30 Junio 2007 Seguir en 
LONDRES.- Casi dos años después de los atentados terroristas del 7-J en Londres, y mientras el nuevo gobierno del primer ministro, Gordon Brown, se acomoda tras asumir hace apenas dos días, la policía británica desactivó ayer dos coches bomba en el centro de la capital. Los dos vehículos, que se hallaban estacionados en medio del barrio turístico de West End, estaban cargados con garrafas de gas, clavos y gran cantidad de combustible, y eran altamente peligrosos, aseguró un vocero de Scotland Yard.
De haber estallado, la bomba del primer coche habría causado numerosos muertos y heridos. Este se encontraba delante de un club nocturno, cerca de Piccadilly, una concurrida zona comercial y turística, que fue evacuada por precaución.
A las 2 de la mañana de ayer, una llamada telefónica alertó a la Policía sobre un Mercedes Benz del que salía humo frente al club nocturno “Tiger Tiger”, en Haymarket, donde hay muchos teatros. Una brigada antiexplosivos desactivó la bomba de forma manual. En el vehículo había unos 60 litros de gasolina, que junto con las garrafas de gas propano habrían provocado una enorme explosión. “A esa hora sale mucha gente de los clubes y bares de la zona”, dijo un policía.
El segundo auto sospechoso había infringido una prohibición de estacionamiento, y remolcado durante la noche hasta un garaje subterráneo cerca del Hyde Park. Posteriormente se descubrió que se trataba de un coche bomba. Según expertos, se trataba de una acción de la red terrorista de Al Qaeda.
Amenaza permanente
La Inteligencia británica ha considerado altamente probable que se produzcan ataques en estos días. Se estima que el fallido atentado es un mensaje al nuevo gobierno para que cambie la política en Irak que hasta ahora estuvo dirigida por el renunciante premier, Tony Blair. “Esto nos recuerda que Gran Bretaña está expuesta a una grave amenaza permanente”, destacó Brown, y pidió a la población británica que esté alerta en todo momento. Scotland Yard investiga las grabaciones de cámaras que vigilan el lugar permanentemente, al igual que en otras tantas calles y plazas de Londres. La estación de metro Piccadilly Circus fue cerrada, lo que originó un gran trastorno a peatones, residentes y a conductores en una hora crucial para trasladarse al trabajo.
El incidente rememoró los atentados del 7 de julio de 2005 contra el metro y un ómnibus en Londres, que causaron 52 muertos y más de 700 heridos.
Washington pidió a Londres informes sobre la investigación. En Estados Unidos se celebrará el miércoles el Día de la Independencia, y estos episodios en la capital británica han inquietado a los servicios de seguridad estadounidenses. (DPA)
De haber estallado, la bomba del primer coche habría causado numerosos muertos y heridos. Este se encontraba delante de un club nocturno, cerca de Piccadilly, una concurrida zona comercial y turística, que fue evacuada por precaución.
A las 2 de la mañana de ayer, una llamada telefónica alertó a la Policía sobre un Mercedes Benz del que salía humo frente al club nocturno “Tiger Tiger”, en Haymarket, donde hay muchos teatros. Una brigada antiexplosivos desactivó la bomba de forma manual. En el vehículo había unos 60 litros de gasolina, que junto con las garrafas de gas propano habrían provocado una enorme explosión. “A esa hora sale mucha gente de los clubes y bares de la zona”, dijo un policía.
El segundo auto sospechoso había infringido una prohibición de estacionamiento, y remolcado durante la noche hasta un garaje subterráneo cerca del Hyde Park. Posteriormente se descubrió que se trataba de un coche bomba. Según expertos, se trataba de una acción de la red terrorista de Al Qaeda.
Amenaza permanente
La Inteligencia británica ha considerado altamente probable que se produzcan ataques en estos días. Se estima que el fallido atentado es un mensaje al nuevo gobierno para que cambie la política en Irak que hasta ahora estuvo dirigida por el renunciante premier, Tony Blair. “Esto nos recuerda que Gran Bretaña está expuesta a una grave amenaza permanente”, destacó Brown, y pidió a la población británica que esté alerta en todo momento. Scotland Yard investiga las grabaciones de cámaras que vigilan el lugar permanentemente, al igual que en otras tantas calles y plazas de Londres. La estación de metro Piccadilly Circus fue cerrada, lo que originó un gran trastorno a peatones, residentes y a conductores en una hora crucial para trasladarse al trabajo.
El incidente rememoró los atentados del 7 de julio de 2005 contra el metro y un ómnibus en Londres, que causaron 52 muertos y más de 700 heridos.
Washington pidió a Londres informes sobre la investigación. En Estados Unidos se celebrará el miércoles el Día de la Independencia, y estos episodios en la capital británica han inquietado a los servicios de seguridad estadounidenses. (DPA)







