Las contramarchas en la economía

Cada decisión exige la discusión y un análisis profundo.

08 Abril 2002
En estos tiempos de incertidumbre y desconfianza que vive el país respecto de la política que se lleva adelante desde el Gobierno, se hace indispensable que cada una de las medidas y las decisiones que se adopten sean irrefutables por los distintos sectores de la sociedad.
Eso, precisamente, no ocurrió con el anuncio de que a partir del 3 de enero del año próximo los ahorristas iban a poder comenzar a retirar sus depósitos. Todo dependía de la capacidad que tuviera cada banco. En sólo 72 horas, la disposición del Banco Central fue apelada por las entidades crediticias y en forma conjunta con el Poder Ejecutivo echaron por tierra la ilusión de quienes están encerrados en el corralito financiero.
Resulta inadmisible que el Banco Central (BCRA) tome una decisión de este tipo sin consultar previamente tanto al Poder Ejecutivo como a los bancos. Sin embargo lo hizo, y su resolución no duró nada.
Desde el Poder Ejecutivo se apuesta ahora que la gente que tiene sus ahorros olvide esta desinteligencia y no reglamentará la devolución de los depósitos que dispuso el BCRA.
La imprudencia de poner en marcha un tema tan sensible para la población que no se cansa de protestar en contra del corralito, no sólo causa malestar a los ahorristas sino también acrecienta la inseguridad de los habitantes. No es fácil de soportar un Gobierno que dicta medidas hoy y las cambia mañana. Parece que el gobierno de Eduardo Duhalde nació con este estigma desde el primer día en que anunció que los ahorros en dólares se iban a devolver en dólares y después terminó pesificando y devaluando la moneda argentina.
La sociedad, que está esperando respuestas serias y pensadas en su beneficio, ratifica que muchas veces las máximas autoridades del Poder Ejecutivo actúan movidas por el efecto de acción-reacción antes que por la sensatez de sus actos de Gobierno.
La vuelta atrás de esta medida desató una verdadera crisis dentro del gabinete nacional. El ministro de Economía Jorge Remes Lenicov dijo que desconocía que el Banco Central que conduce Mario Blejer iba a lanzar la apertura del corralito a partir del 3 de enero de 2003. Sin dudas era una exigencia del Fondo Monetario Internacional y se trató de satisfacer casi sin analizar al organismo que monitorea las cuentas de la República Argentina. Sin embargo, los bancos no están en condiciones de soportar tamaña decisión, que puede provocar el cierre definitivo de muchas entidades.
Los errores políticos del Gobierno desataron una interna de la que nadie se hace cargo. Pero, lo que es peor, los ahorristas seguirán atados al viejo esquema de devolución de sus depósitos y suman una nueva desilusión sobre la conducción de los políticos argentinos.
La única reacción que tuvo el equipo de Duhalde es que lanzará una campaña para que los "acorralados" se vuelquen al canje de plazos fijos por bonos que mantendrán sus valores en pesos o en dólares.
Es cierto que entre las exigencias del FMI figura la apertura del corralito. También es real que Duhalde está desesperado por lograr la ayuda financiera que tanto hace falta. Sin embargo, el país no puede actuar como un caballo desbocado que se mueve según los estímulos del momento. Cada decisión exige la discusión profunda y el análisis de las consecuencias que traerá. De lo contrario, será, una vez más, un fracaso de la gestión y una nueva frustración para la sociedad.

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