16 Mayo 2007 Seguir en 
ISLAMABAD.- Al menos 25 muertos y 30 heridos, varios de ellos de gravedad, causó ayer un atentado suicida en un hotel de la ciudad de Peshawar, en el noroeste de Pakistán. La explosión se produjo en el restaurante del hotel Marhaba, mientras almorzaban decenas de personas. La mayoría de las víctimas son afganas, entre ellas el dueño del hotel y su hijo.
La policía halló las piernas del atacante suicida, con un mensaje atado a una de ellas en el que decía que morir así será el destino de quienes espían para Estados Unidos. Mensajes de este tipo se ven con frecuencia en la zona tribal paquistaní entre Peshawar y Afganistán, donde este año militantes talibanes mataron a una decena de personas -sobre todo afganos- a las que acusaron de trabajar con las tropas estadounidenses estacionadas en Afganistán.
La venganza
Todo indica que el atentado fue un acto de represalia contra el dueño del hotel, que tenía vínculos con un caudillo afgano enemigo de los talibanes. Hace unos días, el hijo de mullah Dadullah, comandante militar de los talibanes, había sido arrestado en este hotel luego de que la Policía fue alertada sobre llamadas telefónicas sospechosas de su huésped. Poco después, las fuerzas estadounidenses mataron en Afganistán a Dadullah, lo que significó un duro golpe para los rebeldes afganos. El atacante suicida, de unos 60 años, había llegado a la recepción para solicitar un plato de comida. Cuando le dijeron que esperara afuera se dirigió al comedor y detonó sus explosivos. La fuerte explosión lanzó cuerpos varios metros fuera del edificio de cuatro pisos y mató incluso a algunos peatones. En Peshawar operan rebeldes talibanes afganos y miembros de la red Al Qaeda. (DPA-AFP-NA)
ISLAMABAD.- El atentado profundiza la inestabilidad en Pakistán, todavía envuelto en una clima de tensión por una serie de violentísimos disturbios políticos ocurridos este fin de semana en Karachi, capital comercial del país.
La ex primer ministra y líder opositora en el exilio, Benazir Bhutto, responsabilizó al presidente, general Pervez Musharraf, por la espiral de violencia que se registra en el país asiático. El ataque en Peshawar sigue a una serie de enfrentamientos callejeros entre la oposición y fuerzas leales al gobierno en la ciudad portuaria de Karachi, en los que murieron al menos 41 personas y 150 resultaron heridas este fin de semana.
El estallido de violencia se produjo luego de que Musharraf destituyó al juez supremo, Iftikhar Chaudhry, por presunto abuso de poder. La drástica medida surgió luego de que Chaudhry dijera en público que las tiranías no tenían destino en el mundo actual, pero sin hacer referencia a Musharraf, que tomó el poder por las armas en 1999. Otras seis personas murieron el lunes en Karachi, en medio de la ola de violencia. Ese mismo día, un grupo asesinó a balazos al juez Syad Hammad Reza, que iba a testificar a favor de Chaudhry. (Télam)
La policía halló las piernas del atacante suicida, con un mensaje atado a una de ellas en el que decía que morir así será el destino de quienes espían para Estados Unidos. Mensajes de este tipo se ven con frecuencia en la zona tribal paquistaní entre Peshawar y Afganistán, donde este año militantes talibanes mataron a una decena de personas -sobre todo afganos- a las que acusaron de trabajar con las tropas estadounidenses estacionadas en Afganistán.
La venganza
Todo indica que el atentado fue un acto de represalia contra el dueño del hotel, que tenía vínculos con un caudillo afgano enemigo de los talibanes. Hace unos días, el hijo de mullah Dadullah, comandante militar de los talibanes, había sido arrestado en este hotel luego de que la Policía fue alertada sobre llamadas telefónicas sospechosas de su huésped. Poco después, las fuerzas estadounidenses mataron en Afganistán a Dadullah, lo que significó un duro golpe para los rebeldes afganos. El atacante suicida, de unos 60 años, había llegado a la recepción para solicitar un plato de comida. Cuando le dijeron que esperara afuera se dirigió al comedor y detonó sus explosivos. La fuerte explosión lanzó cuerpos varios metros fuera del edificio de cuatro pisos y mató incluso a algunos peatones. En Peshawar operan rebeldes talibanes afganos y miembros de la red Al Qaeda. (DPA-AFP-NA)
La oposición culpa a Musharraf por la violencia
ISLAMABAD.- El atentado profundiza la inestabilidad en Pakistán, todavía envuelto en una clima de tensión por una serie de violentísimos disturbios políticos ocurridos este fin de semana en Karachi, capital comercial del país.
La ex primer ministra y líder opositora en el exilio, Benazir Bhutto, responsabilizó al presidente, general Pervez Musharraf, por la espiral de violencia que se registra en el país asiático. El ataque en Peshawar sigue a una serie de enfrentamientos callejeros entre la oposición y fuerzas leales al gobierno en la ciudad portuaria de Karachi, en los que murieron al menos 41 personas y 150 resultaron heridas este fin de semana.
El estallido de violencia se produjo luego de que Musharraf destituyó al juez supremo, Iftikhar Chaudhry, por presunto abuso de poder. La drástica medida surgió luego de que Chaudhry dijera en público que las tiranías no tenían destino en el mundo actual, pero sin hacer referencia a Musharraf, que tomó el poder por las armas en 1999. Otras seis personas murieron el lunes en Karachi, en medio de la ola de violencia. Ese mismo día, un grupo asesinó a balazos al juez Syad Hammad Reza, que iba a testificar a favor de Chaudhry. (Télam)







