MAS ALLA DE LO PINTORESCO. La visión cultural de Sontag está marcada por el borramiento de las fronteras políticas, en procura de una globalización de los libros que detecten lo trascendente.
15 Julio 2007 Seguir en 

Desde el ensayo al haiku, desde la novela al microrrelato y desde la oda al soneto, toda obra literaria -y toda obra artística- es una "cuestión de énfasis". Es un modo de resaltar un aspecto de la realidad que el autor quiere mostrar a través del juego o de la imaginación. Es, pues, un acierto haber dado a esta compilación de trabajos de Susan Sontag el título de uno de los ensayos en él incluidos: Where the Stress Falls, muy bien traducido como Cuestión de énfasis. El ensayo que da el título al libro, tercero de la compilación, aborda precisamente el tema de las estrategias narrativas que un autor selecciona para proyectar con eficacia su material.
Hay un fluctuante y abundoso mar de escritura "subalterna" -aquella que depende del hecho cultural que la motiva- en el que podemos incluir géneros tales como la reseña, el prefacio, el comentario, la presentación en catálogos impresos y otros escritos ocasionales. Parte de este bagaje, junto con algunos trabajos que ya entran en la categoría de "artículos" y "ensayos", como el aludido en el párrafo anterior, es lo que ofrece esta compilación del trabajo de Sontag, traducidos con eficacia por Aurelio Major.
Periodismo cultural
La lúcida inteligencia de la estadounidense Sontag (1933-2004) hace que esta publicación sea no sólo valiosa, sino necesaria, por lo que dice y por cómo lo dice. Es una operación de rescate de páginas de periodismo cultural que merecen el formato libro en vez de perderse junto al fugaz soporte del periódico, el folleto o la revista que las publica. Y tal rescate adquiere más relieve por el rescate que a su vez hace la autora de figuras y de productos de la cultura contemporánea.
El conjunto de escritura así formada es un desafío para quien ve en la lectura una forma de crecimiento. No sólo por la soltura con la que Sontag aborda los temas más diversos, sino por la mención de sus copiosas lecturas y el entusiasmo que le provoca el deseo de leerlas. Desfilan así autores provenientes de variados universos culturales: la rusa Marina Tsviatáieva, el polaco-argentino Witold Grombowicz, el brasileño Machado de Assis, el mexicano Juan Rulfo, el checo Danilo Ki, el francés Roland Barthes y tantos otros... Inclusive, está esa bella carta dirigida a Borges a los diez años de su muerte, en la que lo llama "descubridor de nuevas alegrías", en consonancia con el título que eligió Rolando Costa Picazo para su libro sobre Borges y la literatura anglófona: Borges, una forma de la felicidad.
Marca la visión cultural de Sontag el borramiento de las fronteras políticas en procura de una "globalización" de los libros que detecten lo trascendente más allá del pintoresquismo provinciano. Y lo hace para bien. No lo dice, pero se advierte en esta actitud maduradamente cosmopolita una mirada favorable a la polinización de la cultura, al acercamiento intelectual de los creadores, sin por ello dejar de celebrar las diferencias.
Testigo insobornable
Surgida como ensayista en el fragor contestatario de los 60 con su muy influyente Contra la interpretación (1963), Sontag acrecentó su prestigio de pensadora progresista en las siguientes décadas, opinando con solidez y sin tapujos sobre candentes problemas sociales y políticos de su tiempo, sin ahorrar críticas a muchas actitudes de su país. Incursionó también en la novela, pero su agudeza intelectual, opino, se luce más en el ensayo. Su argumentación impecable lleva de la mano al lector hacia conclusiones parciales a veces resueltas en una frase original y no carente de humor, como cuando llama al Quijote "la primera y más grande épica sobre la adicción" (p. 109).
Los textos de Cuestión de énfasis abarcan tres secciones: "Lecturas", que aborda obras y autores significativos; "Miradas", que reúne incisivos comentarios sobre el cine, la fotografía, la pintura y la danza; en "Allí y aquí" vemos a la activista y escritora enfrentando situaciones en las que la cultura intersecta con la historia y su veta de comunicadora social se hace más perceptiva, más incisiva, mientras dirige una puesta en escena de Esperando a Godot en Sarajevo o intenta definir lo que es Europa.
Susan Sontag pasó por la cultura de Occidente como testigo insobornable y lúcido. Fue portadora del estandarte con que ella caracteriza a Mapplethorpe, un fotógrafo a quien "nada humano le fue ajeno". Cuestión de énfasis lo constata. © LA GACETA
Hay un fluctuante y abundoso mar de escritura "subalterna" -aquella que depende del hecho cultural que la motiva- en el que podemos incluir géneros tales como la reseña, el prefacio, el comentario, la presentación en catálogos impresos y otros escritos ocasionales. Parte de este bagaje, junto con algunos trabajos que ya entran en la categoría de "artículos" y "ensayos", como el aludido en el párrafo anterior, es lo que ofrece esta compilación del trabajo de Sontag, traducidos con eficacia por Aurelio Major.
Periodismo cultural
La lúcida inteligencia de la estadounidense Sontag (1933-2004) hace que esta publicación sea no sólo valiosa, sino necesaria, por lo que dice y por cómo lo dice. Es una operación de rescate de páginas de periodismo cultural que merecen el formato libro en vez de perderse junto al fugaz soporte del periódico, el folleto o la revista que las publica. Y tal rescate adquiere más relieve por el rescate que a su vez hace la autora de figuras y de productos de la cultura contemporánea.
El conjunto de escritura así formada es un desafío para quien ve en la lectura una forma de crecimiento. No sólo por la soltura con la que Sontag aborda los temas más diversos, sino por la mención de sus copiosas lecturas y el entusiasmo que le provoca el deseo de leerlas. Desfilan así autores provenientes de variados universos culturales: la rusa Marina Tsviatáieva, el polaco-argentino Witold Grombowicz, el brasileño Machado de Assis, el mexicano Juan Rulfo, el checo Danilo Ki, el francés Roland Barthes y tantos otros... Inclusive, está esa bella carta dirigida a Borges a los diez años de su muerte, en la que lo llama "descubridor de nuevas alegrías", en consonancia con el título que eligió Rolando Costa Picazo para su libro sobre Borges y la literatura anglófona: Borges, una forma de la felicidad.
Marca la visión cultural de Sontag el borramiento de las fronteras políticas en procura de una "globalización" de los libros que detecten lo trascendente más allá del pintoresquismo provinciano. Y lo hace para bien. No lo dice, pero se advierte en esta actitud maduradamente cosmopolita una mirada favorable a la polinización de la cultura, al acercamiento intelectual de los creadores, sin por ello dejar de celebrar las diferencias.
Testigo insobornable
Surgida como ensayista en el fragor contestatario de los 60 con su muy influyente Contra la interpretación (1963), Sontag acrecentó su prestigio de pensadora progresista en las siguientes décadas, opinando con solidez y sin tapujos sobre candentes problemas sociales y políticos de su tiempo, sin ahorrar críticas a muchas actitudes de su país. Incursionó también en la novela, pero su agudeza intelectual, opino, se luce más en el ensayo. Su argumentación impecable lleva de la mano al lector hacia conclusiones parciales a veces resueltas en una frase original y no carente de humor, como cuando llama al Quijote "la primera y más grande épica sobre la adicción" (p. 109).
Los textos de Cuestión de énfasis abarcan tres secciones: "Lecturas", que aborda obras y autores significativos; "Miradas", que reúne incisivos comentarios sobre el cine, la fotografía, la pintura y la danza; en "Allí y aquí" vemos a la activista y escritora enfrentando situaciones en las que la cultura intersecta con la historia y su veta de comunicadora social se hace más perceptiva, más incisiva, mientras dirige una puesta en escena de Esperando a Godot en Sarajevo o intenta definir lo que es Europa.
Susan Sontag pasó por la cultura de Occidente como testigo insobornable y lúcido. Fue portadora del estandarte con que ella caracteriza a Mapplethorpe, un fotógrafo a quien "nada humano le fue ajeno". Cuestión de énfasis lo constata. © LA GACETA
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