12 Mayo 2007 Seguir en 
Los países considerados emergentes están elevando su competitividad en relación con los Estados Unidos, de acuerdo con el informe anual del Instituto Internacional de Desarrollo, una de las más importantes organizaciones no gubernamentales, con sede en Suiza. El análisis exceptúa de esa tendencia a las naciones de América Latina, donde una de las caídas más pronunciadas ha sido la de Argentina, que bajó al 5° lugar, tan sólo por encima de Venezuela. El orden decreciente del informe abarca un total de 55 países; el nuestro figura en el 51, diagnóstico que repite informes precedentes de los foros de Davos y de Santiago de Chile, y donde la Universidad Católica Argentina (UCA) tuvo a su cargo la encuesta local.
El resultado para nuestro país ha variado escasamente con relación al del año pasado, figurando como una de las pocas excepciones, con un 43,3% en relación con EE.UU. Los retos más importantes para la Argentina, consigna la investigación, obligan a practicar una política monetaria prudente, revisar las regulaciones para facilitar las operaciones de los mercados y aumentar las inversiones en el sistema de energía. "Más tarde o más temprano -se afirma también- los países de referencia perderán su reputación en el mundo de la competitividad si no ponen medios para remediarlo".
Como en los recientes foros de Davos y de Chile, nuestro vecino chileno no sólo encabeza el ranking de Latinoamérica, sino que ocupa el 26° lugar en el informe general, con el que supera, entre otros, a la India, a Francia, a España y a Italia. La aproximación de los países en desarrollo a los desarrollados, se dice también en el análisis tras una encuesta universal a 3.700 dirigentes de negocios del mundo, "podría dar lugar a que Estados Unidos y Europa recurran a medidas proteccionistas". En consecuencia, a partir del año actual las relaciones económicas internacionales serán más tensas, a medida que los emergentes pasen a ser potenciales desarrollados y alteren el orden actual. No es ese por cierto el rumbo que lleva la Argentina desde la crisis del milenio y tampoco es menos inquietante que su conducción insista en él con una persistente visión introvertida frente a la realidad global, pues las políticas económicas han sido zigzagueantes y contradictorias, sin prestar atención a su coparticipación planetaria. El informe del instituto internacional, como otros con parecido origen, define igualmente otra realidad, donde la economía se supedita al interés de las naciones cualesquiera que sean sus regímenes políticos. Testimonio fundamental es el de China, donde el libre mercado avanza con rapidez y ocupa un lugar en la escala absolutamente imprevisible hace una década, y el de la propia Unión Europea, donde conviven gobiernos con diferentes extracciones políticas, pero practican una economía común de firmes principios liberales. No debería sorprender, pues, que Latinoamérica figure en ese informe como la región estancada y, en ella, nuestro país, con su baja calificación, pues los requerimientos socioeconómicos se hallan repetidamente condicionados por las exigencias cíclicas de poderes absolutos que hacen de los intereses generales valores cautivos de sus urgencias políticas. Los índices de competitividad en la región dependen, mientras tanto, de la demanda internacional de insumos; pero en nuestro caso apenas ocurre así, como se advierte en la carencia de políticas agrarias expansivas y el control de las exportaciones.
El resultado para nuestro país ha variado escasamente con relación al del año pasado, figurando como una de las pocas excepciones, con un 43,3% en relación con EE.UU. Los retos más importantes para la Argentina, consigna la investigación, obligan a practicar una política monetaria prudente, revisar las regulaciones para facilitar las operaciones de los mercados y aumentar las inversiones en el sistema de energía. "Más tarde o más temprano -se afirma también- los países de referencia perderán su reputación en el mundo de la competitividad si no ponen medios para remediarlo".
Como en los recientes foros de Davos y de Chile, nuestro vecino chileno no sólo encabeza el ranking de Latinoamérica, sino que ocupa el 26° lugar en el informe general, con el que supera, entre otros, a la India, a Francia, a España y a Italia. La aproximación de los países en desarrollo a los desarrollados, se dice también en el análisis tras una encuesta universal a 3.700 dirigentes de negocios del mundo, "podría dar lugar a que Estados Unidos y Europa recurran a medidas proteccionistas". En consecuencia, a partir del año actual las relaciones económicas internacionales serán más tensas, a medida que los emergentes pasen a ser potenciales desarrollados y alteren el orden actual. No es ese por cierto el rumbo que lleva la Argentina desde la crisis del milenio y tampoco es menos inquietante que su conducción insista en él con una persistente visión introvertida frente a la realidad global, pues las políticas económicas han sido zigzagueantes y contradictorias, sin prestar atención a su coparticipación planetaria. El informe del instituto internacional, como otros con parecido origen, define igualmente otra realidad, donde la economía se supedita al interés de las naciones cualesquiera que sean sus regímenes políticos. Testimonio fundamental es el de China, donde el libre mercado avanza con rapidez y ocupa un lugar en la escala absolutamente imprevisible hace una década, y el de la propia Unión Europea, donde conviven gobiernos con diferentes extracciones políticas, pero practican una economía común de firmes principios liberales. No debería sorprender, pues, que Latinoamérica figure en ese informe como la región estancada y, en ella, nuestro país, con su baja calificación, pues los requerimientos socioeconómicos se hallan repetidamente condicionados por las exigencias cíclicas de poderes absolutos que hacen de los intereses generales valores cautivos de sus urgencias políticas. Los índices de competitividad en la región dependen, mientras tanto, de la demanda internacional de insumos; pero en nuestro caso apenas ocurre así, como se advierte en la carencia de políticas agrarias expansivas y el control de las exportaciones.







