica, capital petrolera del país, fue blanco de los terroristas. En Kirkuk viven kurdos, turcomanos, chiítas y sunnitas.

17 Julio 2007
BAGDAD.- Entre 80 y 100 personas murieron y más de 200 resultaron heridas en un triple atentado suicida con coches bomba, en Kirkuk, al norte de Bagdad. El ataque aumentó la tensión en la ciudad petrolera que habitan kurdos, turcomanos, chiítas y sunnitas, y en la que se planea realizar este año un referéndum crucial sobre su futuro. Los kurdos impulsan la anexión de Kirkuk a la región semiautónoma del Kurdistán.
El episodio más sangriento se produjo cerca de una oficina de la Unión Patriótica del Kurdistán (UPK), el partido político del presidente del país, Jalal Talabani. Decenas de viviendas y comercios quedaron totalmente destruidos por la potencia de la explosión de un camión bomba. Decenas de vehículos se consumieron por el fuego, y muchos civiles perecieron carbonizados en el interior de un ómnibus que pasaba por el lugar al momento del estallido. Según la Policía, al menos 30 de los heridos se hallan en gravísimo estado.

Sepultados vivos
La cifra de víctimas, entre las que hay muchas mujeres y niños, podría aumentar dramáticamente, ya que decenas de personas quedaron sepultadas bajo los escombros. El edificio contra el que estaba dirigido este ataque, que resultó totalmente destruido, era también sede de organizaciones locales no gubernamentales, entre ellas el comité olímpico de Kirkuk, que representa un símbolo del poder kurdo en la ciudad multiétnica. El camión detonó pocos minutos antes de otro ataque con coche bomba en la ajetreada zona comercial de Kirkuk. Hubo varios muertos. Poco después, un policía murió y otros cuatro resultaron heridos cuando un coche bomba explotó en el sur de la ciudad. Un cuarto vehículo bomba fue desactivado.
La devastación en Kirkuk, 70 kilómetros al norte de Tuz Khurmato, en donde el 7 de julio un coche bomba causó al menos 130 muertes, muestra la escala del desafío que afronta el gobierno del premier chiíta Nuri Al Maliki, que hasta ahora no ha podido desactivar los conflictos internos. Son cada vez más los estadounidenses que quieren que sus soldados vuelvan pronto al país, pese al rechazo de Washington. (Reuter)

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